Amenazas globales: cinco retos para 2010

Las sociedades democráticas deben demostrar que pueden tomar decisiones difíciles, pero correctas; es el año del tigre, y eso hora de tomarlo por el rabo y prepararnos para el próximo gran desastre.
trageida-mundo-desastre-peligro-mundo-1  (Foto: Jupiter Images)
Larry Brilliant

San Francisco acaba de celebrar el año nuevo chino, un gran evento con un desfile, fuegos artificiales y mucha fiesta. Cambiamos del año del buey al año del tigre. Perfecto: 2009 tuvo una obstinación muy al estilo de un buey, azotado por la crisis económica que jaló hacia abajo a la gente, a los gobiernos y a las economías. Aún así, 2010 es inminentemente tigresco. Estamos enfrentando varios asuntos terriblemente complicados este año; si los tigres fueran amenazas globales, este año tendríamos a muchos por el rabo.

Soy parte de un comité que mide riesgos catastróficos en el Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés), y soy copresidente de un comité nacional de riesgos biológicos establecido por la directiva presidencial. También encabezo una nueva organización, el Fondo de Amenazas Globales Skoll, que se concentra en las amenazas que podrían destruir al mundo si se dejan pasar por alto. 

El Fondo es nuevo, sólo tiene seis meses que Jeff Skoll comenzó esta nueva entidad, y estamos intentando encontrar la forma para ayudar a mitigar los riesgos del cambio climático, escasez de agua, pandemias, proliferación nuclear y conflictos en Medio Oriente.  

Hay algunos denominadores comunes en estas amenazas, que en gran parte son comunes para otros problemas globales graves, como el derrumbe del sistema financiero, las fallas de gobernabilidad global y los problemas con los que lidia nuestro WEF. Para muchos de estos factores, el año del tigre será un parte-aguas, una intersección, y aquí están los cinco denominadores comunes.

1. Comunicación

En general, la sociedad desempeña un pésimo papel comunicando que las amenazas globales de las que hablé son riesgos reales que nos podrían afectar a todos, y cuando lleguemos a ese punto podría ser demasiado tarde. Un ejemplo es Henry ‘Hank' Paulson y la crisis económica de Estados Unidos. Las cosas estuvieron bien hasta que ya no lo estuvieron, y se pusieron bastante mal muy rápido. La presidencia de George Bush no logró manejar las expectativas o comunicar las causas y el curso de la crisis. La forma en que se presentaron los riesgos de la pasividad, y el miedo palpable en los ojos de Paulson y otras autoridades, empeoraron la crisis, lo que aumentó el miedo, la parálisis y la pérdida de empleos.

En el caso de las pandemias, la Organización Mundial de la Salud (OMS) emplea un sistema de clasificación que a los no epidemiólogos les suena como una alarma de huracán. La mayoría pensaría que una pandemia categoría 5 sería del tipo desastroso de Katrina en Nueva Orleans, pero como agencia mundial, la OMS adaptó un sistema para evaluar la cantidad de países y regiones afectadas, así que sus categorías describen la magnitud, no la tasa de mortandad. Mientras que la Influenza AH1N1 se volvió uno de los desastres más amplios en la historia de la humanidad, no tuvo la tasa de mortandad con la que normalmente asociamos una pandemia. En este caso es un matiz, pero uno confuso. ¿La gente tomará con menos seriedad la próxima pandemia más letal ahora que sobrevivieron a una tibia?

2. Incertidumbre

Todos los riesgos comparten incertidumbre cualitativa y sobre todo cuantitativa. La incertidumbre científica y de los resultados, así como de las consecuencias de cualquiera de las intervenciones, son comunes en la mayoría de estas amenazas globales. Eso mantiene despiertos a los científicos, pero a los actuarios, a los fondos de cobertura y a las empresas de seguros les da trabajo. Soy epidemiólogo e informamos nuestra ciencia en "intervalos de confianza". En alguna ocasión escribí un ensayo que mostró cómo la confusión agrícola en Michigan ocasionó que un químico industrial, el PBB, contaminara la cadena alimenticia llegando a la leche de madres lactando. No pude calcular cuántas mujeres de Michigan tenían PBB en su leche, pero calculé que más de 8 millones de madres contenían el químico, y lo hice "con una confianza de 85%". Claro que los fabricantes del químico estaban furiosos, pero la necesidad inmediata de la acción de salud pública era lo más importante. Estudios más exhaustivos mostraron que era más probable que 9 millones de madres en Michigan estuvieran contaminadas, pero para mi estudio, con una muestra más pequeña, no logré superar la confianza de 85%. Ya fueran 8 o 9 millones de madres, mi parámetro se aplicó; la leche con la que una gran cantidad de mujeres estaba alimentando a sus hijos estaba contaminada y se necesitaba actuar.   

Así es la ciencia. Hablamos en términos de probabilidades e inferencias que pueden tomarse de muestras de cierto tamaño. Hacemos proyecciones en el tiempo que pueden ser de tamaño X o de 2X, pero los legisladores (y los votantes) quieren respuestas exactas, no estimaciones. En el cambio climático, la ciencia es un bien muy complejo e impresionante en cuanto al tamaño de la información que ha amasado. Éste podría ser el fenómeno más competentemente estudiado en la historia, y mientras la mayoría de los científicos serios acepta que la actividad humana está causando y podría prevenir el calentamiento global, no lo comunican tan bien como nuestro meteorólogo local. Esta falla de comunicación, que los científicos no consideran su trabajo primordial, ha dificultado que el promedio de la población acepte las estimaciones con intervalos de confianza, rangos y declaraciones de probabilidades y todas esas "cosas" de interés académico. Después de todo, estás sumergido en una profunda recesión y quieres preocuparte de tu ingreso de hoy, no de los intervalos de confianza en torno a los rangos de las proyecciones que los gases invisibles le harán a la temperatura global y a los mares en los años por venir.

Es cierto (e inconveniente) que cierta cantidad de millones de acres en la costa, y otra cantidad de millones de refugios climáticos, y otra cantidad de mosquitos de malaria, se verán afectados si no actuamos. Pero los científicos no darán esas "ciertas" cifras con precisión, sino que te las darán con una "confianza de 90%, que hay entre 100 millones y 1,000 millones de refugios climáticos en riesgo". Estos amplios rangos, junto con el paso del tiempo, la naturaleza intangible de los riesgos y la complejidad, hacen que esta amenaza sea poco convincente. Como ha hecho la industria del carbón, es más fácil decir a la gente que espere una contradicción como "carbón limpio" en vez de tomar decisiones difíciles. El libro que saldrá al mercado pronto, Merchants of Doubt, pone en "duda" el hecho de que el cigarro cause cáncer, el aerosol para el cabello cause agujeros en la capa de ozono y que el carbón y el petróleo afecten el cambio climático.

3. Baja probabilidad

En alguna ocasión fui coautor de un artículo en el Journal of Risk and Uncertainty, que hablaba sobre una encuesta a los epidemiólogos cuatro años antes de la pandemia de la influenza H1N1. Conseguimos entrevistar a algunos de los expertos de la influenza más reconocidos, y como grupo estimaron que la probabilidad de que ocurriera una pandemia seria en los siguientes 10 años era de 10%. ¿Qué hacer con esta información?

No podemos "hacer un esfuerzo de 10% para prevenir una pandemia". Ese 10% de riesgo de una amenaza global puede no ser algo que temer, pero si sus consecuencias son muy altas, deberíamos temer esa posibilidad si cientos de millones morirían, pero tal vez no tanto si las probabilidades son que mueran docenas de personas. Existe un efecto acumulativo que nos debería obligar a prepararnos mejor, aunque el riesgo individual de una sequía a gran escala, la aceleración del cambio climático con eventos catastróficos, la veloz propagación de las pandemias letales, y el terrorismo nuclear, podrían ser pequeños, pero el riesgo en conjunto es demasiado grande para ser ignorado. La baja probabilidad de cualquier amenaza individual complica controlar la atención del público y de los legisladores, pero en conjunto, los riesgos hacen una necesidad imperante el planear estrategias de mitigación y prevención.

4. Liderazgo

Resolver estos riesgos requiere de un liderazgo real de dos tipos: líderes individuales efectivos y carismáticos, e instituciones de confianza. Desafortunadamente no tenemos ninguno. ¿Dónde están los Churchills, Roosevelts, Mandelas y Gandhis de hoy? Necesitamos líderes dispuestos a tomar decisiones difíciles, aunque sean impopulares. Necesitamos líderes que puedan comunicar los retos y convencer a la gente de la necesidad de entender estos asuntos, no sólo los eslóganes, y dedicar sus activos más valiosos (su tiempo y su capital político) a los problemas que parecen intangibles, inciertos y poco probables. No sólo los líderes individuales se quedan cortos; las instituciones que atienden estas amenazas sufren con el peso de los años. Las Naciones Unidas tienen más de 60 años, pero muchos de sus componentes clave no han cambiado para adaptarse al mundo de hoy. Las instituciones globales que atacan las pandemias y otras amenazas también están mostrando su edad.

5. Disposición pública y gobernabilidad

Distingo a la gobernabilidad  del liderazgo porque son diferentes aunque conectadas. Un líder inspira a la gente a tomar decisiones difíciles, pero esas decisiones deben ser legisladas, reguladas y cambiadas por medio de la gobernabilidad. En la democracia, la gobernabilidad en estos asuntos es muy complicada, y los líderes no pueden liderar si todos los votantes no los eligen, y no pueden hacerlo por mucho tiempo si los votantes no apoyan sus decisiones. Debemos preguntarnos si los votantes se enfocan en los eventos de probabilidad incierta que en muchos casos no ocurrirán en el futuro próximo. Debemos pedirles que sacrifiquen su enfoque en los asuntos a corto plazo (empleos, familia, salud) y se vuelvan activistas políticos para algo que no los beneficia directamente. La gente entiende intuitivamente que proteger al planeta de las pandemias es algo bueno, pero es difícil llegar a casa después de trabajar y decir que haber reducido las emisiones fue sensacional, o vacunar a tus hijos sabiendo que no corren riesgo de enfermar de algo sólo para prevenir que otros niños en otra parte del mundo se contagien. La disposición pública es difícil porque sin el compromiso político de la ciudadanía, los gobiernos no actuarán, y tal vez no tomarán las decisiones difíciles necesarias.

No exagero al destacar que la democracia pone a prueba los retos de gobernabilidad. En las democracias, la mayoría de la gente no vota en contra de los intereses personales a corto plazo y favorece la reducción del riesgo de catástrofes sociales potenciales a largo plazo. Pero si no estamos dispuestos a invertir a largo plazo en educación, infraestructura sostenible, reducción de costos de energía, en frenar la dependencia del petróleo y del carbón, en crear soluciones para la escasez de agua, prevenir pandemias, frenar la proliferación nuclear y lograr la paz, no sólo el crecimiento futuro está en riesgo, también nuestra forma de Gobierno. Si las democracias no pueden solucionar estos problemas, tal vez la no sea la forma más competente.

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Para desarrollar formas efectivas para atacar estas amenazas, necesitamos comprender lo que tienen en común: son difíciles de comunicar, requieren de sacrificio personal y compromiso político, son difíciles de liderar y gobernar. Cada una de estas amenazas globales es poco probable en lo individual, pero son de enormes consecuencias y, en conjunto, son muy importantes como para ignorarlas. La globalización las ha acelerado. Las estrategias para atenderlas deben unir todos los componentes, y una cosa más: necesitamos hacerlo pronto porque se acaba el tiempo.

Como planeta enfrentamos grandes retos. 2010 será un año decisivo, así que debemos encontrar respuestas. Hay que involucrarnos, conocer del tema, exigir estar preparados y votar por aquellos que están trabajando para atender estos retos. Hay que apoyar el trabajo de los científicos y otras organizaciones para encontrar soluciones. Hay que enseñar a nuestros hijos sobre este tema, porque no son los problemas de alguien más, sino de nosotros.

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