Escala territorial y vivienda social

Rómulo Rosales llama a considerar aspectos demográficos, culturales y sociales en los asentamientos; el aspirante a doctor en Administración por la Anáhuac reivindica el papel de los constructores.
Casa-infonavit-desarrollador-vivienda  (Foto: Archivo)
Rómulo Alfredo Rosales Uribe *

Los procesos acelerados de crecimiento poblacional se vieron agudizados en nuestro país a partir de los años cincuenta del siglo XX, cuando éste pasó a ser predominantemente urbano, dejando atrás lo rural.
Al respecto, mucho tuvo que ver la apertura económica hacia el exterior que tuvo México, lo cual hizo complejo el abordar los complicados problemas de la sociedad y sus territorios, así como la obtención de información para el manejo crítico de decisiones basadas en la comprensión de los procesos socioespaciales.
Así, para el año 2000 la tercera parte de la población nacional se concentraba en nueve ciudades mayores de un millón de habitantes, mientras que en el otro extremo, la cuarta parte de los mexicanos habitaba en 196 mil localidades menores de 2 500 habitantes (CONAPO, 2000).
Según los XI y XII Censos Generales de vivienda elaborados por INEGI y tabulados para la identificación de tamaños de localidad por Conapo, entre 1990 y 2000 la población urbana que habitaba en localidades mayores de 15 mil habitantes se incrementó de 46.6 a 59.4 millones, aumentando su participación de 57.4 a 61 por ciento.
Para el mismo periodo, la población que vivía en localidades de transición rural-urbana (entre 2,500 y 14,999 habitantes) pasó de 11.2 millones a 13.3 millones; no obstante, su participación disminuyó de 13.9 a 13.7%. Finalmente, la población de las localidades pequeñas (menores de 2,500 habitantes) aumentó de 23.2 millones a 24.7 millones, presentando, al igual que el rango anterior, una disminución en su participación relativa, de 28.7 a 25.4 por ciento.
México en su proceso urbano ha dado paso a la formación de subsistemas regionales de ciudades, con patrones poblacionales de distribución territorial ya definidos.
El más importante, es el de la región centro integrada por la Ciudad de México, los Estados de Hidalgo, de México, Morelos, Puebla, Querétaro y Tlaxcala, donde se localizan siete zonas metropolitanas: Ciudad de México, Puebla, Toluca, Querétaro, Cuernavaca, Cuautla, Pachuca y Tlaxcala; así como, cuatro ciudades mayores de 50 mil habitantes: Tehuacán, San Juan del Río, Tulancingo y Teziutlán; y 50 ciudades menores de 50 mil habitantes. En este subsistema reside el 39.8 por ciento de la población urbana del país, cuya mayor proporción (93.5%) se localiza en dichas zonas metropolitanas (CONAPO, 2007).
Analizar una región desligándose de su superior escala territorial es ignorar el problema global de la misma. Cada análisis debería considerar las características demográficas, culturales y sociales de la población demandante, así como también el considerar los nodos urbanos que generan la demanda habitacional y la actividad comercial, requiriendo por ende, una necesidad palpable relativa a la infraestructura urbana básica contra los requerimientos de espacios libres, lo cual no es una tarea fácil de realizar.
Hoy en día, el Infonavit tiene un papel sin igual en la dotación de créditos con tasas de interés preferenciales, para que el trabajador pueda comprar el tipo de vivienda que se ofrece en el mercado. Por otro lado, hay empresas privadas que se están desarrollando ya en este sector con un carácter protagónico.
Estas últimas empresas han logrado establecer mecanismos de diseño y construcción adecuados al ofrecimiento de venta que dan a sus clientes, y a la vez logran la inmediata consolidación de la escala territorial, pues dotan de servicios básicos en el muy corto plazo.
Sin embargo no ha faltado casos en los que se hayan entregado viviendas con limitaciones espaciales de la tipología habitacional (Villavicencio, 2003) y diferencias socioeconómicas, que pasado el tiempo de haberlas iniciado a habitar, desarrollan problemas vecinales.
El éxito de la vivienda social sólo puede ser medido cualitativamente, en términos de bienestar emocional y físico de sus habitantes, por ello para llevar al desarrollo social a procesos innovadores  es necesario dar paso a la producción de comunidades sanas.
La fase de planeación, diseño con su respectivo control, ejecución y entrega, se debería convertir parte esencial de la participación de expertos y propietarios, (Salingaros, 2006) tomando con ello los recursos disponibles de mano de obra y materiales tradicionales.
Es preciso señalar que es de suma importancia tres puntos importantes que forman parte de la vivienda social:

  1. Sus habitantes deben poder hacer cambios. Si perdemos de vista esto, perdemos el sentimiento de arraigo de la familia. No olvidemos que la familia es en nuestro México el núcleo indispensable para el desarrollo de la persona.
  2. La vivienda social debe entenderse como aquella que está dirigida a grupos más desposeídos de nuestra sociedad.
  3.  Debe existir para el desarrollo que inicia, un plan de crecimiento que establezca el tomar en cuenta las normas de ordenamiento establecido por la autoridad.
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La necesidad de participación de la industria de la construcción en los procesos de ordenamiento y consolidación territorial es, y ha sido, medular. No considerar esto es convertir en problemas de infraestructura el futuro de las zonas donde los desarrolladores ejecutan sus proyectos. Una nueva tendencia de desarrollo de vivienda podría corresponder a la participación de los futuros propietarios, guiada por los expertos, dotando de esta manera a las familias con la posibilidad de atender y anticiparse a las necesidades reales que  la familia requiera en función a su crecimiento, permitiendo con ello el sano desarrollo de convivencia y unión en el ámbito familiar.
Estos diseños, resultados de esa conjunción de experiencia y necesidad, se traducían en las características de diseño, ejecución y costo de modelos rigurosos de construcción, pero de carácter amable para su desarrollo futuro.
No podemos dejar de pensar, en ningún momento, de los desarrolladores, quienes deben de tener el control del proyecto, ya que de ellos depende la responsabilidad de los manejos de efectivo y la necesidad de obtención de beneficios económicos.
Vale la pena mencionar que existen estudios, como el de Jan Bazant S, Interpretación teórica de los procesos de expansión y consolidación urbana de la población de bajos ingresos en la periferia, que al día de hoy nos demuestran los lentos e inadecuados desarrollos de las etapas de consolidación en la autoconstrucción, pero que finalmente pasados los años, proveen a las familias de capacidad de crecimiento en sus viviendas ya sea horizontal y/o vertical, lo que permiten un apoyo familiar a largo de generaciones.
Ahora estos esfuerzos como el que estudia Bazant, si se definen, estudia y se apegan al marco de la ley, teniendo además la orientación y guía de los expertos, permitirían un recorte espectacular en los tiempos de consolidación de la escala territorial de la vivienda social.


Referencias


  • CONAPO, 2000. Elaborado por CONAPO con base en XI Censo General de Población y Vivienda, 1990. Resumen General; Conteo de Población y Vivienda, 1995. Resultados definitivos. Tabulados básicos; XII Censo General de Población y Vivienda, 2000. Resultados definitivos. Tabulados básicos.
  • CONAPO, 2007. Elaborado por CONAPO en su Artículo. La distribución territorial de la población en México
  • Villavicencio, 2003. Treinta años de vivienda social en la Ciudad de México: Nuevas necesidades y demandas. Judith  Villavicencio Blanco, Ana María Durán Contreras. Universidad Autónoma Metropolitana, México
  • Salingaros, 2006. Códigos generativos para el desarrollo de vivienda social. Nikos A. Salingaros, University of Texas at San Antonio, Brain David, New College Florida, Ernesto Philibert Petit. ITESM Campus Querétaro
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