Desaceleración en EU amenaza remesas

El flujo de dólares que los emigrantes mexicanos enviaron en 2006 ascendió a 23,000 mdd; algunas poblaciones en México se mantienen de los recursos.
BOYE, México (Reuters) -

La desaceleración de la economía de Estados Unidos y una mayor vigilancia de la frontera podrían amenazar el sustento de millones de mexicanos, quienes dependen de las remesas que les mandan sus familiares en el extranjero para comer y hasta para celebrar.

El flujo de dólares que los emigrantes mexicanos envían a su país, que en 2006 alcanzó un récord de 23,000 millones de dólares, podría declinar este año por primera vez en al menos una década.

La preocupación se siente en Boye, un pueblo agrícola en el árido centro de México, donde cuatro de cada cinco hombres trabaja al norte de la frontera.

"No tienen trabajo, o no es un trabajo estable como en el pasado. Mandan dinero porque nos tienen que mandar, pero de lo que hemos escuchado, habrá menos dinero", dijo Fernando Hernández, el jefe de la delegación.

La colecta anual de dinero ganado en Estados Unidos y entregado a la alcaldía y a la iglesia podría ser menor este año, lo que haría que menos calles sean pavimentadas y que las celebraciones de su santo patrón, San Antonio de Padua, tengan que ser limitadas, comentó Hernández.

Angela Ocampo, cuyo marido trabaja legalmente buena parte del año en Florida, dijo que "mi esposo no puede mandar tanto como antes, porque hay menos trabajo".

Últimamente los empleos mejor pagados de la construcción se han vuelto más escasos, y el esposo de Ocampo está cosechando lechugas, brócoli y otros vegetales, lo que podría impedirle a Angela terminar el segundo piso de la casa de su familia.

Algunas casas en Boye recuerdan a las estadounidenses, con un jardín al frente y antenas parabólicas, gracias al dinero que viene del norte. Las remesas de dinero son actualmente la segunda fuente de ingresos de México, después del petróleo.

Señales preocupantes

Pero la economía de Estados Unidos está perdiendo impulso y las remesas crecieron a una tasa anual de 3.0% en los primeros tres meses del 2007, muy por debajo del 28% de expansión del mismo período del año pasado.

"Podríamos pasar a terreno negativo. Ciertamente es posible si la desaceleración continúa en Estados Unidos", dijo Gray Newman, economista de Morgan Stanley en Nueva York.

La primera señal de problemas surgió el año pasado con una caída en el mercado de vivienda de Estados Unidos. La mayoría de los nuevos empleos de la construcción en ese país en el 2006 fueron cubiertos por latinos nacidos en el extranjero, según un estudio del Pew Hispanic Center de Washington.

Otra preocupación a largo plazo para los mexicanos dependientes de las remesas es la mayor vigilancia a lo largo de la frontera común.

El secretario de Seguridad Interna de Estados Unidos, Michael Chertoff, dijo que el despliegue de la Guardia Nacional a lo largo de la frontera redujo en más de 40 por ciento el flujo de inmigrantes ilegales en la segunda mitad del 2006.

Estados Unidos está además construyendo 1,120 kilómetros de vallas y muros a lo largo de partes de la frontera para reducir la inmigración ilegal. Cerca de la mitad de los 11 millones de mexicanos en Estados Unidos está allí ilegalmente.

Según economistas, el impacto de un menor flujo de dinero desde Estados Unidos no se sentirá tanto en la economía mexicana a gran escala, sino que será más fuerte en pequeños pueblos como Boye.

Sin embargo, se sentirá con más fuerza en países sudamericanos y centroamericanos más pobres.

El Salvador, por ejemplo, recibe en transferencias y giros postales de trabajadores en el extranjero el equivalente a cerca de una quinta parte de su Producto Interno Bruto.

Pero aun si la economía no es golpeada tan fuertemente, muchos podrían verse afectados. Una encuesta reciente mostró que casi uno de cada dos mexicanos tiene un pariente en Estados Unidos.

Irais Hernández recibe mensualmente entre 300 y 400 dólares de su esposo, un jardinero de Nueva Jersey que ahora está trabajando entre tres y cuatro días a la semana.

"Aquí la vida es dura", dijo bajo una sombrilla para protegerse del sol. "No hay trabajo, ni en las fábricas ni en el campo", añadió.

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