El ‘viacrucis’ del petróleo mexicano

Será hasta 2012 cuando se construya la nueva refinería de Pemex en Tula, Hidalgo; los expertos califican la competencia entre los estados como un ‘reality show’ politizado.
pemex-petroleo-AP.jpg  (Foto: AP)
Ricardo J. Galarza
CIUDAD DE MÉXICO -

Los bandazos que durante 10 meses dio el Gobierno federal para finalmente terminar adjudicando, a mediados de agosto pasado, la nueva refinería de Pemex a Tula, Hidalgo, han dejado un mal sabor de boca en la opinión pública en general y hasta en los propios interesados en particular.

Algunos analistas han comparado la manera en que se manejó el Gobierno -poniendo a competir a 10 estados federativos por la multimillonaria inversión- con un "reality show" de mal gusto que restó seriedad al proceso. Si a eso se le suma que aun después de haber anunciado con bombo y platillo la adjudicación de la obra por 10,000 millones de dólares (mdd) a Tula, el pasado 14 de abril, permitió que siguiera la competencia entre el gobierno de Hidalgo y el de Guanajuato (que pretendía se hiciera en Salamanca), en una loca carrera por adquirir los terrenos.

"En un principio se aplicó un criterio técnico, pero el plazo para conseguir los terrenos era muy escaso y terminó siendo un proceso totalmente exagerado y politizado", sostiene David Shields, analista del sector energético.

El Gobierno de Hidalgo, encabezado por el priísta Miguel Ángel Osorio Chong, realizó una tarea titánica para adquirir esos terrenos: en sólo 112 días tramitó un préstamo con Banamex por 1,500 millones de pesos (mdp), logró adquirir las 807 parcelas, que reúnen 721 hectáreas (21 más que lo solicitado por Pemex), y entregarlas al Gobierno en tiempo forma. La administración hidalguense pagó a los ejidatarios un precio de 1 millón 400,000 pesos por hectárea, lo que le representó un gasto total de 1,050 mdp. El pago que recibieron los ejidatarios fue bueno, incluso ligeramente arriba, si se compara con los 800,000 o 1 millón 200,000 pesos por hectárea que recibieron aquellos que vendieron terrenos donde se construyó la autopista Arco Norte, ubicada a pocos kilómetros donde se localizará la refinería. Voceros del Gobierno estatal explicaron que los 450 mdp restantes de la operación con Banamex serán utilizados para financiar gastos relacionados a la instalación de la refinería, acondicionamiento de algunos terrenos, obras de mejoramiento vial, entre otros.

Pero ahora, el Gobierno federal cambió la jugada. Originalmente, había previsto iniciar la construcción a finales de 2009, después a mediados de 2010 y ahora será hasta 2012. La administración de Felipe Calderón aduce que ese es el tiempo que necesita, pues la licitación será de carácter internacional. Los expertos explican que esto tiene poca lógica ya que se ha visto casos de licitaciones internacionales en otras obras de infraestructura que se realizan en un plazo de 10 meses.

Malas noticias

La noticia cayó como un balde de agua fría en el gobierno de Hidalgo, que después de haber recibido un apremiante plazo de 100 días para conseguir los terrenos y de que se lo haya puesto a competir en una carrera contrarreloj, resulta que la obra se iniciará dentro de tres años.

Ya al inicio de todo esto, sonaba un poco raro que la premisa fundamental de la que partía el proyecto fuera precisamente que el estado ‘ganador' debiera adquirir los terrenos donde se instalaría la nueva refinería y donárselos a Pemex. "Para empezar, si se trataba de un proyecto tan estratégico y de carácter federal, lo lógico hubiera sido que Pemex adquiriera las tierras", dice un funcionario muy ligado al Gobierno hidalguense. Incluso, el presidente Felipe Calderón ya no pondría la primera piedra, eso es una señal de que ya no les interesaría la obra, según esta fuente que pidió el anonimato.

Otras críticas hechas al Gobierno federal tienen que ver con la viabilidad y, sobre todo, con la rentabilidad del nuevo proyecto. Por ejemplo, Shields, uno de los que más conoce en el país sobre el rendimiento de estos proyectos, se opuso a la construcción de una nueva refinería desde el principio, esgrimiendo que cuando ésta comience a operar en 2015, o más tarde, no va a haber petróleo para abastecerla, pues el declive en la producción de los yacimientos de Cantarell y Ku-Maloob-Zaab estará ya muy avanzado.

Además, eso significaría también reducir la plataforma de exportación, actividad que resulta infinitamente más rentable para Pemex, señala Shields.  El llamado upstream (exploración y producción) siempre ha sido por lejos la actividad petrolera que ha garantizado mayores dividendos; la refinación, en cambio, nunca ha arrojado buenos márgenes.

"La solución no es agregar nuevas refinerías, porque de esa manera nunca acabas", dice Shields. La solución, en este caso y por el momento, era dedicarse a reconfigurar y modernizar las refinerías ya que agregar capacidad de producción en un complejo existente suele ser más rentable y más rápido que construir uno nuevo, según Shields.

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La otra prioridad que se debió haber fijado el gobierno, según el experto, era controlar el consumo mediante un impuesto del tipo carbon tax, como existe en Canadá, e impulsar medidas que promovieran el uso de vehículos más eficientes. Algo a lo que el Gobierno federal no parece encontrarle la cuadratura.      

Hasta algunos formadores de opinión, otrora entusiastas del Gobierno, ahora le salen al cruce por el proyecto de la nueva refinería. El columnista Leo Zuckerman ha dicho que "es irracional", que "no se necesita". A esta altura no se puede dar marcha atrás; y en cualquier caso, la solución no parece estar en patear el inicio de la obra hasta 2012.  

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