El dilema de Ben Bernanke

Los rescates económicos del banco central estadounidense acarrean el riesgo de una inflación; la Fed deberá implementar un programa antiinflacionario aunado a mayor desempleo y tasas de interés.
bernanke  (Foto: AP)

Tras dos años de haber bombeado dinero al sistema financiero para mantener la economía a flote, el presidente de la Reserva Federal tendrá que revertir el proceso o tomar el riesgo de un problema opuesto: la inflación. Después de mucha anticipación, Bernanke anunció en julio la "estrategia de salida" de la extensa intervención de la Reserva Federal, declarando que ésta ocurrirá "de forma suave y paulatina". 

Esto asegura una vez más que las autoridades de la Reserva Federal están al tanto del riesgo de la inflación, pero es poco probable que su programa tenga éxito. Las investigaciones muestran que tomará cerca de dos años para que la política antiinflacionaria funcione, lo que significa que la Reserva Federal necesita comenzar ahora y mantenerse apegado a los lineamientos del plan.

Es reconfortante que los oficiales de la Fed estén conscientes del riesgo de la inflación, aún así, la historia advierte que deberíamos mantenernos escépticos con respecto a la voluntad de la Reserva Federal para apegarse al programa cuando varias fuerzas importantes (el Congreso, la administración de Obama, la comunidad de los negocios y los sindicatos laborales) le presionen para abandonarlo.

Mantener el programa requiere la aceptación de un aumento temporal a mediano plazo en el desempleo y en las tasas de interés, así como mantener un grado de independencia que esta Reserva Federal no ha mostrado.

Yo mantengo cierto escepticismo en cuanto a la competencia del programa que el presidente de la Reserva Federal propone. Ésta debe deshacerse de la mayor parte de los 700,000 millones de dólares restantes en el aumento de las reservas bancarias que proveyó el año pasado antes de que los bancos lo empleen para aumentar el crecimiento del dinero.

La Reserva Federal tiene dos respuestas.

Una es que varias reservas desaparecerán a medida que los bancos y otras instituciones paguen los préstamos que adquirieron tras la bancarrota de Lehman en septiembre pasado. Mientras que los balances de la Reserva Federal han comenzado a reducirse, gran parte de eso refleja la reducción de la demanda de los créditos debido a la débil economía, y esto no provocará aumentos en las tasas a largo plazo.

La segunda parte del programa de Bernanke depende de una fuerza que la Reserva Federal adquirió recientemente. Ahora puede pagar los intereses de las reservas bancarias, así que alega que los bancos estarán dispuestos a mantener más reservas para ganar intereses en vez de préstamos. Pero, ¿cuánto más aguantarán los bancos? Seguramente menos que los 500,000 o 600,000 millones de dólares en reservas excesivas.  

Una vez que la economía se recupere, los bancos comenzarán a hacer préstamos a sus clientes y atraer a otros nuevos. La Reserva Federal debe estar dispuesta a dejar que los préstamos y las tasas de los bonos aumenten a medida que los bancos reducen sus reservas. Muchas voces influyentes señalarán que permitir que las tasas aumenten prolongará la recesión. 

Este problema repite las experiencias de 1966-1967, 1969-1970, 1973-1975 y otras fechas. Las presiones externas hacia la Reserva Federal aumentaron cuando la tasa de desempleo alcanzó cerca de 6.5% o 7%, muy por debajo de su nivel prospectivo actual. Esto dio fin al compromiso antiinflación.

Hay sólo una excepción: la deflación Volcker de 1979-1982. Paul Volcker fue el presidente más independiente en la historia de la Reserva Federal. Cuando el presidente Carter lo entrevistó, Volcker le dijo que seguiría una política menos inflacionaria que sus predecesores. Para su sorpresa, Carter dijo: "eso es lo que quiero". Esto reflejo un cambio importante en la opinión pública. Por primera vez el público dijo a los encuestadores que la inflación, que en algún momento alcanzó 17%, era el problema económico más serio que el país había tenido que enfrentar.

Durante las elecciones presidenciales de 1980, el público eligió a Ronald Reagan, quien prometió ponerle fin a la inflación. Las tasas de desempleo superaron el 10% y las tasas de interés a corto plazo alcanzaron 20% durante la deflación. Pero, en menos de dos años, la inflación cayó 4%. Gradualmente entraron a un largo periodo de crecimiento estable, inflación media y recesiones cortas que duraron así hasta 2006.

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La pregunta es si la administración de Obama, el Congreso y la población están dispuestos a tolerar las altas tasas de interés  nominal y un desempleo mayor. Esto es poco probable. El presidente de la Reserva Federal declaró que "en algún momento, cuando la recuperación económica se estabilice, tendremos que ajustar las políticas económicas".

Pero, ya que él y sus colegas no creen que ese punto llegue pronto, para cuando estemos ahí ya será demasiado tarde.

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