Norteamérica y Europa van por un TLC

Los políticos europeos y norteamericanos buscan generar el acuerdo comercial más grande del siglo; el proyecto crearía una región libre de impuestos de 35.2 bdd en PIB anual.
mundo  (Foto: Jupiter Images)
Erik Heinrich
TORONTO -

Ni Franz Kafka habría soñado con tal cosa.

La primavera pasada, el primer ministro de Canadá, Stephen Harper, y el de República Checa, Mirek Topolanek, se reunieron con autoridades de la Unión Europea provenientes de Bruselas. El evento ocurrió en un castillo medieval en Praga, famoso por la novela más obscura de Kafka, donde idearon un plan para crear el tratado de libre comercio más grande del siglo XXI. 

¿Cómo es que de una conferencia rutinaria entre Canadá y Estados Unidos derivó en un acuerdo de esta magnitud? (En ese entonces, la República Checa estaba a cargo de los acuerdos comerciales del bloque, responsabilidad que rota entre estados miembro cada seis meses). La respuesta más simple es que después de años de calentar motores, Canadá y Estados Unidos finalmente acordaron comenzar negociaciones de un tratado de libre comercio (TLC).

Eso se aleja mucho de la trama villanesca para dominar el mundo de una novela de James Bond, pero si recapitulamos lo que pasó la semana pasada en Ottawa, Canadá, donde la primera ronda de negociaciones entre Estados Unidos y Canadá alcanzó una conclusión exitosa, con ambos lados mostrando optimismo ante el hecho de que se pueda firmar un tratado durante el verano de 2010.

Cuando eso ocurra, comenzará a impulsarse el objetivo primordial del acuerdo de Praga: una zona de comercio del TLCAN y la Unión Europea que podría fijar la balanza contra el emergente poder económico de la fortaleza de Asia y la ascendencia del grupo de países llamado BRIC (Brasil, Rusia, India, China).

"Estados Unidos perderá su posición de liderazgo a menos que se le ocurra una nueva estrategia", dijo Steven Schrage, especialista en negocios internacionales del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), en Washington. "Integrar a la Unión Europea con el TLCAN tiene sentido".

El comercio bilateral entre la Unión Europea y Canadá es de cerca de 100,000 millones de dólares anuales, menos de 20% del total entre Estados Unidos y Canadá bajo el TLCAN. Una zona de comercio transatlántico entre el TLCAN y la Unión Europea involucrará a cerca de 1,000 millones de personas y representará 35.2 billones de dólares en PIB anual, más de la mitad del total mundial. 

La eliminación de aranceles es sólo una pieza del rompecabezas del libre comercio. "Los beneficios más importantes se obtendrán de la integración económica", dijo Jayson Myers, presidente de Fabricantes y Exportadores Canadienses (CME, por sus siglas inglés), la asociación industrial y comercial más grande del país. Con eso se refiere al aumento de la inversión extranjera directa, al mejoramiento de la movilidad laboral y al libre acceso a presupuestos gubernamentales. 

En contraste con el Producto Interno Bruto (PIB) combinado de los 10 miembros de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN), el de China e India fue de 7 billones de dólares en 2008, según el Fondo Monetario Internacional. Esa no parece ser una amenaza inminente a la supremacía económica occidental, pero Asia no está sola: se han firmado cerca de 140 TLCs bilaterales en la región durante la última década.

Lo más significativo es que la ASEAN y China están en vías de lograr reducciones de aranceles significativas en 2010. Además, India está por unirse al bloque comercial después de haber firmado un TLC con la ASEAN a principios de este año, lo que creará una zona comercial de cerca de 3,000 millones de personas durante los próximos diez años. Goldman Sachs calcula que para el año 2050, las tres economías más grandes del mundo serán China, Estados Unidos e India (en ese orden), comparadas con Estados Unidos, Japón y Alemania, las tres economías más grandes del mundo hoy. Eso representa un cambio significativo del G7.  

Es muy probable que el acuerdo entre el TLCAN y la Unión Europea deba hacer frente a oposiciones importantes. "Será difícil de convencer a los estadounidenses", dijo el economista Many Grauman, de CIBC World Markets, en Toronto, dejando ver que Canadá es mucho más dependiente en materia de exportación para el crecimiento económico que su socio comercial más grande.

Puede ser difícil convencer de un TLC con Europa, pero la unión de bloques comerciales existentes es probablemente inevitable, dijo Schrage, de CSIS, quien ha encabezado puestos importantes en el Departamento de Estado en Estados Unidos y ha ayudado a negociar acuerdos de alto nivel con naciones del G8.  Resaltó que la administración de Bush contemplaba ya un acuerdo entre el TLCAN y la Unión Europea, pero no logró ponerlo en marcha. "Ahora la corte de la administración de Obama tiene la pelota", dijo Schrage. "Si quieren que esto ocurra, pueden hacerlo de forma expedita".

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Los esfuerzos de la Organización Mundial de Comercio para reducir las barreras comerciales durante las pláticas de la ronda de Doha ya tocaron pared. La razón principal es que los países desarrollados dirigidos por la Unión Europea, Estados Unidos y Japón, no logran llegar a un acuerdo sobre nuevas reglas que marquen la pauta de los aranceles industriales y agrícolas con países en vías de desarrollo como India, Brasil y China.

Los fracasos de la OMC representan un incentivo adicional para que el occidente acelere los vínculos comerciales. Aún así, dado el sentimiento proteccionista que está tomando fuerza en Estados Unidos, junto con la controversial posición del presidente Obama que fomenta la compra de productos nacionales, hacer que la economía más fuerte del mundo expanda sus fronteras de libre comercio será una batalla complicada, al menos en el futuro inmediato.

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