El difícil problema del déficit en EU

Estados Unidos está enfrentando los peores déficits desde la Segunda Guerra Mundial; es necesario que ponga manos a la obra para cerrar la brecha que en 2009 podría ser de 13% del PIB.
dolar-mano-billete-bandera-JI.jpg  (Foto: Jupiter Images)

Cuando George Bush entró a la Casa Blanca a principios de 2001, el gobierno federal trabajaba con un excedente presupuestal significativo y proyectaba el aumento de estos excedentes a largo plazo. Ahora, Estados Unidos hace frente a déficits masivos, los peores desde la segunda guerra mundial. Asimismo enfrenta un panorama funesto que posiblemente empeorará en los próximos diez años, e incluso después. ¿Cómo nos metimos en este problema fiscal? Citando a un personaje de la novela clásica de Ernest Hemingway, Fiesta (The Sun Also Rises), cuando éste le pregunta a otro cómo perdió su salud, "de dos formas: gradualmente y después, de repente".

La parte gradual fue una serie de acciones políticas adoptadas durante la administración de Bush. En 2001, la Oficina de Presupuestos del Congreso proyectó que para 2008 el presupuesto tendría un excedente de 4.5% en el PIB. El presupuesto en 2008 tuvo un déficit de 3.2% en el PIB. Casi toda la diferencia es producto de cambios en las políticas (recortes en los impuestos y aumentos en los gastos).

Después, en 2009, todo reventó.

Los mercados financieros colapsaron y la economía cayó de forma dramática. Mientras que la economía comienza a mostrar señales de estabilización, el déficit se ha profundizado y está a punto de ser al menos el 13% del PIB de este año. Cerca de dos tercios de este cambio son producto de la economía en problemas, y la otra tercera parte se debe a las políticas de respuesta a las políticas del declive.

Durante una baja fuerte y cíclica, los grandes déficits no sólo son un mal necesario sino que pueden ocasionar un bien. Mientras que el déficit actual está golpeando, no es un problema en y por sí mismo, sobre todo si cae a niveles más comunes en los próximos años.

Un vistazo al futuro y... no es el mejor

El problema real es el panorama a mediano y largo plazo.

Los analistas han enfatizado que el país está enfrentando un problema presupuestal a largo plazo como consecuencia del rápido crecimiento de antiguos programas de derechos.

Pero ahora, incuso el panorama a diez años en insostenible. Para el año 2019, incluso si todo resulta como la administración de Obama desea y la economía se recupera y crece firmemente durante la siguiente década, el déficit será de 5.5% del PIB (una cifra muy alta incluso en buenos tiempos), y la proporción de deuda al PIB alcanzará 82%, su nivel más alto desde la segunda guerra mundial, y seguirá en aumento.

Y al parecer las cosas no irán tan bien como el presidente Obama espera; la economía ya tuvo peores resultados a los esperados en las proyecciones presupuestales, y las proyecciones se basan en asunciones heroicamente optimistas sobre las disciplinas políticas que el Congreso se impondrá a sí mismo. Por supuesto que el problema se profundizará continua e inexorablemente después de 2019, pues el gasto en salud pública, seguridad médica y social crecerán rápidamente.

Los grandes déficits crónicos son un problema económico serio. Mientras se le presta mucha atención al efecto de los déficits en las tasas de interés, ese efecto es un síntoma de un problema, no el problema en sí.

Si se financian de forma interna, los déficits gradualmente desviarán capital de los usos productivos nacionales, aunque las tasas de interés aumentarán. Esta desviación reducirá la cantidad de capital disponible para los trabajadores estadounidenses, lo que bajará sus salarios y por ende sus estándares de vivienda. Si nuestros déficits se financian desde el extranjero, las tasas de interés no aumentarán mucho, pero los pagos de los intereses de esos déficits regresarán al extranjero.

En cualquiera de los casos, el ingreso nacional futuro de Estados Unidos y sus ciudadanos es reducido, a los negocios se les dificultará más expandirse, y a los propietarios de hogares se les complicará más conseguir un crédito.

Los déficits también pueden afectar la economía de forma más repentina; el prospecto de déficits más amplios y más desordenados puede influir en los miedos de los inversionistas y afectar al dólar y aumentar las tasas de interés de forma seria.

Es momento de actuar, pero no será fácil

El presidente Obama y el Congreso necesitan atender estos déficits fiscales, pero no es tan sencillo. La salud de la economía debe ser su principal preocupación, sobre todo si la mayoría de las proyecciones apuntan a una recuperación lenta y silenciosa después de que la recesión actual llegue a su fin.

Esta continua debilidad económica crea acciones de balance difíciles. Los estímulos fiscales pueden ayudar a la economía a corto plazo, pero las disciplinas fiscales son necesarias a largo plazo.

Entonces, la pregunta es cuándo deberán hacer el cambio los legisladores.

La imposición de disciplinas fiscales tardías amenaza con la aparición de una crisis precipitada en los mercados financieros. La imposición de disciplinas fiscales tempranas amenaza con la debilidad de la recuperación o que empeore la recesión, como ocurrió en Estados Unidos en 1930.

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En realidad, la Gran Depresión consistió en dos declives severos; el segundo comenzó en 1937 cuando el gobierno federal impuso restricciones fiscales.

Los legisladores pueden ensartar esta aguja comprometiéndose con los futuros recortes a los gastos y al aumento de los impuestos, mientras que al mismo tiempo deberán ser cuidadosos con no deshacer el estímulo actual o lastimar los prospectos económicos. Lograr que todo salga bien requiere de suerte, disciplina, imaginación y liderazgo.

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