Sofoles rurales, futuras cosechas de oro

La creciente demanda de etanol por EU, podría detonar el financiamiento del sector rural; las sofoles de las que dependen los pequeños productores, están supeditadas al Banco de México.
Verónica García de León
CIUDAD DE MÉXICO -

Antes del alza en el precio del maíz en enero pasado, para los productores sembrar ya no era rentable. "Había que invertir 5,000 ó 6,000 pesos, con buen temporal sacábamos cuatro toneladas por hectárea, a 1,500 cada una, quedábamos tablas. Si había algún siniestro salíamos perdiendo", explica Leobardo de 47 años y con cinco hijos.

Las tierras de Aljojuca, a fines del año pasado, se rentaban por nada, y muchas lucían abandonadas pues sus dueños las dejaron para irse a Estados Unidos en busca de trabajo. Sin embargo, el encarecimiento del grano, por la creciente demanda en EU para producir etanol, y el compromiso del gobierno mexicano de sumar un millón de hectáreas a las actuales ocho millones de maíz blanco podría detonar el financiamiento al sector rural. Eso ha hecho que los productores vuelvan a ilusionarse. Ahora, en Aljojuca nadie quiere soltar sus tierras.

Leobardo, que en condiciones normales tiene ingresos netos anuales por 30,000 pesos, dice que este año lo intentará de nuevo. Buscará un crédito a través de un intermediario financiero especializado, como una sofol o unión de crédito, que se fondean con recursos de la banca de desarrollo como Fira, e incluso a veces de bancos comerciales.

"(Ahora los proyectos agrícolas) son más atractivos y tendrán buena capacidad de pago, pues el margen por su producto será más alto que el que venían generando", dice Francisco Dovalina, director de Agronegocios del Banco del Bajío.

Pero por ser los commodities un negocio de alto riesgo, el sector tradicional aún tiene sus reservas. "Sí estamos viendo a más bancos participando en el financiamiento al sector agrícola, descontando fondos de la banca de desarrollo, (pero) una mayor demanda dependerá de que haya mayores garantías del gobierno", explica David Olivares, vicepresidente para instituciones financieras de la calificadora Moody’s.

Puerta abierta
Leobardo de Marcos es parte de 95% de los productores agrícolas de México que tienen 10 hectáreas o menos y carecen de acceso a los servicios bancarios, de acuerdo con cifras del Banco Mundial. En la cadena productiva del maíz, donde hay 1.8 millones de personas dedicadas a su cultivo, el año pasado hubo 89% menos beneficiados (unos 138,000) que hace ocho años.

La opción para Leobardo es recurrir a un intermediario financiero especializado que se fondea de bancos u organizarse. "La alternativa (de esa gente) para poder acceder al sistema financiero es agrupándose, obtener un crédito global y que su organización canalice el crédito a cada uno de sus socios", dice Dovalina, del Banco del Bajío, la entidad que prevé aumentar 30% su cartera agrícola.

Ante ese panorama, las sofoles rurales cobran relevancia y ya hacen planes. "Estamos al pendiente de cuáles van a ser las nuevas necesidades para establecer esquemas atractivos", sostiene Jaime Santos, director de Agrofinanciera del Noroeste, con sede en Sinaloa.

Hasta el año pasado, esta sofol sólo atendía a 10 productores de maíz, debido a que 85% de su cartera se enfoca en financiar la red caña de azúcar, pero en los siguientes dos ciclos productivos (hasta la primavera-verano de 2008) pretende asistir a 15,000 hectáreas de maíz de 1,500 agricultores. "En mayo saldremos con todas las baterías a promoverlo y recolectar documentos", refiere Santos. Esa meta equivaldrá a duplicar su cartera total a finales de este año a 400 MDP, según los pronósticos de la financiera.

"A mayor precio del maíz, mayor ingreso, y para nosotros, menos riesgos y más posibilidades de recuperarlo", coincide Pedro Tabares, presidente de Agrofinanzas, otra sofol que surgió en 2006 de una comercializadora de productos agrícolas con más de 60 años de vida. El año pasado financió la producción de 300,000 toneladas de granos, incluyendo trigo y sorgo. Este año, sólo de maíz financiará 120,000 toneladas lo que implicará una colocación de 150 MDP.

Existen ocho sofoles agrícolas registradas. Entre ellas, Agropecuaria Financiera, que aumentará su financiamiento al maíz en 2,000 hectáreas de Hidalgo. El año pasado, ese cultivo sólo ocupaba 15 MDP de sus activos (10% de su cartera). "Ahora estamos viendo que de los 300 MDP de nuestra cartera para este año, 30 MDP sean para maíz", revela Carlos Faci, director de la financiera.

Incluso entidades como el Banco del Bajío, uno de los mayores jugadores en el sector financiero agroalimentario, donde origina 25% de su cartera de crédito por 30,000 MDP, ven oportunidad de negocio.

Sueños acotados
Los planes de las sofoles, de las que dependen en gran medida productores pequeños como Leobardo, están supeditados al Fira, entidad dependiente del Banco de México de la cual provienen sus recursos. Según ese organismo, para 2007 cerca de 80% de los recursos crediticios y apoyos canalizados al sector agroalimentario y rural serán ‘recursos Fira’, que, hoy por hoy, es el mayor fondeador del sector rural.

En 2006 colocó 53,000 MDP a través de la banca de desarrollo, banca privada e instituciones financieras para actividades del sector rural y pesquero y la red maíz abarcó 15% de ese total aunque prevén incrementarla. De acuerdo con fuentes de la entidad, están creando nuevos instrumentos de crédito para favorecer la integración de más productores de menores ingresos a la red productiva, pero al cierre de esta edición aún no estaban definidos los montos.

"Son bancos (la banca de desarrollo) muy capitalizados pero subutilizados", afirma Olivares, de Moody’s. Eso se debe a la falta de capacidad para identificar proyectos y para hacer llegar sus productos a los usuarios finales.

Por eso, las entidades financieras no bancarias son clave como dispersoras de los recursos pues están dispuestas a asumir los riesgos que no admite la banca tradicional. El año pasado, las ocho sofoles agropecuarias y otras siete especializadas en pymes recibieron 104% más de fondeo que en 2005 (3,000 MDP).

Pero su acceso a recursos aún es insuficiente: del total de recursos crediticios de Fira en 2006 la banca comercial obtuvo 88%, el resto se repartió entre sofoles, arrendadoras, empresas de factoraje y almacenadoras.

"(Estas entidades ) no tienen capacidad de captar depósitos del público como los bancos", agrega el analista de Moody’s. A ello se agrega su limitado acceso a mercados de deuda por las bajas calificaciones del crédito que obtienen por su alto perfil de riesgo que no es otra cosa que "su capacidad para pagar compromisos".

El esquema mejoraría, dicen las sofoles, si pudieran acceder hasta 12 veces su capital social (en lugar de hasta ocho como ocurre hoy), que en el caso de la empresa que dirige es de 40 MDP. "Podríamos contratar más promotores de crédito y abrir nuestro universo de clientes", afirma Faci, de Agropecuaria Financiera.

Mientras tanto, cada sofol trabaja en su estrategia para reducir el riesgo que enfrenta según el tamaño del productor, el tipo de cultivo, el tamaño del crédito y el plazo que puede ir de 180 días a cinco años.

En el caso de Agropecuaria Financiera, que afirma tener una cartera vencida de cero, le ha funcionado tratar directamente con agrupaciones y diversificar su cartera entre productores de caña de azúcar, maíz, hortalizas y carne. "Un pequeño productor de tres a cinco hectáreas no tiene viabilidad si no se asocia y así consigue bajar sus costos", dice.

Agrofinanzas, por ejemplo, tiene claro que el mayor problema para recuperar el crédito es la falta de diseño de un proyecto viable y de la venta de sus productos. "Cuando levantan la cosecha empiezan a tocar puertas para ver quien les compra", sostiene Tabares. Por eso, además de dar asesoría para presentar el proyecto, garantiza al productor la colocación nacional de su grano en el mercado a través de su socio comercializador y con instalaciones para almacenar. Ahora destinará 50 MDP para comprar almacenes y silos.

"Viene lo mejor de la agricultura por la cotización de los commodities; pero eso no es suficiente, hacen falta más apoyos", refiere Tabares. El reto no es pequeño en un país donde millones, como el poblano Leobardo de Marcos, quieren sembrar y vender más pero no saben cómo.

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