El índice de indignación subirá en EU

La recuperación del sistema bancario coincidirá con el auge del desempleo en Estados Unidos; esto provocará un alza en el enojo público de los estadounidenses que el gobierno no osará discutir.
protestas-wall-ap  (Foto: AP)
Geoff Colvin

¿Habrá algo malo con el sistema financiero estadounidense si los bancos más importantes hablan de bonos millonarios mientras la población está perdiendo empleos como nunca antes? Millones creen que sí: si se pudiera medir la indignación, ya se habrían superado los índices del medidor. Pero antes de linchar públicamente a todos los banqueros, veamos más de cerca qué o quién tiene la culpa.

La raíz del enojo público está en un asunto de temporalidad: durante las recesiones, el mercado de acciones tiende a anticipar una recuperación en seis a nueve meses, lo que significa que los corporativos en Wall Street, incluyendo aquellos que aceptaron dinero del Programa de Alivio para Activos en Problemas (TARP, por sus siglas en inglés), se recuperarán mientras el resto del país sigue en crisis. Así que los empleados de Wall Street, que además de su sueldo reciben bonos, verán estos pagos elevarse si se comparan con los bajísimos niveles del años pasado.  

Al mismo tiempo, el desempleo general no mejorará hasta terminada la recesión o incluso hasta después, por lo que en los próximos meses, tal vez hasta más de un año, el número de desempleados en Estados Unidos crecerá, mientras que en Wall Street las empresas contratarán y pagarán más (con dinero de los impuestos) y Washington se tendrá que ver involucrado.

Eso significa que veremos muchos titulares en la prensa con malas noticias para los trabajadores y buenas para los banqueros, y esto ya está pasando.

A finales de abril, cuando Chrysler y GM iban camino a su bancarrota, el director de Citigroup, Vikram Pandit, habló de dar bonos a los empleados con alto desempeño que no hayan tenido que recurrir a ningún seguro hipotecario o nada similar asociado al colapso bancario. Antes de hacerlo, Pandit tuvo que pedir la autorización del secretario del tesoro, Timothy Geithner. Mientras tanto, un análisis en la primera plana del New York Times que hablaba del primer pago a varios destinatarios del TARP, se percató de que el pago estaba subiendo, iniciando así una protesta encabezada por una artillería de expertos que, obviamente, estaban indignados.

¿Por qué no debería ser castigado Wall Street? Porque no sería bueno para el país. Ahora que todos los contribuyentes son dueños de un pedazo de los bancos gracias a las fianzas de las administraciones de Bush y Obama, necesitamos que nuestras inversiones reditúen. La prosperidad económica del Bank of America, Citigroup, Goldman Sachs y varios otros es un interés inmediato de los contribuyentes e interés a largo plazo de la economía. Mientras más dinero produzcan, más rápido podrán pagarle al Departamento del Tesoro y podrán enfocarse por completo en sus roles económicos.

La restauración de la rentabilidad de los bancos implicará el pago de bonos. La única forma en la que estas empresas tendrán éxito es con capital humano superior, y la forma de obtenerlo es pagando por él. Varias empresas financieras internacionales no recurrieron a los fondos del TARP, y pueden pagar lo que quieran. Si analizan los resultados de Credit Suisse, Deutsche Bank, CIBC y otros que compiten con los receptores del TARP durante el primer trimestre, verán que ellos también le pagan más a sus empleados.

Los resultados son los esperados: "Citi está sangrando a la gente, y las restricciones del Gobierno sólo lo empeoran", dice Alan Johnson, consultor de compensaciones para varias empresas, entre ellas algunas de Wall Street. "Tengo clientes que no son beneficiarios del TARP y están asombrados de que ahora pueden robar a la gente como nunca antes".

Muy probablemente no escucharán a nadie de la administración de Obama defender los bonos. Ningún político se atreverá, o intentará siquiera, dirigirse a millones de desempleados para decirles que las acciones de Wall Street de pagarle más a algunos empleados en una semana que lo que muchos ganan en un año tiene sentido.

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"El gobierno debe permanecer al margen y decir que si queremos impulsar el valor de nuestras inversiones, debemos posicionar a las personas más adecuadas", dice Peter Goyne, cazatalentos de Spencer Stuart.

La forma expedita por la que la administración de Obama podría controlar el índice de indignación sería dándole a Wall Street el mismo trato que recibe Chrysler. Si Citi y Bank of America no son solventes, como indican algunos analistas, deben dejar al Gobierno reorganizarlos. Eso llevaría rápidamente a la desaparición del sentimiento de que el Departamento del  Tesoro de Estados Unidos esta rescatando a peces gordos a expensas de la clase trabajadora.

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