Europa, la crisis de la mediana edad

Los países de la Unión Europea no tienen el peligro de caer en cesación de pagos por la crisis; pero la juventud de las economías menos desarrolladas del viejo continente sí puede traer problemas.
libras  (Foto: Especial)
Daniela Steinbrink Mattei*
NUEVA YORK -

La imagen interna de Europa está muy castigada: degradación de la clasificación de la deuda soberana de España, Grecia y Portugal; Irlanda en la lista de países a "vigilar", y, por lo menos según los tabloides británicos, el Reino Unido al borde de la bancarrota, en una posible repetición de la humillación sufrida en 1976, cuando el Fondo Monetario Internacional debió acudir en su ayuda.

En los ámbitos más lúgubres de la opinión pública, las piezas del dominó están en su lugar: luego de que el mercado inmobiliario y el sector financiero se sumergieran en la desesperación, los gobiernos, en especial en Europa, son los siguientes en los pronósticos de caída al abismo.

El problema es que esta perspectiva utiliza una lente muy incorrecta para analizar los eventos actuales. Las reglas de juego para la deuda soberana de los países emergentes no se aplican a las economías desarrolladas, como explicaremos a continuación.

La mayoría de la deuda de los mercados emergentes se emite en una de las principales monedas, como el dólar estadounidense o el euro. Si un país emergente carece de la divisa extranjera necesaria para repagar su deuda o pagar los intereses de la misma, enfrenta el riesgo de la cesación de pagos y la posibilidad de una marcada devaluación de su propia moneda.

En cambio, los países desarrollados, en general, emiten su deuda soberana en su propia moneda.

En consecuencia, pueden, si fuera necesario, "monetizar" su deuda: pueden emitir el dinero que necesitan para administrarla. Por supuesto, si emiten demasiado dinero, también enfrentan la posibilidad de una devaluación monetaria, pero la cesación de pagos no representa un peligro para ellos.

En el caso del Reino Unido, en la actualidad, toda su deuda está en libras británicas. Por otro lado, el Reino Unido cuenta con uno de los ratios de deuda pública-PBI más bajos de los países desarrollados: 47.5% en 2008, mientras que el mismo ratio en Estados Unidos es de más del 60% y, en el caso de Japón, 180%. Este dato en sí mismo debería servir para calmar los temores de cesación de pagos: la alcancía no está vacía.

Es verdad, sin embargo, que los pasivos extranjeros del sector bancario y su rescate en curso incrementan el total de pasivos del Reino Unido, pero el volumen de pasivos extranjeros del sector bancario, con un total de 4.5 billones de dólares, se compensa con sus activos extranjeros, que totalizan 4.6 billones de dólares.

Y estos activos pasarían también al gobierno británico en el caso extremo de una nacionalización completa del sector bancario -más monedas para la alcancía.

También es verdad que la libra podría devaluarse, lo cual ayudaría a reactivar la deprimida economía del Reino Unido, pero la cesación de pagos sencillamente no es una opción posible.

Los miembros de la Unión Monetaria Europea (UME) emiten deuda en euros. He aquí una diferencia esencial: los distintos países miembros de la UME no tienen control sobre el Banco Central Europeo. Por lo tanto, no pueden monetizar su deuda y emitir para salir del paso.

Más aún, las instituciones de la UME y la UE tienen prohibido, por ley, asistir a un país miembro que entra en cesación de pagos. Sin embargo, no hay ley alguna que impida que uno o más estados miembros de la UME ayuden a otro país.

Y hay razones de peso para socorrer a un país en problemas: si un estado miembro de la UME deja de pagar su deuda, es probable que los diferenciales de los bonos internos se amplíen abruptamente.

Este incremento de los diferenciales elevaría los costos financieros de otros países de la UME con alto nivel de deuda, lo que los llevaría a la insolvencia y, con un verdadero efecto dominó, se deterioraría la estabilidad de la Unión Europea completa.

En consecuencia, consideramos que los temores de cesación de pagos de Europa son exagerados.

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Si bien no se puede descartar la posibilidad de la cesación de pagos de alguno de los países que integran la UME, se trata de un hecho improbable y se probarán otras alternativas antes de que eso ocurra.

*La autora es analista senior de UBS Wealth Management Research.

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