China, lejos de paso japonés

El país asiático crece a altas tasas, pero ¿sus compañías podrán innovar como las niponas?; el estado comunista no goza de firmas como Sony, Panasonic o Toyota para competir a nivel mundial.
yua-dinero-china-japon  (Foto: CNN)
Michael Elliott

¿Cuál crisis económica? Después del problemita del invierno pasado, China está creciendo a más de 8% al año, y la escala y la velocidad a la que ese país está construyendo una infraestructura moderna es impresionante.

Pero una vez que comprenden las métricas (el tamaño de su excedente comercial, los miles de kilómetros de vías de alta velocidad, los nuevos puertos y autopistas), tenemos que preguntarnos algo: claro que China puede crecer, pero ¿sus compañías pueden innovar?, ¿pueden construir productos que puedan competir en el mercado global?

A simple vista es una pregunta ridícula. Las universidades en China están produciendo cientos de miles de científicos e ingenieros; sus genios computacionales son legendarios; y no sólo porque parecen ser los mejores hackers y copiadores de propiedad intelectual del mundo.

Los capitalistas de riesgos hablan de la conmoción de ver a las empresas nuevas en China, diciendo que les recuerda a Silicon Valley cuando apenas comenzaba. Aún así, vale la pena recordar que el enorme crecimiento económico de China no fue ocasionado por las firmas innovadoras privadas, sino que es consecuencia de un boom de préstamos bancarios dirigido por el Gobierno, muchos de ellos hechos empresas nacionales favorecidas. 

Si piden a los consultores administrativos que enlisten las compañías chinas más conocidas y admiradas por el mundo, muchas de ellas serán del género de infraestructura e industrias básicas, como los gigantes petroleros CNOOC y Sinopec.

Pero no me malinterpreten, muchos de estos negocios son de clase mundial. Normalmente tengo mejor recepción móvil en zonas rurales de China que en Westchester en Nueva York, y estoy hablando de una compañía, China Mobile, que con regularidad suma 4 millones de clientes al mes. Pero al menos parte del éxito de la firma depende del acceso privilegiado al capital y a sus fuertes relaciones con la estructura de energía de la nación.

Una comparación ilustrativa es el surgimiento de Japón como una potencia económica global después de la Segunda Guerra Mundial. Como nos hemos acostumbrado tanto a la posición económica de Japón desde que reventó su burbuja en 1989, es fácil olvidar lo extraordinaria que fue la recuperación posguerra del país nipón, y lo diferente que es de la que estamos viendo en China. 

Sí, el estado japonés tuvo un papel importante: los burócratas en el poderoso Ministerio de Comercio e Industria Internacional intentaron, con diversos resultados, elegir a los ganadores, y los bancos reservaron sus préstamos para los corporativos favorecidos. Pero el crecimiento de Japón fue dirigido por las compañías privadas que invertían en sus propias tecnologías.

Otra diferencia es que muchos de los negocios más grandes de China están compuestos por compradores de activos extranjeros, como empresas, al parecer, de la mitad de Australia. Los líderes corporativos de Japón eran exportadores hace 50 años, no eran compradores. No era cuestión de encontrar nuevos mercados fuera de Japón, sino, lo que es más importante, los líderes posguerra de la nación comprendieron que si sus firmas eran exitosas, tendrían que competir con las empresas establecidas en el mundo desarrollado.

Fue así como su tecnología, diseño, mercadeo y servicio al cliente se volvieron de clase mundial. Y fue así como salieron al mundo, con todo y la hostilidad que aparentaban. Cuando Sony abrió una exhibición en Manhattan en 1962, fue la primera vez que la bandera japonesa apareció en Nueva York desde la guerra.

Claro que ninguna analogía es perfecta. Tal vez no vemos a las firmas chinas más innovadoras porque no tienen motivos para mostrar de qué están hechas. Sony, Panasonic, Toshiba, Honda y Toyota tuvieron que exportar; pero el mercado nacional de China es potencialmente más grande que el que podría tener el país nipón.

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Como asunto político, lo que cuenta para los líderes chinos es el desarrollo económico interno de China, no si sus compañías privadas son competidores a nivel mundial. Un amigo mío, capitalista de riesgo, habla del enorme talento potencial de China en cuanto a la innovación y conjeturas que no podemos ver aún porque no comprendemos lo suficientemente bien su mercado nacional.

El Japón de la posguerra muestra un aprendizaje clave: cuando las empresas locales están expuestas a la competencia en los mercados internacionales, pueden desarrollar verdaderamente los productos innovadores y las tecnologías que pueden cambiar al mundo. ¿Las compañías chinas podrán hace eso? Ya veremos.

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