¿Cuáles fueron los efectos del crudo?

Mientras que Brasil y Colombia se inclinan por el Etanol, Venezuela y Ecuador van por el petról aún no hay avances en la integración regional energética y los biocombustibles están en debate.
Los petroprecios alcanzaron los 100 dólares por barril este

Los altos precios del petróleo han entregado millones de dólares a proyectos nacionalistas como el venezolano o ecuatoriano pero, por otro lado, han obligado a Centroamérica a buscar la consolidación de una gran refinería y a países como Brasil y Colombia a intensificar el desarrollo de los biocombustibles.

Hacia el sur, la necesidad de gas natural se agudiza en naciones como Brasil, Chile y Argentina que enfrentan la urgente búsqueda de alternativas energéticas.

Con el precio de petróleo que llegó a rondar los 100 dólares, Venezuela y Ecuador comparten expectativas e iniciativas respecto del recurso natural, que es su principal producto de exportación. Incluso acordaron la construcción de una refinería para procesar 300,000 barriles de crudo diarios en la costa ecuatoriana.

Observando ventajas geopolíticas y pese a su producción marginal de 530,000 barriles diarios de crudo, Ecuador concretó su retorno a la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP). En ese foro, Venezuela encontró un aliado en Ecuador que manifestó la conveniencia de que se mantengan los altos precios del crudo y que se impulse su venta en euros y no en dólares.

Siguiendo los pasos de Venezuela y Bolivia para que el estado tenga mayor control de los recursos hidrocarburíferos, Ecuador modificó el reparto de ingresos adicionales por los altos precios del petróleo que no estaban contemplados en los contratos con las compañías. El 99% para el estado y el 1% para las empresas privadas.

Pero el alto precio del petróleo no sólo genera mayores ingresos, también representa mayores costos de derivados para otros países.

Desde México hasta Colombia, 10 países le apuestan a la integración energética a través de la construcción de una refinería para Centroamérica, en cuya sede están interesados Costa Rica, Guatemala, Honduras y Panamá.

Tendría un costo mínimo de unos 6,000 millones de dólares, una capacidad de refinación de unos 360,000 barriles diarios de petróleo, 22% de los cuales provendrían de México y el resto del mercado internacional.

La refinería, según el ex secretario de la OLADE, el boliviano Alvaro Ríos, “cubriría rápidamente las necesidades centroamericanas y podría abastecer mercados como Estados Unidos o el Cono Sur”.

Aunque en el 2007 se insistió en la integración energética regional, ese tema todavía no camina a paso firme, señaló Ríos, que resaltó las “relaciones mayormente bilaterales o entre países” para abastecimiento de energía.

Citó los casos del gasoducto de Colombia y Venezuela inaugurado en octubre, la interconexión eléctrica entre Colombia y Ecuador y convenios entre Argentina y Chile para abastecimiento de gas.

Durante la inauguración del gasoducto en Colombia, el presidente Hugo Chávez llamó a promover el consumo del gas en Sudamérica para reducir el del petróleo para lo cual ha propuesto el gran Gasoducto del Sur. El proyecto, aún en discusión, costaría unos 20,000 millones de dólares y se contempla el suministro de 150 millones de metros cúbicos de gas a lo largo de 8,000 kilómetros.

El gas natural es otra fuente de energía fundamental. Bolivia, que produce 41 millones de metros cúbicos de gas, es un lugar estratégico para el abastecimiento de sus vecinos Argentina y Brasil. Su potencial ha despertado interés de inversiones en Brasil, Venezuela y Rusia.

La más importante crisis por gas natural se evidenció en mayo cuando Argentina puso restricciones a sus envíos a Chile, con gran dependencia de ese recurso, en el marco de un acuerdo firmado en 1995.

Por el inestable suministro de gas desde Argentina, Chile intenta diversificar sus proveedores y ha mencionado a Indonesia y Trinidad y Tobago, además de buscar otras fuentes de generación de energía.

José Luis Machinea, secretario de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), señaló en un foro en Chile que aunque todas las proyecciones indican que la demanda de petróleo y gas seguirá creciendo, cada vez existe mayor consenso de que el mundo está atravesando una etapa de transición hacia una “creciente participación de fuentes renovables y no convencionales”.

En Latinoamérica ese impulso a los biocombustibles, por ejemplo, marcó diferencias, especialmente con Venezuela, que se evidenciaron durante la I Cumbre Energética celebrada en abril.

El uso de etanol, un combustible fabricado a base del alcohol de la caña de azúcar o el maíz, recibió críticas por parte de Chávez y fue un punto de tensión con su colega brasileño Lula da Silva, que mantiene un acuerdo de etanol con Estados Unidos.

Chávez calificó el acuerdo como un “cartel de alcohol” denunciando que monopolizará las tierras cultivables y privará de alimentos a los pobres, una posición que comparte el líder cubano Fidel Castro.

Lula ha aclarado que su país no abandonará los biocombustibles y seguirá invirtiendo en ese sector, a pesar del hallazgo de un multimillonario yacimiento petrolífero ''ultraprofundo'' frente a la costa de Río de Janeiro, que podría contener entre 5,000 millones a 8,000 millones de barriles de crudo en reservas.

Brasil, segundo productor mundial de etanol tras Estados Unidos, promueve desde el 2006 el uso de esos combustibles alternativos, afirmando que son menos contaminantes que los derivados del crudo, pero además son más baratos y generadores de empleos en el sector agrícola.

Colombia se ha sumado con fuerza a esa iniciativa. Este año inauguró la construcción de una nueva planta de etanol que se agregará a otras que están en producción y aspira tener 27 plantas generadoras operando en el 2020.

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