Londres contra Nueva York

Ambas mueven miles de millones de dólares y se disputan el título de capital financiera del mun en una esquina está el imperio de Ofertas Públicas de Venta y en la otra la banca de inversione
Septiembre es el mejor mes para viajar a Londres. (Especial)
Peter Gumbel

Londres está poblado de grúas afanadas en renovar el distrito financiero The City, una urbanización bendecida por los 100,000 millones de dólares (mdd) de inversión extranjera que llueven anualmente sobre la capital británica.

El dinero, que viene del Medio Oriente, Rusia, India, China y Estados Unidos, irradia una sensación de confianza que lo ilumina todo.

Lo sabe bien Gordon Brown, quien a pocos días de ser elegido Primer Ministro afirmó “En Londres se mueve más del 40% del capital extranjero en el mundo; más del 30% del intercambio mundial de divisas, más que en Nueva York y Tokio juntas. Y mientras ambos centros dependen de los mercados domésticos de Norteamérica y Asia, el 80% de nuestros negocios es internacional.” Y agregó “El momento de Londres ha llegado, la historia lo recordará como el inicio de una nueva edad de oro.”

Nueva York, desde luego, no está atravesando una edad oscura; pero comienza a dudar de sí misma.

El alcalde Bloomberg y el senador Schumer encomendaron a la consultora McKinsey un reporte que reveló las debilidades de la ciudad como centro financiero, tales como excesivos procesos legales y regulaciones estrictas, y advirtió además que de no solventar estos obstáculos, la ciudad perdería su preeminencia mundial en el lapso de una década. Desde Washington (el Ministerio de Hacienda y la Comisión de Intercambio de Valores) empezaron ya a buscar soluciones.

Desde los rascacielos británicos parece evidente que, mientras Nueva York ha estado enfocado en la vacilante economía americana, Londres se ocupa de un reto mayor: el auge de la economía global. Asimismo, la ciudad del Támesis está tomando medidas regulatorias más flexibles para facilitar los negocios, sin importar nacionalidad, divisa o sistema contable. Esta apertura contrasta con los muros y las leyes que acorazan a los EU desde el 9/11.

 “Nueva York tendrá dificultades para competir con Londres” afirma John Ross, asesor financiero del alcalde londinense Ken Livingstone. Y añade en tono de broma “Algunos dicen que lo que Nueva York necesita es un cambio total en el sistema político estadounidense y un cambio radical en su sistema legal.” ¿Está justificado este triunfalismo? ¿Londres realmente está vapuleando a Nueva York? Sí y no.

Sí, cuando se piensa que Londres es el centro financiero más importante en Europa y se ha convertido en un imán para las empresas de economías emergentes que buscan reunir capital. En rubros como derivativos extrabursátiles y divisas, Londres es el líder mundial. Y está escalando puestos en cuanto a capital riesgo y fondos de protección. Sin embargo, las firmas neoyorquinas aún mantienen su liderazgo en la cantidad total de fondos que manejan.

No, si se tiene en cuenta que desde el año 2000 el número de empresas extranjeras cotizando en la Bolsa de Valores de Londres ha descendido considerablemente, algunas de esas bajas incluyen a la empresa holandesa de mensajería TNT, Nestlé y Nokia. Sus motivos: actualmente los mercados de capitales son cada vez más globales, así que las grandes compañías pueden ser selectivas con respecto a la geografía. Las transacciones pueden realizarse desde Amsterdam o Varsovia, no necesariamente desde Londres.

La razón por la cual la cantidad de OPV en Londres parece tan superior a las de Nueva York es porque la capital británica ha sido muy ágil al atraer a cientos de pequeñas firmas de todas partes del mundo a sus mercados menos prestigiosos, como el AIM. También ha sabido capturar cotizaciones de empresas en Rusia (como la petrolera Rosneft) y en otras ex-repúblicas soviéticas. Las compañías indias, por su parte, se dividen entre ambos mercados bursátiles. Mientras que las firmas chinas siguen prefiriendo la bolsa neoyorquina como escaparate internacional.

No obstante, determinar los cambios en la economía global reduciéndolos a una batalla entre Nueva York y Londres, resulta inexacto. Mucho del capital humano y económico que hoy impulsan la repentina prosperidad de Londres viene de Estados Unidos.

El año pasado, cuatro de las cinco mejores empresas negociadoras en Europa fueron bancos de inversiones estadounidenses, y la inversora KKR fue de lejos la firma de capital riesgo más activa.  Además, inversores institucionales americanos están comprando acciones de la Bolsa en Londres y en otras partes de Europa a través de arreglos privados que evitan las regulaciones de la Comisión de Intercambio de Valores, transacciones que superan con mucho el volumen de las OPV.

La verdadera cuestión no radica en una contienda entre las dos ciudades, sino en cómo posicionarán sus mercados para mantenerse en el juego siendo que alrededor del mundo aparecen legiones de incipientes centros financieros deseosos de llevarse un trozo del pastel. Lugares como Mumbai, Shanghai, Varsovia, Dubai y São Paulo emergen indiscutiblemente como futuros centros financieros.

En esta pelea entre Nueva York y Londres, las cotizaciones bursátiles han atraído la atención pues, a diferencia de los derivativos, es fácil sumar números y comprobar el menoscabo de la bolsa neoyorquina. El reporte McKinsey arrojó cifras contundentes: en el 2001, el 57% de las OPV registradas en Estados Unidos fueron valoradas en más de 1,000 mdd; en el 2006 sólo alcanzaron esa cantidad el 16%.

Los empresarios que se inclinan por una de las bolsas esgrimen sus razones. Suntech Power, compañía china de energía solar, decidió salir a la bolsa en el 2005, su presidente Shi Zhengrong eligió a Nueva York sin dudarlo, pues espera que los Estados Unidos se conviertan en un importante mercado para sus productos. Cumplir con las regulaciones cuesta mucho dinero, pero le da prestigio a la empresa, “es bueno para las empresas que tengan estrictos controles internos” afirma.  Por el contrario, para Eros International, una distribuidora de cine hecho en Bollywood, cotizar en Nueva York jamás fue una opción. “La opinión general es que cotizar en EU es mucho más engorroso que cotizar en Londres”, declara el gerente Kishore Lulla.

El AIM es uno de los mercados financieros británicos más importantes, el lugar ideal para pequeñas o medianas empresas que tienen dificultades para cotizar en bolsas importantes debido a sus restrictivos criterios de capitalización. En AIM, salir a la bolsa es un proceso sencillo, sin  prospectos, sin un mínimo de acciones ofertadas y sin necesidad de un historial financiero. Lo que lo convierte en un mercado accesible, con medidas regulatorias flexibles y sin tantos procesos burocráticos.

Pero Londres no siempre brilló como centro financiero. En los 90’s estuvo a punto de perder su preeminencia en Europa tras los escándalos que involucraron el colapso de los bancos BCCY y Barings Bank. Frankfurt, el centro mercantil alemán que aloja al Banco Central Europeo, amenazaba con quitarle su puesto. Sin embargo la bolsa londinense se repuso y su suerte mejoró gracias a que enfocó sus esfuerzos en los negocios internacionales más que en los domésticos, según afirma Howard Davies, decano de la London School of Economics.

 “La idea de fondo es que el comercio internacional es una parte importante de la economía nacional, así que más nos vale que nuestro régimen financiero sea propicio para él” afirma. Esa actitud aún no se percibe en Nueva York o Washington, pero las cosas están cambiando, “los dos mercados coexistirán durante algún tiempo” agrega Davies. 

Tal coexistencia parece posible, y aunque no existen garantías de que el actual triunfalismo de Londres dure para siempre,  “La City” está segura de una cosa: ha descubierto la fórmula para los mercados de capitales cada vez más globales. Se ha abierto al mundo, y el mundo ha acudido a ella en tropel. La pregunta que queda en el aire es: ¿Cuánto tardarán Nueva York y otras ciudades en hacer lo mismo?

(El artículo contó con la colaboración de Jenny Mero.)

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