El sector cañero espera con ansia el TLC

En 2008, México accederá al mercado de azúcar de EU, con un déficit de 3,000 millones de tonela a partir de la apertura, el país podrá exportar a nuestros vecinos unas 650,000 toneladas anual
El sector mexicano tendrá su agosto en EU. (Alfredo Pelcastr
Roberto Morales

Le llevó cinco años de su vida. Desde 2001, cuando el gobierno federal le expropió cuatro ingenios, la vida de Teresa Machado, la única mujer en México dueña de ingenios, comenzó a transitar entre juzgados y despachos jurídicos, hasta que los recuperó en julio pasado. Ahora tiene una fe inquebrantable.

Luego de perder un lustro durante el cual sus ingenios estuvieron administrados por el Estado, ahora simplemente se prepara lo mejor que puede para obtener ganancias a partir de 2008, cuando se dé la apertura comercial del sector azucarero en el marco del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Su esperanza tiene lógica: México será, desde enero próximo, el primer país que tenga acceso irrestricto al mercado estadounidense de azúcar, que tiene un déficit de más de 3,000 millones de toneladas. Además, el gran impulso de ese país a la fabricación de etanol está poniendo celosos a los productores de caña de azúcar, que también quieren subsidios del gobierno, como ocurre con los maiceros.

“Veo la luz al final del túnel”, dice Machado, propietaria de cuatro de los 57 ingenios que operan en México, los cuales preside desde 1994, tras la muerte de su padre. En ese lapso, ha pasado por momentos agobiantes. Primero, la apertura comercial no se respetó como originalmente fue pactada (aunque Estados Unidos debió aceptar los excedentes mexicanos que existieron desde el primer año del TLCAN, no lo hizo), y después, la anterior administración federal expropió 27 ingenios (casi la mitad de los existentes) y cuatro de los suyos cayeron en la redada (uno de los cuales finalmente nunca recuperó).

La inminente apertura dará a Teresa Machado un respiro, pero nada garantiza tranquilidad por mucho tiempo. Los negociadores del TLCAN previeron que, una vez eliminados los aranceles, las exportaciones de fructosa al país del norte desplazarían cierta cantidad de azúcar dentro del mercado mexicano, generando excedentes, los cuales podrían venderse en la Unión Americana.

Para que nada afectara el equilibrio, los tres socios comerciales acordaron establecer una especie de unión aduanera, aplicando a terceros países un mismo arancel a las importaciones de azúcar, que sería tan elevado hasta el punto de convertirse en una barrera (hoy es de 0.338 dólares por kilo).

La supuesta complementariedad, que comenzará a funcionar plenamente desde 2008, es motivo de regocijo no sólo para Machado, sino para todo el gremio. A partir del próximo año, México podrá exportar 650,000 toneladas anuales (es decir, para la zafra 2008/09) y llegar hasta las 804,000 para 2012, según lo previsto en el Programa Nacional Azucarero. Eso representa muy buenos augurios desde el sector: un crecimiento anual de 15.2%, en promedio, respecto del ciclo 2005/06.

Dicho plan establece que la producción de México crecerá a un ritmo de 3.3% anualmente. Pero eso sólo será posible si el sector agiliza una serie de pendientes: convertir 76,000 hectáreas de temporal a riego; investigar el genoma funcional de la caña para el desarrollo de variedades con mayor capacidad para producir combustible energético (lo cual hace el Instituto Politécnico Nacional), y la revisión del Contrato Ley de toda la industria.

Temor histórico

La fructosa ha provocado urticaria a los azucareros, porque es hasta 25% más barata y endulza 1.3 veces más que el azúcar. Además, desde un inicio no hubo acuerdo con EU para una apertura gradual del sector, de tal manera que los excedentes de azúcar que supuestamente se colocarían en ese país nunca salieron de México.

En el marco del TLCAN, la cuota para exportar azúcar a EU debía ser de hasta 150,000 toneladas a partir de la zafra 2000/2001, y aumentar esa cantidad 10% cada año hasta 2007. Además, si México lograba ser un productor superavitario en dos años consecutivos, podría exportar todos sus excedentes de azúcar.

Pero a fines de 1993, el gobierno estadounidense manifestó su preocupación de que México llegara a tener excedentes como resultado de un desplazamiento previsto del azúcar mexicano por la fructosa de EU y no por aumentar su producción. Esto generó el primer conflicto vinculado con el acuerdo comercial.

Para el año 2000, las 550,000 toneladas excedentes de azúcar (11.7% de la producción total) se quedaron en México, y la respuesta del gobierno de Vicente Fox fue  imponer barreras a las importaciones de fructosa.

Sin embargo, las circunstancias han cambiado, y mucho. A raíz de la escasez de petróleo, la fructosa parece que no resultará tan amenazante para el azúcar mexicana como se creía, y hasta ha resurgido el interés de foráneos por invertir en el sector.

Estados Unidos está promoviendo el etanol como combustible alternativo, producto cuyo insumo principal (igual que la fructosa) es el maíz. Eso ha detenido el ritmo de crecimiento de la producción de fructosa en la Unión Americana.

“La competencia de la fructosa estadounidense contra el azúcar mexicana ha tocado fondo”, considera Juan Díaz, director general de Industrias Básicas de la Secretaría de Economía. Para la zafra 2006/07, la producción de etanol habrá consumido 20.6% del total de maíz utilizado en el país vecino, más del doble del 8.9% usado durante el ciclo 2001/02, apuntan cifras del Departamento de Agricultura de EU.

Asimismo, en México se ha desalentado la producción de fructosa, por estar en el mismo circuito de comercialización que el azúcar, dentro de la zona del TLCAN. El maíz se ha encarecido y ahora conviene más venderlo a los productores de etanol del otro lado de la frontera, debido al subsidio estadounidense.

El año pasado repuntó el consumo de fructosa en el país, hasta llegar a 600,000 toneladas, nivel similar al registrado antes de 2002, justo antes de que el Congreso aplicara el impuesto especial sobre producción y servicios (IEPS) de 20% a los refrescos elaborados con ese edulcorante y otros distintos al azúcar de caña.

México finalmente eliminó ese impuesto en enero pasado obligado por un fallo de la Organización Mundial de Comercio (OMC), debido a que el gravamen favorecía ilegalmente al sector azucarero en detrimento de la fructosa, industria en la que hay inversiones estadounidenses.

Ahora, el Departamento de Agricultura de EU espera que las dos únicas plantas de fructosa en México produzcan 400,000 toneladas para este año (nivel similar al de 2002, antes de aplicarse el IEPS) y que se importen 300,000 adicionales.

Ambas pertenecen a firmas estadounidenses: CP Ingredientes es propiedad de Corn Products International Inc, y Almex, un joint venture de Archer Daniels Midland Company –socio minoritario de Grupo Maseca– y Tate & Lyle Ingredients Americas.

Según la Cámara Nacional de las Industrias Azucarera y Alcoholera (CNIAA), además de Cargill (la mayor comercializadora mundial de bienes agroalimentarios), podrían estar interesadas en adquirir algunos de los 12 ingenios que aún conserva el Estado y que podrían licitarse este año. Aunque Laura Tamayo, directora de Asuntos Corporativos de Cargill de México, asegura que eso no está en sus planes de los próximos dos años, la empresa adquiere prácticamente toda la producción del Grupo Zucarmex, unas 450,000 toneladas anuales, que representan casi la quinta parte de las compras mundiales de Cargill. “En México, nuestro objetivo primordial para los siguientes años es consolidar nuestra relación con nuestro socio Zucarmex”.

De cualquier manera, la apertura obligará a los ingenios nacionales a ser más eficientes, lo cual fomentará más alianzas, fusiones y adquisiciones.

Desafíos pendientes

La llegada de grandes jugadores se ha retrasado, en gran medida, por dos pendientes: la devolución del Estado de 12 de los 57 ingenios que operan en México y la incertidumbre sobre el futuro de las pensiones laborales.

Casos similares al de Teresa Machado sucedieron a Grupo Azucarero México (al que le devolvieron cinco de seis ingenios) y a Grupo Santos; a ambos el gobierno les expropió activos con el argumento de sanear las empresas. Santos actualmente tiene sus seis ingenios de regreso, porque un juez determinó que no quedó demostrada la causa de utilidad pública, pero con las arcas vacías. “(Mientras el gobierno estuvo a cargo) se hicieron compras a proveedores con precios por arriba del mercado; hubo salidas de dinero que causaron desfalco que en su momento vamos a denunciar”, advierte Alberto Santos Boesch, director general del grupo.

De cualquier forma, ellos ya tiene sus fábricas de regreso pero el alto costo de la plantilla es otro pendiente. Las jubilaciones son equivalentes a 110% del último salario y laboran 40 horas semanales.

Esto, entre otros factores, hace que el precio de la caña alcance los 37 dólares por tonelada en México, contra los 30 dólares en EU. “Tenemos que alinear los costos”, advierte René Martínez, director general de la CNIAA.

La gran pregunta es cómo. “Bien manejada, la apertura comercial puede beneficiar a los ingenios mexicanos, pero quién sabe cómo les vaya a ir”, opina Luis Bravo, especialista de la Consultoría Económica y Financiera.

Ya lo advierten entidades como el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO). En abril pasado destacó en un estudio que los riesgos del sector incluyen una mayor apertura de EU a las importaciones de Brasil o de otros productores eficientes, así como los avances en la destilación de etanol derivado de otras masas vegetales de bajo costo.

La coyuntura les dará un margen de tiempo para hacer algo de lo que no se hizo cuando el mercado aún estaba protegido. Pero EU podría otorgar beneficios arancelarios a otros países más competitivos, como Brasil e India, o ampliar sus concesiones a los países de Centroamérica (véase recuadro). Aun con esta competencia enfrente, los cañeros mexicanos parecen tocados con una varita mágica.

La cada vez más ferviente alarma sobre el calentamiento global está requiriendo de crecientes cantidades de caña para producir etanol. Brasil, el mayor productor mundial de azúcar y etanol, es el mejor ejemplo pues ya utiliza 25% de etanol en toda la gasolina que consume.

Por su parte, los industriales del azúcar en EU pidieron a su gobierno que incluya en la Farm Bill (la ley agrícola) 2007-2012 un programa de subsidios para los biocombustibles a base de caña de azúcar, debido que hasta ahora los apoyos están dirigidos sólo a la producción a base de maíz.

Con esa misma meta, México firmó un acuerdo a principios de agosto que le permitirá acceder a la tecnología brasileña en la producción de etanol, aunque no se dieron a conocer los detalles. Eso abrirá nuevos mercados de exportación para Brasil y una oportunidad de desarrollo para el sector cañero mexicano.

Como sus colegas, Machado, dueña del grupo que hace 50 años fundó su padre, ahora sí tendrá algo que festejar, pero sabiendo que el reloj mexicano corre con desventajas. “Hay cada vez más orden, pero requerimos imaginarnos cómo será la industria en los próximos 20 años, y tomar acciones conjuntas”.

Las condiciones externas no podrían ser mejores. Ahora falta la tarea dentro de casa. A fin de cuentas, ella también deberá competir por la atención estadounidense con los azucareros brasileños, indios y chinos.

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