La educación de Timothy Geithner

Los mercados han recibido bien su designación como nuevo secretario del Tesoro de EU; su audacia y su experiencia en política exterior, son cualidades valiosas en tiempos revueltos.
A diferencia de muchos de sus predecesores, Geithner tiene e  (Foto: )
Elizabeth Spiers
NUEVA YORK -

El índice Dow ganó 494 puntos luego de que un nombre apareciera en la escena: Timothy Geithner, el recién nombrado secretario del Tesoro de EU.

¿Por qué esta reacción positiva de Wall Street ante el anuncio de que un hombre de 47 años, sin experiencia bancaria ni un doctorado en economía, ocuparía el cargo?

Quizá se deba a la formación poco convencional de Geithner, un autodidacta experto en los misterios de las finanzas que muestra una gran capacidad para aprender y experimentar. En un momento en que las respuestas escasean, él plantea las preguntas acertadas.

El gobierno ha sido criticado por su errático actuar en torno a los rescates. Por su inconsistencia, por ejemplo, al permitir la quiebra de Lehman Brothers tras decidir salvar a Bear Stearns.

Las ventajas de una política que aplica las mismas medidas para todos, sin importar su situación particular, son obvias: permite que Wall Street haga previsiones y disminuye la incertidumbre sobre posibles soluciones ante colapsos similares.

Pero como bien lo sabe Geithner, estas políticas gubernamentales generalizadas fracasan a la hora de atender las complejidades de cada situación, especialmente cuando varía el nivel de riesgo de cada institución y los recursos de cada banco son diferentes. Lo que es bueno para los contribuyentes en el caso de Bear, podría no serlo en el caso de Lehman (o de Merrill Lynch, Morgan Stanley, Goldman Sachs o AIG).

Geithner no es alguien que ignora esos matices, es reflexivo y diplomático por naturaleza, aunque algunas veces no pueda ocultar su impaciencia cuando el Congreso no entiende o ignora voluntariamente las peculiaridades de cada circunstancia.

El nuevo secretario del Tesoro acostumbra ofrecer los detalles de cada caso aún cuando nadie se los pida. Su intensidad,  atemperada por una inteligencia contenida, se hace manifiesta cuando realiza un análisis sobre la situación actual, explicándolo tantas veces como sea necesario.

Es una persona segura de sí misma, y esa confianza proviene de su experiencia y una historia de adaptación a nuevas situaciones sin precedentes. La crisis financiera asiática fue quizá una de las mayores pruebas en la vida de Geithner, una oportunidad que se le presentó a quien, como autodidacta, podía discernir las implicaciones potenciales para los mercados estadounidenses.

El currículo de Geithner no lo preparó para la vida política, pero su habilidad en ese rubro se debe a la disposición de recurrir a las personas adecuadas en busca de consejo.

Durante su cargo como presidente de la Fed de Nueva York con frecuencia sostenía reuniones con altos ejecutivos de Wall Street, permanentemente tomándole el pulso al sector.

Geithner entendió bien que una regulación inteligente suele ser el resultado de un monitoreo inteligente, una función en la que la Fed no se ha distinguido precisamente.

Bajo la presidencia de Geithner, monitorear significaba tomar pequeñas medidas para crear puentes de información que le dieran una imagen más exacta sobre la realidad, así como fomentar la transparencia.

Geithner tiene justo lo que necesitamos en un momento en que la globalización es la realidad cotidiana: experiencia en la política dura.

Robert Rubin, quien fuera secretario del Tesoro, fue su mentor y, a diferencia de los anteriores secretarios, Geithner tiene experiencia en política exterior, gracias a su paso por el Fondo Monetario Internacional y el Consejo de Relaciones Exteriores.

Ha vivido en el extranjero, estudió chino y japonés. (Casualmente, él y Henry Paulson egresaron de Dartmouth.) Estas experiencias serán valiosas, pues el papel del Departamento del Tesoro estadounidense va más allá de Wall Street.

Por último, Geithner ha seguido la crisis paso a paso. Después de todo, él fue de los primeros en reaccionar cuando se hizo evidente que las deudas colateralizadas iban a terminar destrozando las hojas de balance. Su respuesta fue agresiva, haciendo que la Fed de Nueva York tuviera más poder e influencia que nunca, sin temor a probar cosas nuevas.

Cuando no se es un político de carrera es más fácil tomar riesgos inteligentes, así sucede con Geithner, y también con su nuevo jefe, Barack Obama.

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