Asia, ¿la siguiente guerra energética?

Los poderes mundiales se interesan por la región central de Asia, fuente de gas y petróleo; la zona se militariza a medida que aumentan los contratos energéticos.
Financieros y no financieros, son las dos ramas en las que s
Steve Hargreaves
NUEVA YORK -

La escena internacional reúne todas las características de un thriller geopolítico: los países poderosos llevan sus ejércitos a lugares remotos, políticamente frágiles  y rebosantes de recursos energéticos, salvo que esta vez no se trata de una ficción.

Este juego de poderes acontece en Asia Central, región donde Europa busca satisfacer sus necesidades energéticas y fuente para las crecientes economías de China y la India, sedientas de petróleo. Mientras tanto, Estados Unidos (EU) compite con Rusia por el control de las reservas asiáticas de gas, abundantes, pero no suficientes para todos.

Así, todos estos países rivalizan por el derecho de construir enormes ductos y sacar gas y petróleo de las remotas naciones de Asia Central. La última jugada en esta lucha de poderes se dio a principios de año, cuando Rusia aseguró un contrato a largo plazo para comprar enormes cantidades de gas natural a Tayikistán, país que tiene una de las mayores reservas en el mundo. Las otras naciones no desisten y continúan sus planes para construir más ductos e instalar bases militares en la región.

La sed energética

La cantidad de gas natural que está en juego es enorme. Si se incluyen las reservas de Rusia e Irán, la región posee por sí sola la mitad de las reservas mundiales, según afirma Melanie Kenderdine, directora asociada de la Iniciativa Energética del Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT).

El recurso está yéndose a regiones hambrientas de gas, Europa y Asia sólo poseen el 11% de las reservas mundiales, explica Kenderdine. Así, para los europeos, el gas es esencial si el continente desea cumplir con el tratado de Kyoto y reducir los gases de efecto invernadero.

Lo que Europa quiere es no depender tanto de Rusia, que actualmente controla el único gaseoducto que sale de Asia Central (y se sabe que Rusia corta el abastecimiento cuando atraviesa luchas políticas). Para evitar la dependencia, Europa desea un ducto que salga de la región a través del oeste -bajo el mar Caspio, cruce Turquía y atraviese el Mar Negro-. A EU le gusta este plan, sobre todo porque reduce la influencia rusa sobre sus aliados europeos.

Rusia, por su parte, necesita el gas de Asia Central para cumplir con los contratos que tiene con Europa sin tener que recurrir a sus propias reservas, algo que costaría mucho dinero (pues se encuentran sobre todo en la indómita zona ártica). Si Rusia controlara el único ducto de la región, todos tendrían que utilizarlo. “Su objetivo es comprar barato el gas de otros, revenderlo y ganar dinero” explica Amy Myers Jaffe, profesora de estudios energéticos en la Rice University.

China y la India, los nuevos competidores en la lucha energética, están ansiosos por inyectarle combustible a sus economías en desarrollo; aunque no dependen tanto de los recursos de Asia Central, la oportunidad ofrece un medio para conseguir un gas menos contaminante y ejercitar su nuevo poder geopolítico.

China desea un ducto que salga de la zona este de la región y atraviese Kazajstán, mientras que India está considerando traer gas a través de ductos que crucen Irán y Pakistán.

Zona peligrosa

El asunto también le concierne a EU: Si consideramos a Irak y Turquía, el país norteamericano tiene al menos 11 bases militares en la región, su presencia es superior a la de cualquier otro país. También tiene una base en Asia Central, en Kirguizistán, mientras que la OTAN mantiene al menos otras tres bases en la zona.

Aunque hay opiniones encontradas, los analistas dicen que estas bases están allí para apoyar las guerras en Irak y Afganistán, y la protección de los ductos es sólo una tarea secundaria. Pero ese argumento no convence al resto de los países. Rusia, que mantiene una presencia en la zona desde hace tiempo, intenta instalar una base en Tayikistán; y China considera ubicar una en Uzbekistán, e incluso se rumora que desea instalar otra en Irán, comenta Kenderdine.

A pesar de que muchos especialistas no creen que la lucha por estos recursos detone una guerra, la tensión se respira. Según Kenderdine “Es algo peligroso. La posibilidad de un accidente en esas bases militares tan cercanas podría ser problemática.”

Además, los ejércitos nacionales no son la única presencia militar, la empresa rusa Gazprom, que detenta el monopolio del gas, ha obtenido el permiso para tener su propio ejército privado, algo que preocupa a sus competidores.

Los países también recurren al llamado “soft-power” o “poder por influencia” para conseguir los contratos de gas natural. Los rusos, por ejemplo, planean modernizar la red de suministro eléctrico de Kazajstán, y los indios aprovechan la popularidad de sus películas hechas en Bollywood y se presentan como el sitial del budismo para ganarse el favor de la sociedad; EU no escatima en la construcción de caminos, escuelas y otras infraestructuras en Afganistán.

Por el momento, la histórica influencia de Rusia en la región le ha dado ventaja para cerrar el reciente trato con Turkmenistán.

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