¿Por qué Obama debe ayudar a los ricos?

El presidente estadounidense debería replantearse la idea de ayudar a los que más dinero tienen; se requiere empleo e inversión, y el sector privado es el único que puede ofrecerlos a largo plazo.
Obama
Geoff Colvin

Todos tenemos una idea de lo que debe incluir el plan económico de Obama, pero seguramente pocos han pensado en esta propuesta: Ayudar a las corporaciones y a los ricos.

La idea, llamémosla plutocratismo, podría sonar totalmente absurda, pues supone ayudar a los dos actores más odiados de la economía, pero va en serio. Y hay evidencia de que el equipo de Obama entiende la lógica detrás de esta idea, pero la nueva administración tiene que esforzarse aún más si quiere mejorar la economía.

Ni republicanos ni demócratas parecen cuestionar que el país necesita crear empleos y aumentar la inversión. Bien, siento poner el dedo en la llaga, pero... ¿de dónde provienen esas dos cosas? De los ricos y de las empresas (por ahora no prioritarios para Obama).

Se entiende que no sean una prioridad, pues el presidente cree que la crisis económica requiere medidas de emergencia, por lo que propone un monumental gasto federal y entregar dinero directamente a las personas. Pero analicemos esas medidas.

Un gigantesco gasto federal ciertamente creará empleos, pero es una medida insostenible a largo plazo, y para algunos economistas su eficacia es nula, pues la financiación con déficit lo único que hace es hipotecar la futura prosperidad de Estados Unidos.

El segundo punto del plan de Obama, dar dinero a las personas, tampoco es muy efectivo, como ya se vio con los cheques de reembolso promovidos por Bush y el Congreso el año pasado bajo el plan de devolución fiscal (tax rebate). El plan de Obama ha recibido el nombre de deducción fiscal (tax cut), pero termina siendo pan con lo mismo porque consiste en un crédito tributario único y no en una reducción en las tasas de impuestos. 

Dejar en paz al contribuyente de altos ingresos

¿Entonces estoy sugiriendo que estimulemos la economía proporcionando ayuda gubernamental a Bill Gates y Paris Hilton? No, no me malentiendan. Lo que digo es que en lugar de gastar más, debemos hacer que nuestros plutócratas inviertan más, pues es la inversión privada la que crea empleo a largo plazo. Así que brindemos a los ricos la pequeña ayuda de dejarlos en paz, y no hagamos lo que Obama propuso en su campaña: reducir sus incentivos para la inversión. Obama recomendó aumentar los impuestos sobre ganancias de capital y sobre dividendos a parejas que ganaban 250,000 dólares o más -justamente lo que no debemos hacer. 

Pero parece que el equipo de Obama se ha dado cuenta de que la cosa no va por allí y este año no presionará para que se eleven los impuestos a la inversión. En contraste, la nueva administración esperará a que esas tasas impositivas suban como está previsto que suceda hacia finales del 2010 (cuando subirán también las tasas del impuesto sobre la renta para las personas más adineradas). No obstante, me hago esta pregunta: Si mantener bajas las tasas impositivas es bueno para la economía en estos momentos, ¿no será igualmente bueno en el futuro?

Ante los crecientes niveles de desempleo, deberíamos estar ayudando a los empleadores del sector privado, pero no en la forma en que lo ha hecho Washington (rescatar industrias o empresas es un sinsentido económicamente hablando; aún no sé por qué está bien subsidiar al Chevy Malibu hecho en EU y no subsidiar al Toyota Camrys también hecho en EU).

El equipo de Obama, según se dice, planea ampliar las perjudiciales normas que permiten a las empresas depreciar rápidamente el equipo que compran. Esas reglas tergiversan la verdadera naturaleza de los incentivos: ¿Por qué empujar a las empresas para que adquieran nueva maquinaria si la inversión más valiosa es la de capital humano e investigación? Tristemente esas dos no cuentan como inversiones para propósitos fiscales.

Obama también ha propuesto dar a las empresas un crédito fiscal por cada nuevo empleo que generen, una idea que sólo pudo provenir de alguien que nunca ha trabajado en el sector privado. Esta medida ya se ha aplicado antes, con el previsible resultado de que las empresas engañan al sistema y consiguen deducciones fiscales por contratar personal que de cualquier forma iban a contratar.

Mejor debería eliminar el asistencialismo corporativo -como ha dicho que quiere hacerlo- y que luego baje el impuesto  sobre la renta empresarial, cuya tasa de 35% está entre las más altas del mundo. En una recesión generalizada, tiene sentido aliviar la carga fiscal de todas las empresas.

Estas iniciativas podrían formar parte de lo que seguramente será el programa económico más ambicioso desde la administración Reagan. Y la forma en que Obama diseñe ese plan será su prueba inaugural, y quizá la más importante.

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