EU y su complicado sector automotriz

El Congreso estadounidense dificulta la recuperación del sector al dar fondos a las concesionarias; GM y Chrysler intentaron reducir su distribución, pero enfrentaron el rechazo de los legisladores.
gm-autos-AP.jpg  (Foto: AP)
Alex Taylor III
NUEVA YORK -

Nunca subestimen la capacidad del Congreso de permitir pensamientos a corto plazo para lograr resultados a largo plazo, o contemplar ambos lados de la moneda.

Hace un año, cuando las tres mayores automotrices de Detroit pidieron ayuda federal, los legisladores aprovecharon cada oportunidad para quejarse de lo mal que las automotrices manejaban sus negocios.

Un comentario característico fue el del republicano John Boehner, líder minoritario en la cámara, quien se quejó de que a los contribuyentes se les estaba pidiendo "aumentar los subsidios a un modelo de negocios que no satisface las necesidades de los trabajadores y consumidores estadounidenses".

Pero cuando General Motors y Chrysler intentaron mejorar su negocio disminuyendo su distribución, el Congreso decidió que los concesionarios, al igual que los granjeros necesitaban protección del Gobierno federal.

La semana pasada, los líderes del senado y de la Cámara baja aceptaron una propuesta para dar el derecho de arbitraje a las concesionarias de GM y Chrysler cerradas, que se dice ahora son mas de 2,000. En otras palabras, el Congreso después de quejarse de que ambas compañías no lograban registrar ganancias, está imponiendo un nuevo requisito que les dificultará aún más lograrlas.

Un gran concesionario conocido por sus discursos imparciales dijo que esta acción es "totalmente descabellada". Explicó que "el Congreso quería que las concesionarias se reestructuraran y se volvieran competitivas y ahora quiere cambiar las reglas para volverlas menos competitivas otra vez".

Parece ser que esa lógica no fue considerada en el Congreso. El líder de la mayoría en la cámara, Steny Hoyer, misteriosamente declaró que las concesionarias y las automotrices necesitaban un proceso "que diera a las concesionarias la oportunidad de pertenecer abiertas, mientras respetaba la necesidad de las compañías para volver a ser rentables.

Éste es el equivalente legislativo de tenerlo y aprovecharlo todo.

Más concesionarias implican mayores costos y menor satisfacción del cliente.

La única razón por la que muchas de ellas siguen en el negocio es que los préstamos a las franquicias en cada estado dificultan la terminación de las concesionarias fuera de la bancarrota.

Como las automotrices señalaron en las audiencias del Congreso, sus grandes redes de distribución fueron creadas en la década de los 50, y le cuestan a las compañías miles de millones de dólares en costos de apoyo, pagos de incentivos y otros gastos.

Los legisladores están preocupados por la protección de los constituyentes locales. "Las concesionarias en estos pueblos pequeños son como el corazón del lugar", dijo el senador Tom Udall, en las audiencias de este año. "Apoyan a la liga más pequeña y eso me preocupa".

Para asegurarse, las compañías automotrices, sobretodo Chrysler, manejaron pobremente sus razonamientos de las concesionarias. Había historias de concesionarias que pedían grandes cantidades de autos nuevos por parte de Chrysler, sólo para enterarse de que las cerrarían un par de semanas después, quedando con bodegas llenas de autos sin vender.

Pero muchas concesionarias no eran financieramente viables, sobre todo con la venta de autos a una tasa de 10 millones al año, en vez de 16 millones. Según un informe, cerca de 80 concesionarias de Chrysler que siguen en el negocio no han logrado obtener financiamiento de ningún banco, incluyendo a GMAC, y esa no es una buena señal. "La naturaleza nos envió el mensaje de que en este ambiente se necesitan menos concesionarias, pero más grandes y fuertes", dijo una de las concesionarias fuertes.

Aceptando los requisitos del capitalismo, el proceso de arbitraje acordado requiere que el negocio general de las automotoras sea considerado, así como la forma en la que las concesionarias midieron sus objetivos de desempeño, y el criterio corporativo empleado para cerrarlas.

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Medir esos criterios requerirá de mucha sabiduría que pondrá al arbitraje tradicional muy simple en comparación, pero cuando el gobierno se involucra en los negocios, el proceso normalmente es sucio y el resultado es menos satisfactorio.

 

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