El freno económico en 2008

El año inicia con mayor incertidumbre ante el débil crecimiento del motor mundial de las finanz México podría sortear el bajón en las finanzas de Estados Unidos, pero no la recesión.
La crisis de pagos en el sector de hipotecas de EU mermó la
Ulises Hernández

Comienza un nuevo año y, como es costumbre, surgen las mismas preguntas entre quienes se desenvuelven en el ámbito de negocios: ¿cómo le irá a la compañía este año?, ¿se logrará la meta de ingresos?, ¿qué rumbo tomará la economía del país?

Pero esta vez, la incertidumbre es mayor: 2008 inicia en un contexto adverso, con el ritmo de crecimiento de Estados Unidos –el motor de la economía mundial– debilitado. La desaceleración de este país ha afectado ya a las exportaciones mexicanas y la planta productiva nacional cruza los dedos para que el país vecino no caiga en una recesión.

Pese a todo, algunos economistas piensan que, por primera vez en 15 años, México podría sortear el impacto por la pérdida del impulso de la actividad económica estadounidense, gracias a una serie de medidas adoptadas por el gobierno de Felipe Calderón, encaminadas a fortalecer el mercado interno.

“La economía mexicana se encuentra ahora en una situación de mayor fortaleza, lo que le permite reducir el impacto negativo del shock del exterior”, confía Alfredo Coutiño, economista en jefe de Moody’s economy.com.

¿Qué tan profundo será el impacto de la desaceleración de Estados Unidos en México? ¿Será arrastrado el país nuevamente si la economía estadounidense entra en una recesión? ¿Qué tanto pesa la crisis hipotecaria de EU en el panorama económico? ¿Seguirá la tendencia alcista de los precios del petróleo?

Como suele suceder en economía, no hay respuestas claras ni certeras, no existe una bola de cristal que revele el futuro, sólo escenarios probables y riesgos. Éste es un repaso de Expansión a la situación económica actual y a los escenarios que podrían presentarse este año.

El coletazo del subprime

La suerte de la economía mexicana siempre ha estado ligada a la de Estados Unidos, nuestro vecino geográfico y principal socio comercial.

La correlación entre ambas economías aumentó desde 1994, cuando entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), por lo que hoy más que nunca tiene vigencia el viejo refrán: “Cuando Estados Unidos pesca un resfriado a México le da pulmonía”.  

En la segunda mitad de 2007, la economía estadounidense frenó su ritmo de crecimiento luego de que se suscitó la crisis de pagos en el sector de hipotecas de riesgo, conocido como subprime. Esta situación dislocó el mercado de la vivienda: detuvo la construcción y venta de casas, generó acumulación de inventarios y provocó una caída en los precios en ese país.

La pérdida de valor de los bienes residenciales mermó la confianza de los hogares y empresas estadounidenses. Las familias frenaron la compra de bienes de consumo y las compañías empezaron a replantear sus planes de inversión. La pérdida de confianza se reflejó en un ligero repunte de la tasa de desempleo, que en julio llegó a 4.6%.

Paralelamente, bancos y casas de bolsa estadounidenses, como Citigroup y Merrill Lynch, empezaron a reportar pérdidas multimillonarias relacionadas con inversiones en valores respaldados por hipotecas subprime. Esta situación generó una gran aversión al riesgo en los mercados financieros internacionales; como consecuencia, se produjo una contracción crediticia, que amenaza con profundizar la desaceleración y convertirla en una recesión.

En respuesta, en el segundo semestre de 2007, la Reserva Federal (Fed) redujo en tres ocasiones la tasa de interés de referencia hasta ubicarla en 4.25% con el objetivo de estimular la actividad económica. A su vez, el Departamento del Tesoro y un grupo de instituciones financieras anunciaron un plan de apoyo a los deudores hipotecarios.

“Los acontecimientos recientes, incluyendo el deterioro de las condiciones de los mercados financieros, han aumentado la incertidumbre que rodea al panorama del crecimiento económico y la inflación”, dijo la Fed el 11 de diciembre.

Algunos economistas pronosticaron que el Producto Interno Bruto (PIB) estadounidense creció menos de 1% en el cuarto trimestre de 2007.

En este contexto, México resintió ya los efectos de la desaceleración del país vecino. La industria automotriz, pilar de la economía nacional y sector que destina 80% de sus exportaciones al mercado estadounidense, empezó a registrar una caída en sus ventas externas en el último trimestre del año, tradicionalmente uno de los mejores para la industria.

César A. Flores, presidente ejecutivo de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA), señala que desde octubre pasado los modelos de fabricación nacional de mayor venta en Estados Unidos empezaron a padecer las consecuencias de la desaceleración.

“Estamos esperando el comportamiento de las exportaciones en diciembre para hacer un pronóstico para 2008”, comenta Flores. En el acumulado de enero a noviembre, la venta de autos mexicanos a Estados Unidos bajó 3.3 %, según la AMIA.

Otro indicio de que la economía mexicana está resintiendo los efectos de la desaceleración son los flujos por remesas, que a finales de 2007 registraron un estancamiento. En octubre pasado, los ingresos por remesas tuvieron un crecimiento casi nulo, de 0.2%, con respecto al mismo mes de 2006, reportan cifras del Banco de México (Banxico).

Desde el verano, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) señaló que en el periodo mayo-junio un menor número de inmigrantes mexicanos envió remesas al país desde EU, debido a los problemas de la industria de la construcción. Los ingresos por concepto de remesas son un factor determinante en el dinamismo del consumo nacional. 

Nuevo motor a prueba

Contrario a lo ocurrido en otros años, varios economistas se muestran optimistas e indican que, por primera vez en 15 años, el gobierno mexicano ha fortalecido la macroeconomía y ha adoptado medidas para estimular el mercado interno. Esto le permitiría mitigar el impacto de choques externos, como la desaceleración que vive EU, la cual podría extenderse hasta el primer semestre de 2008.

“Los fundamentales económicos de México son mucho más fuertes y sólidos que hace cinco o 10 años: la deuda externa no es un problema pues está totalmente cubierta por reservas internacionales, el déficit de cuenta corriente es manejable y financiado por la inversión extranjera directa, y las fuentes internas de crecimiento han mejorado”, apunta Luis Flores, subdirector de análisis económico de Ixe.

Además, el país tiene a su favor una política monetaria con tasas de interés relativamente bajas, una mayor disponibilidad del crédito a consumidores y empresas, y un estímulo fiscal producto de los ingresos extraordinarios de las exportaciones de petróleo.

A todo esto, hay que añadir los planes del presidente Felipe Calderón de dedicar una importante proporción del gasto público a la inversión en infraestructura durante el sexenio.

El gobierno pretende invertir en el periodo 2007-20012 más de 250,000 millones de pesos de recursos públicos en el sector y allanar el camino a inversiones privadas por 469,000 millones de pesos.

“El avión mexicano ha cambiado de motor, ha encendido el motor interno desde el año pasado, como una necesidad ante la previsión de que el motor externo empezará a perder energía”, dice Coutiño, de Moody’s economy.com.

Además, el gobierno federal se ha propuesto rebasar la meta de construcción de viviendas de su antecesor, Vicente Fox. Todo esto estimularía el consumo y la inversión.

Coutiño señala que, a diferencia de la administración de Fox, el gobierno de Calderón piensa que México sí puede crecer ‘a contrapelo’ del ciclo económico de Estados Unidos.

Si bien la industria automotriz y el sector maquilador están siendo afectados por el freno económico en EU, los expertos subrayan que otros sectores orientados al mercado interno enfrentan mejores perspectivas. Es el caso de la producción de alimentos y bebidas, la industria maderera y de muebles, el sector textil y de confección, los minerales no metálicos y la fabricación de maquinaria y equipo. Flores, de Ixe, estima que el PIB crecerá 3.5% en 2008, mientras que Coutiño, de Moody’s, vaticina un crecimiento de 3.9%.

El fantasma de la recesión

Pero no todos los expertos son igual de optimistas. Si bien existe cierto consenso respecto del fortalecimiento de la economía mexicana, hay quienes opinan que aún es pronto para desligarla de la suerte que corre Estados Unidos.

“No olvidemos que el mercado interno aún no es tan grande como para creer que la desaceleración de Estados Unidos será compensada”, dice Juan Pedro Treviño, director de Estudios Macroeconómicos de HSBC México.

En todo caso, el riesgo mayor es la eventualidad de una recesión en EU, cuyos efectos se sentirían, con distinta intensidad, en todo el planeta. Y México no sería inmune a ello.

“Una recesión en EU no sólo golpearía a las exportaciones, sino a las remesas y a los flujos de inversión directa a Latinoamérica. México sería el primero en la línea de fuego”, sostiene un análisis reciente de The Economist Intelligence Unit. 

El riesgo de recesión no sólo está en que se agudice la crisis financiera en EU. Si los precios de los energéticos y las materias primas siguen al alza, las presiones inflacionarias pueden trastocar la economía estadounidense.

Analistas del mercado estiman que, en 2008, los precios internacionales del petróleo oscilarán entre 80 y 100 dólares, debido a la dificultad de explotación de nuevos yacimientos y el juego político de los países productores, entre otras causas. 

“Hay diversos factores de inestabilidad que presionarán los precios del crudo a la alza”, afirma George Baker, director de la consultora Energía.com, con sede en Houston.

Nadie sabe qué nos depara 2008. Lo único seguro es la incertidumbre.

* Con información de Fernando Briseño

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