El capitalismo, ¿culpable de la crisis?

Los manifestantes que protestan en la cumbre del G20 culpan al sistema por el caos económico actual; pero los mercados libres no son los culpables, es la manera en que han sido manipulados.
Hugo Dixon

El mundo enfrenta una crisis financiera, no una crisis capitalista.

Mientras los manifestantes se reúnen para denunciar el capitalismo con ocasión de la cumbre G20 en Londres, vale la pena recordar que los mercados libres y el libre comercio no tienen la culpa del actual desastre económico. Las verdaderas responsables han sido las enrevesadas finanzas, cuya distorsión ha operado en cuatro niveles.

Primero, ha habido un desequilibrio en el comercio internacional, con gigantescos excedentes en China que se oponen a los déficits de los Estados Unidos, el Reino Unido y otros lugares. Eso les permitió a los prestatarios acumular enormes deudas.

No era un fenómeno natural del libre mercado. Sino que fue, al menos en parte, el resultado de la decisión de China de mantener el valor del yuan artificialmente bajo.

Segundo, los Estados Unidos han tenido la costumbre de rescatar su sistema financiero cada vez que éste se mete en problemas.

Los inversionistas solían hablar de "la opción de venta Greenspan" en reconocimiento al hecho de que siempre se podía confiar en que el antiguo jefe de la Reserva Federal estadounidense rociara algo de dinero sobre los mercados a la primera señal de problemas.

Esto, repito, distorsionó el libre mercado. Adormeció los miedos de los inversionistas, lo que provocó que tomaran riesgos excesivos y, al mismo tiempo, le sumó los créditos baratos del oeste a la liquidez que venía en grandes cantidades desde el este.

Tercero, había una distorsión inherente al hecho de tener instituciones financieras consideradas "demasiado grandes para fracasar".

Los bancos volaron excesivamente cerca del sol porque sabían que podían confiar en que las autoridades los rescatarían. El antídoto contra las instituciones "demasiado grandes para fracasar" es, ya sea reducir su tamaño para que puedan fallar con seguridad, o regularlas de una manera más estricta. Pero, en los años recientes, los bancos crecieron y no fueron regulados.

Cuarto, había planes de incentivos al azar para los mismos financieros.

Si sus apuestas rendían frutos, tenían la posibilidad de convertirse en multimillonarios. Si perdían un paquete, los accionistas, y en última instancia los contribuyentes, tenían que pagar la cuenta. Algunos culpables se han marchado incluso con grandes bonos y pensiones mejoradas.

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Esto, insisto, no es el libre mercado. Es una asimetría que convirtió a las finanzas en un casino.

Así que los manifestantes del G20 deberían culpar a las distorsiones antes que al libre mercado. Y los líderes del G20 deberían concentrarse en arreglar dichas distorsiones para que el mundo nunca más tenga que enfrentar un caos como éste.

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