Expertos ven dificultad en plan de Obama

Si el Congreso secunda la iniciativa, los bancos verán el desorden que hicieron; críticos consideran que las intenciones de Obama son buenas, aunque complicadas.
Barack Obama  (Foto: CNN)
WASHINGTON -

Con la ley Volcker, Obama finalmente ha presentado una manera de reformar Wall Street que responde a la magnitud del problema.

No más medidas tibias, el presidente atajó el tema, y si el Congreso secunda su iniciativa, quizá por fin los bancos se den cuenta del desorden que ocasionaron.

El núcleo de la idea de Obama es fácil de resumir: Que el banco separe las operaciones más riesgosas de las partes que son vitales para el funcionamiento de la economía, como son los depósitos y créditos a individuos y negocios. Los bancos que tengan depósitos asegurados por el Gobierno o que hayan recibido préstamos de la Reserva Federal no podrán usar ninguno de esos fondos para jugar en los mercados financieros. 

El problema radica en resolver cómo funcionará esta separación en la práctica. Los críticos señalan que las intenciones son buenas, pero que establecer una línea divisoria entre la banca comercial y las operaciones de alto riesgo es más difícil de lo que se cree.

"En la banca comercial otorgas préstamos; en la banca de inversión comercias con títulos valores. La cosa es que los préstamos se han convertido en instrumentos comerciables. No puedes decirme las características que hacen que un préstamo sea diferente a un título" sostiene Doug Elliott, miembro del Brookings Institution y antiguo banquero de inversión.

Elliott añade que los bancos de alguna forma sirven mejor a sus clientes si maximizan el rendimiento de su dinero. Lo que para una persona parece un riesgo, para otra es una práctica mercantil necesaria.

La otra problemática es si la ley Volcker (llamada así por Paul Volcker, el respetado ex presidente de la Fed que ha sido durante meses el único defensor de la idea) podría haber servido para prevenir la última crisis.

Algunos escépticos opinan que la crisis crediticia no fue originada por los fondos hedge internos (in-house) o de capital riesgo. La causa fueron los malos préstamos, pura y llanamente, que luego se agravaron con los derivados del mercado extrabursátil y los swaps de riesgo crediticio.

Más allá de los detalles, que deben ser ultimados por la Casa Blanca y el Congreso en los próximos meses, los bancos han juzgado mal a Washington. Wall Street ha emprendido un cotraataque en el peor ambiente político posible: la debacle de la reforma sanitaria ha orillado a los demócratas a encontrar un tema más popular para atacar, y en esta economía, lo más evidente es ir tras Wall Street.  

Los republicanos, por su parte, han probado tener la extraña habilidad para oponerse a todo lo que apoyen los demócratas, pero ponerse del lado de los ejecutivos bancarios es mucho incluso para ellos. Y Obama lo sabe, tanto que ayer sentenció: "Si lo que quieren es pelea, estoy listo para darla".

Los bancos, desde luego, tampoco se han ayudado a sí mismos al no mostrar arrepentimiento alguno. Al menos, varios presentes en las comparecencias del Congreso dicen haber escuchado al CEO de Goldman Sachs, Lloyd Blankfein, admitir que el banco se había conducido de forma "inapropiada". 

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Pero el banco enseguida difundió la siguiente declaración: "El señor Blankfein estaba respondiendo a una serie de afirmaciones que culminaron con una pregunta hecha bajo el supuesto de que una firma vendía un producto que sabía caería en impago. El señor Blankfein acordó que, si tal supuesto fuera cierto, la práctica sería inapropiada. Pero el señor Blankfein no dijo ni cree que Goldman Sachs se condujo inapropiadamente."

Para cuando esta ley haya sido aprobada por el Congreso, los bancos ya se habrán arrepentido del enorme apego que le tenían a sus ganancias. 

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