Cafetaleros apuestan por comercio justo

El salto en el consumo de café certificado beneficia a millones de personas de países emergente cultivadores en Brasil reciben al menos 1.29 dólares por libra contra la tasa actual de 1.05.
Los campesinos adheridos a comercio justo reciben 30% más po
Andrew Downie
VARGINHA, Brasil -

De entrada, Rafael de Paiva se mantenía en el escepticismo. Si quería obtener una certificación de comercio justo (CJ), para su cosecha de café, este cultivador brasileño tendría que cumplir una enorme lista de reglas sobre pesticidas, técnicas de cultivo, reciclaje y otros temas. Incluso tendría que demostrar que sus hijos asisten a la escuela.

“Pensé: ‘está difícil’”, recuerda este humilde cafetalero. Pero la prima de 20% que hace poco recibió por su primera cosecha de CJ hizo que su esfuerzo valiera la pena, comenta De Paiva. “Nos ayudó a crear una vida decente”.

Más cafetaleros podrían recibir tales ofertas y las importadoras y comercializadoras se apresuran a satisfacer las crecientes demandas de consumidores y los activistas se adhieren a estándares ambientales y sociales más estrictos.

“Vemos un gran impulso ahora con las grandes empresas e instituciones que quieren cambiar al comercio justo”, advierte Paul Rice, presidente y director general de TransFair USA, la única agencia certificadora de comercio justo en EU.

La Asociación Internacional del Comercio Justo, que congrega varias organizaciones en más de 70 países, define el comercio justo como el reflejo de “la preocupación por el bienestar social, económico y ambiental de los marginados pequeños productores” y un agente que “no maximiza sus ganancias a costa de ellos”.

Según la Organización Internacional de Etiquetado de Comercio Justo (Fairtrade Labelling Organizations International), un grupo de certificadores de comercio justo global, los consumidores gastaron en 2006 casi 2,200 MDD en productos certificados, 42% más que el año anterior. Ese aumento benefició a más de siete millones de habitantes de países en desarrollo.

Como ocurrió con la nueva conciencia de los consumidores por los productos orgánicos de hace una década, la conciencia por el comercio justo está creciendo, como ocurre con el café, el cacao y el algodón –los que tienen mayores ventas– y otra decena de productos como el té, las piñas, el vino y las flores.

Sin embargo, no hay un estándar gubernamental que regule estas certificaciones. Algunos productos de CJ también incluyen las etiquetas de orgánico, pero no es la mayoría. Una diferencia importante es el objetivo de las etiquetas: las orgánicas se refieren a cómo se cultivó el alimento, en tanto que las de comercio justo se ocupan principalmente de la condición del cultivador y sus trabajadores.

Las grandes cadenas venden los productos de CJ en diversos niveles. Todos los restaurantes McDonald’s de varios estados del noreste estadounidense venden sólo café de comercio justo. Y el año pasado, Starbucks compró 50% más de café con esta etiqueta que en 2005.

Los productos de CJ todavía representan un porcentaje minúsculo de todo el comercio mundial, pero está en crecimiento. Sólo 3.3% del café vendido en EU tenía la etiqueta de comercio justo, pero eso representó ocho veces más que lo registrado en 2001, apunta TransFair USA.

Algunos críticos de esta modalidad dicen que trabajar con miles de pequeños cultivadores provoca que la adherencia a las reglas de certificación sea muy difícil. Otros alegan que con el café de CJ se explota tanto como en el comercio convencional, específicamente en países que producen granos de la más alta calidad, como Colombia, Etiopía y Guatemala. “Los cafetaleros de esos países que tienen esta certificación reciben mejores precios que sus contrapartes en Brasil, aunque sus cosechas se convierten en marcas gourmet que se venden a un precio mucho más alto”, dice Geoff Watts, vicepresidente de Café en la importadora Intelligentsia Coffee & Tea de Chicago.

“Sin embargo, en Brasil, un país con poca producción de café de alta calidad, las alianzas entre pequeños productores y grandes empresas comercializadoras hacen una mezcla mejor”, agrega Watts.

Los cultivadores de comercio justo en Brasil reciben al menos 1.29 dólares por libra (450 gramos) de café, contra la tasa actual del mercado de casi 1.05 dólares por libra, dice Sydney Marques de Paiva, presidente de Café Bom Dia.

La mayoría de los cafetaleros están organizados en cooperativas y algunas de las primas se canalizan de vuelta a la comunidad, para financiar proyectos sociales, como escuelas o agua potable.

Como muchos de sus 3,000 cooperativistas (así como tres cuartas partes de los cafetaleros en todo el mundo), Rafael de Paiva, el cultivador de café (sin relación con Sydney Marques de Paiva) trabaja menos de 10 hectáreas de tierra. Él produce unos 200 sacos de 60 kilos para la cooperativa, 70% del cual es vendido como comercio justo a Café Bom Dia.

“La empresa compraría más si hubiera más mercado para el comercio justo”, asegura. La cosecha de café de comercio justo le dejó a este cultivador unos 139 dólares por saco, contra unos 110 de cada saco que no lleva esa certificación. Este año, el total fue de 2,116 dólares, una cantidad enorme en las montañas de Minas. “Ha sido magnífico para nosotros”, dice De Paiva, con una enorme y chimuela sonrisa. “A la gente de la cooperativa ahora le llamo mi familia”.

Los cafetaleros de Brasil esperan expandir su producción de comercio justo. “Todos intentan lo mejor para alcanzar los estándares y así podamos vender nuestro café como comercio justo”, asegura Conceição Peres da Costa, uno de los cafetaleros de la cooperativa. “Todos queremos ganar tanto como se pueda”.

The New York Times News Service

Ahora ve
No te pierdas