La economía, víctima de la influenza

El gobierno estadounidense enfrenta una emergencia sanitaria, que se suma a la crisis financiera; el brote de gripe porcina podría causar una neumonía económica de escala mundial.
El costo del seguro de gastos médicos mayores depende del pl  (Foto: Archivo)
Rob Cox

Cuando la economía estadounidense se resfría, todo el mundo estornuda.
Ese es el cliché con frecuencia utilizado en las finanzas para describir la naturaleza interrelacionada de la economía global. Pero ¿qué sucede cuando la economía estadounidense se contagia de algo un poco más severo? Tal vez estemos a punto de descubrirlo.
El gobierno estadounidense declaró una emergencia sanitaria posterior al descubrimiento de dos docenas de casos de la misma variedad de influenza porcina que, para el lunes, habían matado a más de 100 personas en México. La jefa del Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, Janet Napolitano, declaró que no hay ninguna razón para entrar en pánico. Las medidas tomadas hasta ahora son sólo una precaución.
Pero debido a que la economía estadounidense ya padece una enfermedad grave -de la que ha contagiado al resto del mundo- lo último con lo que podría lidiar sería una epidemia. La última vez que el mundo enfrentó algo similar fue en el ataque del Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS) del 2002, el cual emanó de la provincia de Guangdong en China y se extendió a alrededor de tres docenas de países.
La cuota humana del SARS, con casi 800 muertes, no fue demasiado alta. De hecho, fue insignificante comparada con la de la influenza española de finales de la Primera Guerra Mundial, cuando un estimado de 20 a 100 millones de personas murieron. Pero el pánico resultante provocó que, en las áreas más afectadas, muchos negocios relacionados con los viajes enfrentaran severas consecuencias. La Organización Mundial de la Salud estimó que los viajes internacionales a áreas como Hong Kong, Beijing y Toronto cayeron más de la mitad, con un descenso del 60% en la ocupación hotelera.
En retrospectiva, la epidemia difícilmente obstruyó la trayectoria del crecimiento en las regiones más afectadas del este de Asia. El PIB de China creció un sano 9.3% ese año, lo que evidenció el moderado impacto del pánico ocasionado por la gripe aviar. El PIB de Hong Kong creció un robusto 3.3%, un punto por encima de su crecimiento del año anterior.
Pero esta vez podría ser diferente. Aun si asumimos que la variedad mexicana de influenza no es más mortífera que el SARS, no podemos negar que llega en un momento de fragilidad. La crisis financiera y la contracción económica resultante afectan de por sí a los negocios y las economías más dependientes del comercio, el transporte, el turismo y el alojamiento que, a su vez, son más susceptibles al virus de la influenza.
Además, los gobiernos de todos los países enfrentan un reto administrativo, sin mencionar el financiamiento de los rescates bancarios y los grandes paquetes de estímulo. Una severa epidemia de influenza representará un cuarto o quinto desafío. Una de las cosas buenas acerca del SARS fue que Asia, por lo menos, aprendió mucho del control epidémico. Hong Kong, por ejemplo, cuenta en su aeropuerto con sensores para medir la temperatura de los pasajeros, los cuales pueden usarse para analizar a la gente que podría ser portadora de virus semejantes.
Por el bien de la economía global -y la raza humana- más vale que ésta sea una influenza fácil de contener.

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