Wall Street no hace amigos, crea riqueza

Hace 10 años se alcanzó la cima de la burbuja que estallara la primera crisis de este milenio; desde entonces Wall Street no ha cambiado, su tarea no es ayudar a un país o al mundo.
inversion-lupa-mercado  (Foto: Archivo)
Allan Sloan
NUEVA YORK -

Salgan de la rutina, porque es momento de celebrar (¿o lamentar?) el 10° aniversario de uno de los eventos financieros épicos de nuestra época: la cima de la enorme burbuja de las acciones de marzo de 2000. Ese fue el mes en que los índices Nasdaq, Standard & Poor's 500 y Wilshire 5000 lograron nuevos puntos máximos, y después cayeron como nunca (los industriales del Dow crecieron ese enero, pero a nadie le importaron sus insignificantes 30 acciones).

Y no, no están leyendo otro artículo sobre "la década del infierno" y los 3.6 billones de dólares del valor del mercado de acciones que, según Wilshire Associates, se desvanecieron desde que el índice Wilshire 5000 llegó a su clímax el 24 de marzo de 2000, (el S&P también llegó a su punto máximo el mismo día, dos semanas después de que lo hiciera Nasdaq).

Lo que quiero es mostrarles cómo, aún cuando cambió la opinión general de Wall Street y de los mercados y del papel del Gobierno de Estados Unidos, las instituciones involucradas no han cambiado, y tal vez nunca lo harán. Como inversionistas, o como simples ciudadanos, deben recordar eso.

El asunto está así: por una generación (de agosto de 1982 a marzo de 2000), las acciones estadounidenses tuvieron su mejor condición en la historia. El S&P daba rendimientos de casi 20% al año, incluyendo los dividendos reinvertidos. Ustedes duplicaron su dinero en menos de cuatro años, y lo cuadruplicaron en poco más de siete años. La gente puede acostumbrarse a eso, y durante una generación, muchos lo hicieron. El crecimiento de las acciones ayudó a pagar los retiros, universidades, y a balancear los presupuestos federales y estatales. No ahorramos, pero a nadie le importa, porque el mercado nos estaba haciendo ricos.

Pero eso llegó a su fin hace una década, aunque el S&P y Wilshire marcaron nuevos puntos altos en 2007 antes de volver a hundirse. Ahora, con Wilshire y el S&P, 21% y 27% abajo respectivamente de sus puntos altos de 2000 (al cierre del mercado el lunes pasado), y con el Nasdaq repleto de acciones tecnológicas un 55% abajo, el amorío de Estados Unidos con los papeles se convirtió en una relación de odio. La gente también odia a Wall Street por razones obvias y entendibles. Durante el mercado alcista todos participamos, pero ahora, con millones de personas afectadas por la Gran Recesión, las empresas ya se despreocuparon, y apenas se molestan en pagar a los contribuyentes que ayudaron a rescatar al sistema financiero mundial.

Pero no deberían ni amar como hace 10 años ni odiar como ahora a Wall Street; sólo deben entender que el objetivo de éste es hacer dinero para sí mismo, no ayudar a un país o al mundo entero. 

Asimismo, la Reserva Federal (amada durante los días de gloria de Alan Greenspan y ahora odiada por todos) sigue siendo lo que fue desde su fundación en 1913: guardiana del sistema financiero. Esto significa mantener vivas a las instituciones, y fue lo que hizo hace dos años, cuando el fracaso financiero mundial se vio cerca, y hubiera costado millones de empleos. Eso ocurrirá de nuevo si se acerca otra.

En retrospectiva, la Reserva Federal (Fed) y el departamento del Tesoro fueron muy buenos con las grandes compañías de Wall Street, pero había pánico, y el Gobierno hizo lo mejor que pudo. Aunque no fue suficiente, fue mejor que haber dejado que el mundo financiero colapsara.

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Sin importar cuántas "reformas financieras" se aprueben en Washington, Wall Street encontrará la forma de sacar ventaja a expensas nuestras. Eso es lo que hace, y para defendernos debemos cuidarnos a nosotros mismos, y recordar que no hay tal cosa como comidas gratis ni inversiones de bajo riesgo y de altos rendimientos (¿se acuerdan de Madoff?). No se vuelvan codiciosos como lo hicieron muchas personas durante los últimos momentos del mercado alcista porque a las acciones les ha ido muy bien por mucho tiempo.

El mercado no era benigno durante los años alcistas, y no es maligno ahora. Sólo es... el mercado. Él se cuida a sí mismo, y es mejor que ustedes también se cuiden viviendo por debajo de sus medios, haciendo su tarea y siendo cuidadosos y escépticos. Eso, amigos míos, es la verdadera lección que deben aprender en este aniversario.

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