Las calificadoras siguen su negocio

Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch jugaron un papel importante en el origen de la crisis crediticia; sin embargo, una reforma para regular la manera en que otorgan calificaciones aún está muy lejos.
grafica-numeros-papel-JI.jpg  (Foto: Jupiter Images)
Colin Barr
NUEVA YORK -

¿Qué vamos a hacer con los glotones guardianes de Wall Street? Por donde lo vean, las agencias de calificación de crédito más importantes (Standard & Poor's, Moody's y su rival más pequeño, Fitch) tuvieron una participación significativa en la inflación de la burbuja crediticia. Las empresas cobraron cuotas gigantescas al bendecir bonos basados en hipotecas de baja calidad. Después, Wall Street dejó los bonos altamente calificados en manos de gente en todo el mundo.  

Cuando los dueños de viviendas no pudieron completar sus pagos hipotecarios, los bonos se volvieron tóxicos, haciendo que el sector financiero colapsara, lo cual afectó a los inversionistas en todo el mundo.

Washington prometió una reforma, pero los planes de cambio que se están discutiendo atenderán muy poco los dos antiguos problemas estructurales.

Primero que nada, las empresas obtienen la mayor parte de su dinero cobrando cuotas de emisores de bonos, lo que crea un espinoso conflicto de intereses.

En segundo lugar, los inversionistas y los reguladores emplean las calificaciones para todo, desde decisiones de inversión hasta requisitos de capital, aunque la precisión de las calificaciones ni siquiera está oficialmente registrada, mucho menos sujeta a un escrutinio significativo.

Así que, mientras la temporada de reformas regulatorias agarra vuelo, hay muy pocas señales que anuncian que un cambio serio sea inminente.

"El papel de una agencia calificadora es ofrecer una evaluación de valor justa e imparcial para poder mejorar la eficiencia de los mercados crediticios", dijo el mes pasado Jerome Fons, un ex director administrativo de Moody's, a la Asociación Nacional de Comisionarios de Seguros.  

"Pero los intereses poderosos prefieren mercados ineficientes para que puedan obtener ganancias de los menos informados", dijo Fons, quien maneja un negocio de consultoría de riesgo. "Defender estos valores requiere de una disciplina heroica, y desde donde yo lo veo, las agencias calificadoras que buscan una ganancia no dan el ancho para este propósito". 

Para asegurarse, las agencias calificadoras subrayan que no van a quedarse quietas; S&P dijo que ha contratado ejecutivos nuevos y ha adoptado nuevas reglas para evaluar valores relacionados con la vivienda y para evitar conflictos de intereses. Moody's ha hecho hincapié en sus esfuerzos por mejorar la transparencia y la consistencia de las calificaciones.

Buenas calificaciones, grandes ganancias

Las agencias calificadoras ya habían tenido desempeños bajos antes. Durante la crisis económica a principios de esta década, eran notablemente un aviso tardío para hacer público algún problema en Enron y WorldCom, e hicieron lo mismo el año pasado con Lehman Brothers y AIG.

Aún tomando en cuenta sus antecedentes de registros disparejos, las ganancias de las agencias calificadoras crecían velozmente hasta que se tocó fondo con el mercado de las viviendas.

Moody's vio como se septuplicaron sus ganancias entre 1997 y 2006, cuando el precio de las viviendas llegó al cielo. Ese año, los servicios financieros rindieron cuentas de tres trimestres de ganancias en McGraw-Hill, la empresa madre de S&P.

Pero los despilfarradores de ganancias en las empresas más importantes se han calmado desde hace algunos años, desde que los mercados comenzaron a tambalearse. Las amenazas provenientes de las prácticas flojas de la antigüedad están volviendo a salir; tomen como ejemplo la demanda levantada en julio por Calpers, el gigante de los fondos de pensiones.

La empresa demandó a las tres grandes agencias calificadoras, culpándolas por 1,000 millones de dólares en pérdidas de deuda emitida por presuntos vehículos de inversión estructurada (SIVs), una de las herramientas favoritas de Wall Street durante el boom. Las agencias calificadoras dijeron que la demanda carecía de fundamentos.

Calpers alegó que las agencias calificadoras fueron negligentes al darle altas calificaciones a algunos bonos que se agriaron desde entonces. La demanda también alega que las empresas estaban "activamente involucradas" en la creación de dichas inversiones dudosas, pues "podían ayudar a los arreglistas a estructurar los acuerdos para poder calificarlos lo más alto posible".

Las agencias calificadoras, sin hacer comentarios específicos referentes a las quejas de Calpers, rechazan la noción de que puedan cruzar la raya para estructurar o vender bonos.

"Nosotros no estructuramos acuerdos, nuestra política lo prohíbe", dijo un vocero de S&P. "Nosotros no estructuramos, ni diseñamos y comerciamos valores de ningún tipo", dijo Moody's. 

Aún así, algunos observadores argumentan que las acciones de las agencias en finanzas estructuradas hayan podido comprometer una defensa legal favorita. Las agencias calificadoras dicen que simplemente son publicadores, y que sus calificaciones son opiniones respaldadas por la Primera Enmienda.

Pero si la mejor parte de las ganancias viene de los bonos que califican esas empresas, "en realidad son más publicadores de orgullo", dijo Daniel Alpert, director administrativo del banco de inversión Westwood Capital. "No hay forma de que la protección de la Primera Enmienda sobreviva a esta ola de litigios". 

¿Poco alcance regulatorio?

Si la situación actual es menos que satisfactoria, los arreglos que buscan el Congreso estadounidense y la Comisión de Valores y Mercados (SEC, por sus siglas en inglés) tampoco son nada significativos.

Este verano, la administración de Obama pidió nuevas reglas que pudieran fortalecer la supervisión de las agencias calificadores por parte de la SEC y que pudieran exigir que manejen mejor sus conflictos de intereses. También dijo que las reglas deben ser rescritas para que los reguladores y los inversionistas no dependan tanto de las calificaciones.

Pero es más fácil decirlo que hacerlo; los estadounidenses presintieron esto el otoño pasado, después de que AIG se tambaleara y fuera sostenida con financiamiento por parte de los contribuyentes que eventualmente se acumularon para ser mas de 180,000 millones de dólares. 

El talón de Aquiles de AIG resultó ser un conjunto de miles de millones de dólares en swaps crediticios morosos que emitió para ayudar a los bancos europeos a reducir sus requisitos de capital. Lo que sucedió fue que los bancos europeos pagaron a AIG por calificaciones triple A que les permitieron prestar fondos de reserva en vez de guardarlos como protección contra posibles pérdidas.

Mientras que las agencias calificadoras obviamente no ocasionaron la implosión de AIG, las aflicciones de las aseguradoras muestran verdaderamente lo integrales que se han vuelto estas tres grandes empresas para el sistema financiero.  

"El sistema ha sido estructurado para depender significativamente de las calificaciones", dijo Matthew Richardson, profesor de finanzas de la Universidad de Nueva York. "Es muy difícil regresar ese genio a su botella".

Pero si a Washington no se le ha ocurrido una solución viable todavía, no hay razón para desesperarnos. Hay suficientes propuestas para cambiar el llamado modelo de "el que emite, paga" y para mejorar el proceso de aprobación y supervisión de empresas calificadoras registradas a nivel nacional. 

Richardson agregó que sólo tomará un poco más de tiempo para que los legisladores revisen todas sus opciones. Después de todo, los fracasos bancarios masivos y las crisis de financiamientos han sido prioridad hasta ahora.

"Esto fue parte de la crisis, no el centro de la crisis", dijo. "Tomará algo de tiempo hacer que esta pieza del rompecabezas encaje bien".

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