El valor del yuan, tema en reunión G20

Los ministros de Finanzas del grupo alistan una análisis de las políticas económicas de los países; buscarán examinar la valuación de la moneda china y el papel de sus exportaciones en el mundo.
PARÍS, (CNN) -

Seis semanas después de que los líderes mundiales prometieran rebalancear la economía global, los ministros de Finanzas recogerán el guante el viernes, en una reunión donde la reticencia de China a revaluar su moneda será uno de los principales obstáculos a favor de ese objetivo.

Los ministros y los responsables de los bancos centrales del Grupo de los 20 se darán cita en la ciudad escocesa de St Andrews, por primera vez desde que en septiembre los jefes de Estado de la agrupación apoyaron la idea de paliar los desequilibrios económicos globales.

El desafío inmediato no será tanto enfrentar desequilibrios específicos, sino que girará en torno a lograr consenso sobre el compromiso para permitir que las políticas económicas de los países sean revisadas a nivel internacional, según se desprende de declaraciones formuladas a Reuters por varios funcionarios en los últimos días.

La lista que los ministros de Finanzas recibieron de los jefes de Estado del G20 incluye "iniciar un proceso cooperativo de evaluación mutua" para noviembre, lo cual contempla supervisar las políticas económicas de cada país y su impacto sobre el crecimiento global, de acuerdo con un comunicado publicado tras la cumbre de septiembre.

"En St. Andrews se puede elaborar el marco de trabajo de los líderes, identificar principios y evaluar cuán rápido y dónde China está preparada para actuar primero, y qué quiere a cambio", dijo John Kirton, un experto en temas del G20 en la Universidad de Toronto.

Entre otras cosas, enfrentar los desequilibrios económicos implica que las economías orientadas a la exportación, como China, promuevan sus mercados internos, lo que reduciría sus enormes superávits fiscales y en consecuencia achicaría los déficit de otros países, entre ellos el de Estados Unidos.

También requiere que economías desarrolladas con superávits comerciales, como Japón y Alemania, hagan lo mismo. Las políticas cambiarias tienen la llave de cualquier ajuste.

Pekín permitió que su moneda, el yuan, se apreciara gradualmente por algunos años tras una revaluación en el 2005, pero desde el inicio de la crisis del crédito ha mantenido la divisa en un rango bien firme.

Si bien Francia ha reclamado que la zona euro no debería ser la única región que cargue con el ajuste de las monedas, el jefe del banco central francés, Christian Noyer, sugirió esta semana que el área monetaria podría convivir con eso siempre y cuando no se aceleraran las fluctuaciones cambiarias.

El euro está "sólo levemente por encima de su promedio de largo plazo", afirmó Noyer.

Debate sobre monedas

Por su parte, Tokio dice que tiene voluntad de hacer lo suyo para enfrentar los desequilibrios comerciales, mediante un crecimiento del peso de la demanda interna en la economía del país.

Pero en un indicio de los límites de las buenas intenciones, Yoshihiko Noda, que representará al ministro de Finanzas Hirohisa Fuji en St Andrews, dijo a Reuters la semana pasada que los países deberían evitar competir entre ellos para debilitar las monedas, pero que ello no significa necesariamente que Tokio acepte un yen fuerte.

Las declaraciones que realizaron diversos funcionarios en los últimos días sugiere que hay poco apetito para discutir sobre los tipo de cambio en St Andrews, más allá de un debate en términos muy generales.

El ministro de Finanzas de Canadá, Jim Flaherty, dijo a la prensa el lunes que es habitual mencionar temas como la caída del dólar o la poca flexibilidad de las monedas asiáticas, pero otras fuentes señalaron que el tema no ocuparía un lugar prioritario en la agenda del encuentro.

Es más común que los tipos de cambio se discutan en el más selecto Grupo de los Siete que en el G20, que incluye a países como Indonesia y Argentina además de China, India, Rusia, Brasil y a grandes economías industrializadas.

Los ministros reiterarían su compromiso para enfrentar los desequilibrios globales, pero no suscribirían metas para lograr ese objetivo.

"Reafirmaremos la necesidad de compartir un objetivo común, pero no surgirán metas numéricas", dijo un funcionario del G20 con la condición de que su nombre no sea revelado.

Los líderes del G20 dicen que el Fondo Monetario Internacional debería jugar un rol de árbitro y se espera que los ministros discutan los mecanismos para implementar ese papel.

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"Dar al FMI un mandato más fuerte para supervisar las políticas macroeconómicas de los países del G20 fue un paso en la dirección correcta", consideró Eswar Prasad, profesor de la Universidad Cornell y ex funcionario del FMI.

"Los ministros de Finanzas necesitan desarrollar un mecanismo de control para hacer más creíbles sus compromisos. De otra manera, una supervisión más estricta del FMI no tendría impacto y las grandes economías seguirán jugando cada una con sus propias reglas", sostuvo Prasad.

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