México 2009: un país en recesión

Las proyecciones sobre la economía han bajado desde un 3% positivo hasta una contracción de 4.1%; las causas de la caída en el PIB van desde el impacto de la crisis hasta la epidemia de influenza.
José Luis de la Cruz Gallegos*
CIUDAD DE MÉXICO -

La declaración de recesión económica realizada por el Secretario de Hacienda oficializó la magnitud del problema que desde mediados de 2008 ha vivido el país.

Dicha aseveración fue acompañada con una prospectiva de crecimiento económico negativo significativamente diferente al planteado originalmente por el propio Gobierno federal.

Lejos quedaron sus pronósticos originales para la elaboración del presupuesto de 2009, en donde se estimaba un incremento del PIB de 3%.

A partir de ese momento las proyecciones gubernamentales han sufrido repetidas correcciones que han llegado al extremo de plantear una contracción económica cercana al 4.1%, la más grande desde la crisis de 1995.

Si bien la incertidumbre que se genera por el hecho de que la autoridad económica realice reiteradas modificaciones a la baja en sus expectativas es algo preocupante, lo que más inquieta son las implicaciones que ello tiene sobre la sociedad mexicana, principalmente en materia de empleo, pobreza, seguridad pública, salud y educación.

La problemática que se enfrenta es compleja, particularmente por el hecho de que el sector privado se enfrenta a un entorno poco propicio para la inversión, la producción y la generación de empleo.

La afectación de las empresas es general, tanto las grandes como las pequeñas enfrentan la posibilidad de quiebra aunque por diversos motivos.

De manera general se puede señalar que algunas de las más grandes empresas se equivocaron en su manejo financiero, fundamentalmente por el manejo inadecuado de los derivados financieros del tipo de cambio.

De igual forma se tiene al sector automotriz exportador, el cual ha sufrido una severa caída debido a la recesión industrial que ocurrió en Estados Unidos, mercado al cual se dirige una parte sustancial de la producción realizada en México. 

Al igual que en el caso anterior se tiene a la industria exportadora de bienes eléctricos, electrónicos, mecánicos, de computación, textiles, entre otros, la cual no tiene capacidad de reacción ante el histórico retroceso de la inversión y el consumo en el mercado norteamericano.

Como consecuencia de lo anterior se puede plantear que las empresas dedicadas a satisfacer la demanda del mercado interno también enfrentan los impactos que inicialmente acontecieron en Estados Unidos. La pérdida de empleo en las empresas de manufacturas disminuyó de manera acelerada la capacidad de consumo de la población en general.

La conjunción de  lo anterior con la mengua de las remesas, la contracción del crédito al consumo, la volatilidad del sector financiero, la depreciación del peso, el incremento de la inflación, principalmente, han ocasionado que el sector servicios, el último reducto de estabilidad económica, también se haya visto fuerte afectado.

La relación con el mercado interno es clara, fundamentalmente porque la mayor proporción de los servicios tiene un estrecho vínculo con la evolución de los patrones de consumo de la población, por lo que su tendencia a la baja sin duda señala una disminución en la calidad de vida de los mexicanos.

En el fondo los problemas que se enfrentan tienen una larga historia, ya que si bien es cierto que la actual crisis económica se originó en el extranjero, también lo es el que se reproduce en un sistema económico poco productivo y con un pobre desempeño social.

Lamentablemente al escenario anterior debe agregarse una coyuntura de salud que igualmente mostró la precaria estabilidad social que se vive en el país, y es que a la recesión económica previa debió sumarse el efecto de la crisis por la influenza.

La necesidad de cerrar el sistema educativo a nivel nacional, de una parte sustancial de la actividad comercial en el Distrito Federal y en algunas otras entidades tuvo el beneficio de un control en la expansión de la epidemia pero a un costo económico que todavía no es posible cuantificar.

La vuelta a la normalidad antes de la influenza no es homogénea, estados como Jalisco, Chiapas, Nayarit, San Luis Potosí, Zacatecas, Chihuahua, Michoacán y Guerrero han debido postergarlo, especialmente porque el surgimiento de nuevos casos todavía no permite pensar en que el riesgo de contagio se ha eliminado.

El sector turismo también se vio dañado, la cancelación de cruceros, vuelos charter, y vuelos comerciales han sido comunes, principalmente desde países como Argentina, Cuba, China y Ecuador.

De igual manera la recomendación que algunos países han emitido para que sus connacionales no viajen a México es un hecho negativo que debemos enfrentar, y al que se agrega la poca disposición del sector para disminuir sus precios para con ello motivar al turismo de origen nacional.

En su conjunto todo ha  afectado a un sector altamente generador de ingresos, y que en algunas regiones es la fuente cardinal de trabajo y riqueza.

Ante todo esto la postura del gobierno federal ha sido tibia. Dejando de lado la parte diplomática para defender los derechos de los mexicanos en el extranjero debemos centrarnos en la parte económica. Históricamente, México ha sido un país solidario con América Latina y China, desde las épocas de la migración internacional que las dictaduras sudamericanas provocaron  hacia nuestro país, el soporte a la inclusión del país asiático en la ONU y la nueva migración de sudamericanos hacia México en épocas de las más recientes crisis económicas.

El extremo lo representa el rechazo al embarque de ayuda humanitaria que se envío hacia Haití, una nación que ha sido apoyada de manera sistemática por México. De igual forma la exclusión de la feria internacional a realizarse en China, en donde México era el país invitado, refleja algunas de las afectaciones que se están viviendo a nivel internacional, y en donde todas ellas obligan a pensar en la eficacia nuestra diplomacia política y comercial a nivel internacional.

Las limitantes actuales del Estado mexicano tienen origen en la necesidad política de presentar escenarios positivos poco cercanos a la realidad, prospectivas que ahora afectan sus ingresos fiscales y con ello su capacidad de soportar la actividad económica  nacional.

Como ejemplo se puede plantear que en la ley de ingresos para 2009 se estimó que el gobierno federal recaudaría 1.9 billones de pesos, de los cuales 1.2 serían por impuestos.

El IVA (490,000 millones), el ISR (596,000 millones) y el IETU (55,000 millones) representarían las principales fuentes de recursos tributarios para el gobierno. A lo anterior se sumarían 714,000millones por derechos, en donde 700,000 se relacionan con los hidrocarburos.

Dado que existió un error en la proyección de crecimiento económico (el escenario final  se realizó con una estimación de crecimiento de 1.8%),  no es de extrañar que ahora las cuentas no cuadren. Como ejemplo se tiene el resultado de crecimiento económico que arrojó el Indicador Global de Actividad Económica (IGAE), el cual señaló una severa contracción económica en enero (-9.3%) y febrero (-10.8%) del presente año.

Lo anterior implicó en el resultado de una caída en términos reales de los ingresos del gobierno federal (-23.7%) durante el primer trimestre, en donde la recaudación de IVA (-21.2%) e ISR (-11.3%) se encuentran acordes con la debilidad económica antes planteada.

No obstante lo anterior, también debe mencionarse que el problema recaudatorio se profundizó en marzo cuando los ingresos del gobierno federal disminuyeron 37.5% en términos reales, en donde el desempeño del  IVA (-20.2%) e ISR (-19.8%) fue igualmente decepcionante.

Con todo no es de extrañar que ante la presencia de un entorno económico adverso el gobierno federal, y en general todo el sector público, se haya visto en la necesidad de recurrir a deuda para enfrentar la crisis, pero en donde la cuestión de fondo versa sobre si su ejercicio podrá generar el crecimiento económico suficiente para poderla pagar en el mediano y largo plazo.

El problema de endeudamiento no es menor, para marzo 2009 el acervo de deuda del sector público contabilizaba 3.6 billones de pesos, es decir, 1 billón de pesos más que en diciembre de 2008, representando el 32.4 % del PIB.  

La deuda externa volvió a representar el problema histórico que fue a principios de los años ochenta del siglo pasado, al superar los 83,900 millones de dólares.

Tal es el punto álgido en donde nos encontramos, en donde los programas de rescate e infraestructura anunciados por el gobierno en meses pasados no han logrado detener la caída, mostrando con ello la ineficiencia de su operación en el corto plazo.

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Por tanto, el desafío que el país enfrenta es complejo, en donde los espejismos no sirven para resolver los profundos problemas de México, la solución radica en la generación de programas económicos, políticos y sociales que tengan su raíz en la realidad, y que tengan como objetivo la elevación de la calidad de vida de la población en general.

*El autor es profesor del Departamento de Finanzas y Economía del Tecnológico de Monterrey, campus Estado de México. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores y se ha desempeñado laboralmente en los sectores privado, académico y público, en este último como Subdirector de Análisis Macroeconómico en la Secretaria de Hacienda y Crédito Público.

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