Capitalismo chino, bajo la lupa

China generó firmas exitosas sin una democracia institucional, pero tiene otros desafíos; hay una brecha entre salarios rurales y urbanos, trayendo diferencias sociales entre las provin
China tiene un mercado accionario que mueve 3.3 billones de  (Foto: )
Andy Mukherjee

A lo largo de la historia, los países han necesitado asegurar los derechos de propiedad privada e imponer límites al poder del Estado para que los empresarios asuman riesgos, los bancos presten dinero y las economías crezcan.

No en la China comunista. El éxito de la economía china parece sugerir a los analistas que las instituciones quizá no sean tan importantes como se ha dicho. No se trata de un debate académico estéril. Lo que hizo exitosa a China tiene serias implicaciones para el mundo en vías de desarrollo.

China generó prosperidad material y empresas exitosas, como Lenovo Group, sin una democracia constitucional. Si el milagro económico más fascinante de nuestro tiempo logra prosperar en un vacío institucional, sin duda, otros pueden.

Yasheng Huang, economista de MIT, argumenta en su libro Capitalismo con características chinas, que ese modelo tiene fallas sistémicas e importan tanto en China como en otras partes, sólo que su efecto no se siente tanto.

El problema está en medir los cambios en el ambiente de políticas que enfrentan los empresarios. Según la base de datos Polity IV, las ‘tendencias autoritarias’ en China se acercaron al totalitarismo en 1966, con la Revolución Cultural de Mao, seguidas por una sociedad más libre en los 70.

“Si los campesinos chinos hubieran juzgado la certidumbre de sus derechos de propiedad basados en Polity IV, ninguno sería empresario”, dice Huang. Millones lo hicieron.

Huang revisó los datos del Ministerio de Agricultura de China para demostrar que en 1985, de los 12 millones de negocios clasificados como ‘empresas municipales y rurales’ más de 10 millones eran privadas. La opinión de que estas empresas eran controladas por gobiernos locales es un mito.

Por tanto, ¿qué cambió entre el gobierno y la gente para que se produjera el ‘capitalismo rural’? Años después de la Revolución Cultural de Mao, la posesión privada de un libro motivaba que una persona fuera arrestada.

“Ni entonces ni ahora China da certidumbre en derechos de propiedad. Pero a principios de los 80, China avanzó rápido en establecer seguridad del propietario. Y tampoco debemos subestimar el incentivo de no ser arrestado”, advierte Huang.

Deng Xiaoping, que dirigió China tras la muerte de Mao, en 1976, convenció a los campesinos de que sus cambios eran reales, y de que su vida no sería tan dura. “Mao lo ‘purgó’ tres veces y la Guardia Roja tulló a uno de sus hijos. Ningún otro líder consiguió tanta credibilidad”, escribe Huang.

Pero la hipótesis de este economista ayudaría a entender la China contemporánea más que miles de análisis sobre su PIB.

Una conclusión de Huang es que 25% de los beneficios de las empresas en China provinieron en 2005 del sector privado. Entonces, ¿qué le ocurrió al legado de Deng Xiaoping?

Tras las protestas de 1989, en Tiananmen, el apoyo político a un espíritu empresarial genuino desapareció en China.

Los dirigentes Jiang Zemin y Zhu Rongji preferían un crecimiento impulsado por el capital internacional y desde los centros urbanos. Para los empresarios chinos que estaban lejos de las metrópolis, el acceso al financiamiento se redujo justo cuando prometía volverse más liberal.

El presidente Hu Jintao y el primer ministro Wen Jiabao son conscientes del reto: la brecha entre salarios rurales y urbanos sube, la cuota de mano de obra en el ingreso nacional baja y la desigualdad entre las provincias costeras ricas y las regiones pobres sin acceso al mar crece.

Los cambios institucionales que hoy se requieren deben ser mucho más importantes. Lenovo no consiguió licencia para hacer computadoras en China hasta que se basó en Hong Kong como “inversión extranjera”, dice Huang. Ahí, la firma conocida como Legend Holdings reunió 29 MDD en 1994.

Incluso, ahora que China tiene un mercado accionario que mueve 3.3 billones de dólares, las empresas chinas se ven obligadas a buscar capital en Hong Kong y Singapur. El verdadero milagro capitalista en China aún está por suceder.

El autor es columnista de Bloomberg.

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