Los retos de Geithner frente al Tesoro

El nuevo secretario del Tesoro deberá presentar un plan para manejar la crisis bancaria; deberá inspirar confianza a la gente y a los inversionistas al repartir los recursos del rescate.
Timothy Geithner
Colin Barr
NUEVA YORK -

Una vez que el senado estadounidense confirme la nominación de Tim Geithner para dirigir el Departamento del Tesoro, éste habrá de asignar los 350,000 millones de dólares (mdd) restantes del TARP o Programa de Alivio para Activos en Problemas.

La lista de quienes quieren acogerse al TARP es extensa. Es tanta la demanda por ese dinero que el actual secretario del Tesoro, Henry Paulson, sólo tardó 77 días en distribuir la primera mitad del fondo de 700,000 mdd.

Pero la asignación del dinero no será tan sencilla para Geithner, pues a diferencia de su predecesor él no actuará bajo la orden de gastar a discreción.  Hoy, los líderes del Congreso establecen nuevas prioridades para el gasto y nuevas restricciones para los beneficiarios del TARP.

"No será fácil esta segunda ronda. El Congreso no se dejará engañar otra vez" apunta Hal Reichwald, socio del despacho de abogados Manatt Phelps & Phillips. Además, Geithner tiene que asegurarles a los inversionistas que no repetirá el error de Paulson de correr de una crisis a otra.

Geithner y el Congreso

A pesar de las críticas, el plan original de Paulson -usar el dinero del contribuyente para comprar activos tóxicos de los bancos- continúa teniendo sus defensores.

De acuerdo a Lawrence White, profesor de finanzas en la Universidad de Nueva York, el Tesoro debería seguir su promesa inicial de comprar todos los activos hipotecarios malos que perjudican las hojas de balance. Haciéndolo ayudaría a que las instituciones saludables reunieran capital de una manera más efectiva que sólo inyectándoles dinero.

Ed Gainor, socio del bufete McKee Nelson, coincide y dice que la clave para resolver la crisis financiera es desbloquear el mercado de los títulos respaldados con hipotecas, algo que el Tesoro puede hacer usando su autoridad para comprar y garantizar los préstamos.

Pero los legisladores estadounidenses no opinan igual. El demócrata Steny Hoyer (líder de la Mayoría en la Cámara de Representantes), declaró que esperaba que el presidente del Comité de Servicios Financieros de la Cámara, el congresista Barney Frank, comenzara a legislar restricciones en la forma en que los bancos usan el dinero proveniente del TARP, además de otorgar mayor apoyo financiero a los propietarios atribulados.

Buscando una estrategia

Otro obstáculo que Geithner enfrenta es que el sistema bancario sigue descapitalizado, a pesar de los 250,000 mdd que ya se asignaron para inversiones.

Desmond Lachman, académico del American Enterprise Institute, sostiene que uno de los errores cometidos por Paulson fue invertir en los bancos sin discriminar entre instituciones lo suficientemente solventes para recuperarse y aquellos bancos con hojas de balance tan descompensadas por malos préstamos que deberían ser controlados por el gobierno.

Lachman pone el ejemplo de Suecia, en su crisis financiera de 1992 el gobierno asumió el control de los bancos emproblemados, acabando con los accionistas y amortizando los préstamos tóxicos. Fue una estrategia dura, pero la economía del país recuperó su rumbo en dos años.

Señalar a los perdedores y a los ganadores en la industria bancaria estadounidense no será una tarea fácil. Algunas grandes firmas terminarán quebrando, agravando el gris escenario del mercado laboral y el reducido gasto del consumidor.

Según Lachman, mientras que la nueva administración no recapitalice los bancos y absorba temporalmente los activos tóxicos, EU sigue vulnerable a otra crisis, incluso si el Congreso aprueba un paquete de estímulo económico.

Por ahora, la estrategia de dejar que los bancos tengan el dinero del contribuyente sin restricciones punitivas ha erosionado la confianza de la población en el TARP, sin conseguir a cambio el nuevo capital privado que tanto buscaba Paulson. 

El experto en la industria bancaria Chris Whalen opina que la economía no sanará hasta que los reguladores dejen de apoyar a los grandes bancos en problemas y los obliguen, en cambio, a declararse en bancarrota.

Whalen piensa que el TARP debe ignorar a las firmas importantes (como Citigroup, JPMorgan Chase, Bank of America y Goldman Sachs) y centrarse en apuntalar a pequeñas instituciones sin grandes operaciones y más expuestas a los pequeños negocios y al consumidor promedio.

El panorama tampoco se iluminará enseguida, aún tienen que presentarse varios hitos típicos de una recesión, ello significa que los problemas continuarán para una industria bancaria que ya ha sufrido pérdidas por miles de millones de dólares.  Afrontar la situación es imperativo, "pues ignorar las malas noticias no las hace desaparecer" señala Lachman.

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