Etanol: el nuevo maná

Países en desarrollo serán los principales beneficiarios del auge de los biocombustibles. hoy Brasil es el líder con una producción de 16,500 millones de litros de etanol.
Los precios del maíz se han triplicado desde el 2005. (Archi  (Foto: )

Los combustibles alternativos no sólo son atractivos porque pueden reducir los efectos del cambio climático. Son un excelente medio para que los países en desarrollo ingresen a un mercado muy lucrativo. Algunas naciones en vías de desarrollo entendieron esto y comenzaron a centrar su atención en las cosechas que pueden transformarse en combustibles alternativos.

Brasil es el líder en este grupo con su producción de 16,500 millones de litros de etanol, que representa 45.2% de la producción mundial de este combustible.

La caña de azúcar, la base del etanol carioca, es una fuente de empleo para cerca de un millón de brasileños y se espera que se sumen unos 204,000 trabajadores en los próximos cinco años, según el Instituto Internacional de Desarrollo y Medio Ambiente (IIDMA). La mayoría de estos trabajos cae en manos de personas con escasa capacitación y que viven en las áreas rurales.

El gobierno colombiano estima que las familias ganarán el doble del salario mínimo con la producción de etanol, mientras que en China se espera que esta industria genere unos 9.26 millones de empleos.

Malasia e Indonesia también han empezado a enfocarse en los biocombustibles a través de la producción de aceite de palmera, en tanto que Filipinas está aumentando su producción de cocos. De acuerdo con el Instituto Worldwatch, la producción de biocombustibles también está comenzando en Etiopía, Ghana, Guinea-Bissau, Kenia, Malawi, Mozambique, Nigeria, Senegal, Sudáfrica y Zimbabwe.

Estos combustibles no sólo implican beneficios para el empleo en naciones en desarrollo. "Los biocombustibles pueden ayudar a remplazar el consumo de combustibles fósiles en los países en desarrollo. Ellos pagan lo mismo que nosotros por este combustible", dice Stephan Singer, titular de políticas climáticas y energéticas del grupo ambientalista WWF.

Sin embargo, algunos analistas también señalan los efectos negativos de este auge. "El cultivo para la producción de energía podría producir o exacerbar problemas ambientales asociados con la producción agrícola. Entre ellos, por ejemplo, la expansión de la frontera del campo, especialmente el impacto sobre los bosques tropicales, las sabanas y la biodiversidad", dice el estudio del IIDMA. Entre los temas más preocupantes están la deforestación, el uso excesivo de fertilizantes y la presión para el uso de los escasos abastecimientos de agua. Desde el punto de vista social, las inquietudes se centran en el trabajo infantil y la explotación.

Pero Singer cree que es erróneo limitar la producción de cosechas energéticas a sus efectos negativos a nivel ambiental y social. "Estos temas están relacionados con todo tipo de productos agrícolas que se importan a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos)".

Una preocupación importante para la producción de biocombustibles es el impacto en el precio de los alimentos a nivel mundial, ya que el azúcar, el maíz o el aceite son la base del proceso. "Ellos compiten con los precios locales de los alimentos y hacen que éstos se eleven, lo cual impacta en los pobres de las áreas rurales", añade Singer.

No obstante, también agrega que posiblemente éste sea un impacto a corto plazo y un cambio hacia los cultivos de segunda generación, como los pastos y las cosechas leñosas, que reducirán el problema. Estos cultivos pueden desarrollarse en tierras secas y en condiciones semidesérticas y tienen un gran potencial para la producción en países en desarrollo, ya que dependen menos del agua y de los fertilizantes y ayudarán a reducir el impacto ambiental.

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