Italia no se ve reflejada en Grecia

El país europeo está en una situación económica complicada, y su déficit es similar al griego; pero su cultura y sociedad los conmina a ver la vida y la economía sin mucha preocupación.
gondola-venecia-italia  (Foto: Jupiter Images)
MILÁN (AP) -

Mientras Grecia obtiene un respiro temporal de los problemas creados por su deuda soberana, ¿será Italia el próximo país de la zona del euro que encare una crisis crediticia?

El país cuenta con un nivel de endeudamiento muy alto; carece de perspectivas reales de crecimiento; y está gobernado por un líder acosado por los escándalos.

Los italianos, por naturaleza, son propensos a vivir para el momento y no parecen excesivamente preocupados: cuentan con elevados niveles de ahorro, un turismo pujante, marcas registradas importantes, y un historial de salir de las adversidades.

Mientras Grecia intenta superar sus cuantiosos apuros económicos, los ‘euroescépticos' tienen sobrados motivos para mirar a Italia con recelo. La deuda soberana alcanza el mismo nivel de la griega, el 115% del PIB, y su economía se contrajo el año pasado un 5%  (una de las mayores caídas de la eurozona), y seguramente apenas logrará crecer este año.

Los funcionarios italianos (respaldados por los economistas) insisten que el elevado nivel de ahorro del país, su experiencia en lidiar con el déficit, y una prudente gerencia fiscal en esta recesión han logrado que la nación vaya campeando el temporal.

Los economistas e inversionistas debaten si la 'i' en PIGS (la siglas utilizada por algunos economistas para referirse a los países europeos en riesgo de caer en mora de pagos formada por los nombres en inglés de Portugal, Italia, Grecia y España, y que en inglés significa cerdos) se refiere a Irlanda o a Italia. Otros han propuesto aumentar ese acrónimo a PIIGS. Los italianos dicen que "si la vida te ha dado limones, haz limonada".

La agencia de clasificación de riesgos Fitch ha indicado que la clasificación de AA que goza el país, es  porque le considera estable. Como resultado de ello, aunque Italia comparte algunas de las aflicciones de Grecia (corrupción además de la deuda y el lento crecimiento) sus costos de endeudamiento no son elevados.

Y además, la deuda italiana tiene un vencimiento mucho más dilatado y su diferencia en los intereses a los que ha sido contratado el dinero prestado, frente a la deuda de referencia del marco alemán, es mucho más chica que la de Grecia.

Esa situación puede obedecer a la naturaleza de la tierra y su gente.

Después de todo, Italia es un país en el que la postguerra estuvo presidida por una serie de gobiernos de corta duración cuyo rápido ascenso y caída apenas preocupaba a las masas.

Cuando los problemas afectan a la población, los italianos suelen depender en gran manera de sus familias que, gracias al crecimiento de la Italia de la postguerra, ha podido crear cómodas redes sociales que han mitigado el reciente estancamiento de la expansión económica, bajos salarios e incierto desempleo.

Esa tranquilidad italiana puede ser puesta a prueba pronto por sus vulnerabilidades.

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Empresas grandes como Fiat y otras chicas o artesanales han utilizado ventajosamente el sistema único italiano de despidos temporales con una paga máxima del 80% gracias a un fondo costeado por el Gobierno y la industria, lo que ha permitido a las empresas cesar su producción durante periodos de escasa demanda mientras mantiene los lazos de los empleados con la empresa.

Ello ha maquillado el desempleo, que hasta ahora se ha mantenido relativamente estable en el 8.2%, y ha evitado el colapso de la demanda interna. Ahora, tras 18 meses de crisis, ese sistema (que sólo puede ser usado por 52 semanas en un plazo de dos años) está a punto de expirar.

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