¿Crisis económica con final feliz?

Esperar tiempos mejores no es soñar despierto, si se conocen los ciclos económicos; en algún momento tendrá que terminar la carnicería y los mercados saldrán del lío en que están.
El desastre natural los impulsó para volverse un desarrollo
Andy Serwer
NUEVA YORK -

Tengo una teoría sobre la crisis financiera, posiblemente despierte escepticismo, pues es optimista, y por definición cualquier suposición económica que tenga un final feliz levanta sospechas.

Tras esa advertencia, la expongo: Recuerdo que un experto me recalcó, hace ya varios años, el hecho de que la Bolsa había subido mucho durante la década de 1990, y que era imposible que las acciones siguieran subiendo a ese ritmo. Según las estadísticas históricas, la ganancia promedio anual del mercado bursátil es del 8%, pero en el periodo de 1990 al 2000 esta cifra escaló al 15% anual.

Y sólo hay una forma de que vuelva a nivelarse al promedio, según me explicó el experto: que durante algún tiempo las ganancias del  mercado se ubiquen por debajo de la media. Es decir,  hablamos de ganancias de un dígito o menos por varios años.

¿Pero cómo? pregunté, pues en ese tiempo el panorama era muy positivo, los precios de las acciones tecnológicas habían bajado, pero aparte de eso no entendía qué podía hacer que el mercado cayera. El sabio experto me respondió: el descenso ocurrirá seguramente.

Y en efecto, sucedió. Primero las acciones tecnológicas se desplomaron, luego pasó el horror de los ataques el 11/S. ¿Quién pudo prever el caso Enron, la quiebra de Worldcom y la ola de escándalos corporativos que siguieron? ¿Y quién se imaginó los destrozos que provocaría el huracán Katrina? ¿Alguien previó la actual crisis financiera? Nadie, en esa década dorada nuestra única preocupación era el error informático Y2K.

Hacia el final de 1999 el índice Dow se situaba en los 11,400 puntos; hoy ronda los 8,000, lo que significa que ha caído un 26%, un descenso de casi 3% al año. Faltando sólo un año para que termine la década, es casi seguro que los primeros 10 años de este siglo sean un gran desastre para los inversionistas. Una década perdida.

Tecnología verde ¿la salvación?
¿Qué es lo que nos depara? No lo sé bien, pero podemos asumir un par de cosas. Primero, en algún momento la carnicería acabará. El gobierno estadounidense y los mercados se las ingeniarán para salir de este lío. Regresarán la estabilidad y la confianza, y la economía se recuperará.

Segundo, los precios de las acciones también volverán al nivel promedio. Para nivelarse, las acciones tendrán que superar -hasta cierto punto- el promedio, es decir, subirán a un ritmo mayor al del 8%. Sé que faltan muchos años para que eso suceda, pero es lo que dicta la lógica, las matemáticas.

Para que el mercado consiga un progreso sostenible por encima de la media, creo que deberá ocurrir algo inesperado. En la década de 1990, por ejemplo, las acciones subieron debido a una inesperada revolución tecnológica (la Internet y el networking). En esta década ocurrieron un montón de eventos no previstos (empezando por los ataques terroristas y terminando con la actual crisis). Por ello, en los próximos años seguramente ocurrirá algo positivo e insospechado.

¿Qué podrá ser? Nadie sabe, pero podemos hacer cábalas. Por ejemplo, el descubrimiento de una fuente (o fuentes) de energía sostenible. Imaginen el increíble estímulo que eso traería para nuestra economía y nuestros mercados, imaginen los beneficios geopolíticos. Imaginen el ánimo que infundiría a nuestra psique nacional.

Ya sé que muchos creerán que esto es puro deseo bienintencionado, y lo es. Al presente estamos atravesando el peor momento en décadas, tendremos que sacrificarnos de muchas formas. Incluso es posible que George Soros tenga razón y, como él dice, éste sea el fin de la era del dominio estadounidense.

Pero lo más importante es que, en alguna parte del horizonte hay un potencial beneficio económico que nos aupará, pero el actual pesimismo no nos permite imaginarlo. Mientras tanto tenemos mucho trabajo por hacer, pero estemos a la espera de días mejores.

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