Adaptarse para sobrevivir

Las crisis son situaciones que permiten hacer reestructuras para mejorar el negocio; sin embargo, hay que cuidar que este proceso no se tenga que repetir constantemente.
Federico Hernández*
CIUDAD DE MÉXICO -

Eran las seis de la mañana. Las luces del avión comenzaron a encenderse y las aeromozas a preparar todo para el aterrizaje. Después de un viaje de 18 horas, lo único que queríamos era respirar aire fresco y estirar las piernas.

Era 1998 y mi jefe y yo formábamos parte de la misión del Banco Mundial que había sido enviada a Seúl, Corea del Sur, para realizar un diagnóstico de la condición financiera del país. La crisis había iniciado en Tailandia y se había expandido rápidamente a todo el sudeste asiático. Como siempre sucede, las crisis empiezan en un país por algún desequilibrio en sus finanzas públicas, una sobre valuación en su tipo de cambio o una laxitud en el otorgamiento de crédito, contaminando a los demás países de la región por la globalización que actualmente vivimos.

Al conocer a los integrantes del equipo y escuchar sus experiencias me di cuenta que las crisis financieras no eran exclusivas de países en desarrollo sino que impactan por igual a países grandes y pequeños, ricos y pobres. Así, en el equipo contábamos con ex ministros de Hacienda de algunos países europeos y sudamericanos.

Durante nuestras entrevistas con directores de las empresas más importantes de Corea del Sur, así como funcionarios del Banco Central y de la banca comercial, llegamos a la conclusión de que las crisis financieras son como las telenovelas. La trama siempre es la misma y los eventos y su secuencia es perfectamente predecible, lo único que cambian son los actores. Ayer México, Argentina, Brasil, Rusia y el Sudeste Asiático. Hoy Estados Unidos, España, Islandia y Reino Unido.

Las crisis toman por sorpresa y "mal parados" a deudores corporativos (empresas), bancos y autoridades. A las empresas porque muy probablemente crecieron a través de adquisiciones y se financiaron con deuda dadas las bajas tasas de interés. Hoy deben mucho dinero, el valor de sus acciones ha caído significativamente y tienen en puerta una de las peores recesiones de las que se tenga memoria. A los bancos porque están ya resintiendo el incumplimiento de pagos y porque no todos tienen los equipos especializados para buscar alternativas de solución de manera conjunta con sus clientes. Y a las autoridades porque no saben qué problema atajar primero: el desempleo, la falta de liquidez, la inestabilidad del tipo de cambio, etc.

Ante este panorama, las empresas deben evaluar seriamente el realizar una reestructura financiera.

Una reestructura financiera no es más que la adecuación de los términos y condiciones de los créditos a la capacidad de pago del deudor. Es decir, si usted pidió un crédito hace un año y se comprometió a pagarlo durante los siguientes cinco bajo el entendido de que el mundo iba a seguir funcionando como lo hizo hasta el pasado mes de septiembre, me permito informarle que esto ya no va a ser así. El mundo dio un giro de 180 grados en sólo tres meses y debemos enfrentar nuestra nueva realidad.

De esta manera, nosotros recomendamos llevar a cabo los siguientes pasos y acciones para implementar una reestructura financiera:

1) Reconozca la realidad. El entorno económico cambió drásticamente en los últimos tres meses y muy probablemente usted no podrá cumplir con sus compromisos de pago contraídos. Este reconocimiento de la nueva realidad debe ser por parte del deudor y de los acreedores y es el primer paso en el proceso.

2) Cuide la liquidez. Ante un escenario de bajas ventas, márgenes de utilidad deprimidos y escasez de crédito, la liquidez se convierte en el activo más importante de las compañías. La liquidez es el aire que le permitirá pasar a través de este trance y los acreedores deberán entender esta situación.

3) Pida un compás de espera a sus acreedores.
Desgraciadamente las noticias que leemos todos los días sólo nos ponen más nerviosos y a nuestros acreedores también, lo cual les hace ejercer más presión para que se les pague. Le recomendamos acercarse a sus acreedores y solicitarles un período de tiempo para presentarles un plan de reestructura bien pensado y razonado y que pueda ser discutido con ellos. El no hacerlo muy probablemente le llevará a implementar una reestructura poco sostenible en el largo plazo.

4) Diseñe e implemente un Plan de Reestructura. Debe realizar un diagnóstico de la situación comercial y operativa de su empresa ante el nuevo entorno económico. Es decir, cuáles son las ventas, costos y gastos esperados, qué reducciones se pueden efectuar, qué necesidades de capital de trabajo tendrá y cuáles serán sus necesidades de inversión en activos fijos. Este plan debe tener como objetivo mantener a la empresa como negocio en marcha pues es un hecho que una buena empresa siempre vale más operando que por la liquidación de sus activos. Una vez realizado este diagnóstico comercial y operativo deberá plasmarlo en un flujo de efectivo mensual por los siguientes 12-24 meses y contrastarlo contra los compromisos de pago. Si los números le permiten seguir cumpliendo, adelante. Si no, debe adecuar sus compromisos de pago a su nueva estimación de flujo de efectivo. Este ajuste puede ser "ligero" o "severo". Un ajuste ligero es una ampliación del plazo, una reducción en las amortizaciones del capital o una reducción en la tasa de interés. Un ajuste severo puede ser una capitalización de parte de la deuda (que le dé acciones de su empresa al banco) o una quita (que le perdone el banco parte de la deuda). La severidad del ajuste dependerá, fundamentalmente, de los flujos de efectivo que pueda generar la empresa. No hay formulas ni recetas; en cada caso se deberán analizar las particularidades.

5) Si va a reestructurar que sea sólo una vez. No tenga miedo a decir las malas noticias y a implementar las medidas que sean necesarias, pero que sea sólo una vez. Es mejor solucionar el problema de raíz que hacer un "maquillaje" a la situación y tener que hacer el proceso de nuevo pues perderá credibilidad.

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Hace unos días me reuní con un cliente y me comentó que estaba pasando por un "problema" de este tipo. Mi comentario fue que no es un problema sino una situación, y que como todo en la vida tiene solución.

*El autor es Socio de Prácticas de Reestructura y Finanzas Corporativas de KPMG en México.

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