¿Europa medirá el estrés de su banca?

El secretario del Tesoro de EU busca que la UE evalúe la fortaleza de sus entidades financieras; los mercados continúan desconfiados de las instituciones europeas y sus bonos en deuda.
bbva  (Foto: CNN)
Colin Barr

A Timothy Geithner le espera un duro trabajo de persuasión.

Geithner, secretario del Departamento del Tesoro estadounidense, planea presionar a las autoridades europeas esta semana para que sometan a los bancos al "test de estrés", reportó la cadena CNBC. El secretario argumentará que realizar estas pruebas (que en esencia evalúan el capital), publicar sus resultados y ayudar a las entidades rezagadas a reunir nuevo capital puede contribuir a restaurar la debilitada confianza del inversionista en los bancos europeos. Así funcionó en Estados Unidos un año atrás.

El problema es que la disposición de los líderes europeos para evaluar a sus estresados bancos no es muy buena.

La petición de Geithner es por demás oportuna. Las acciones de los más grandes bancos europeos, como el Banco Bilbao (BBVA) de España, han perdido casi la mitad de su valor en este año, afectadas por las preocupaciones en torno a la salud de las economías locales y las enormes deudas públicas que arrastran. Además, ha subido el costo de los contratos de seguros contra el riesgo de impago de deuda soberana de las naciones europeas con más problemas de liquidez.

"El aumento del riesgo de contrapartida (la posibilidad de que una de las partes se declare insolvente e incumplía las obligaciones contraídas) en el sistema bancario europeo ha sido dramático. Si permiten que esto siga así, pueden terminar con una crisis crediticia general dañina para todos" apunta Jacob Funk Kirkegaard, investigador del Peterson Institute for International Economics.

Pero quizá permitan que así siga. El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Jean-Claude Trichet, dijo el año pasado que cada país de Europa era responsable de velar por sus propios bancos. Y en enero, declaró al Wall Street Journal que las críticas a las prácticas de valuación de reservas en Europa eran infundadas.

"La teoría que sostiene que los bancos europeos son menos transparentes que otros bancos en el mundo industrializado, por lo que sabemos, no se ha confirmado. Demandamos a nuestros bancos tanto como a todos los demás la mayor transparencia posible" dijo entonces Trichet.

Y poco le ha servido, pues este fin de semana la quiebra de una caja de ahorros española avivó el temor de una ola de cierres bancarios, y el Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió que el Banco Central español debía estar preparado para actuar. 

Pero las autoridades de los países europeos se resisten a aplicar los "test de estrés" si el vecino tampoco lo hace, y las circunstancias de los bancos europeos difieren enormemente entre países e incluso dentro de un mismo país. En Alemania, por ejemplo, el Deutsche Bank parece sano, pero los llamados Landesbanks (instituciones regionales propiedad del Gobierno) se han visto afectados por pérdidas en sus inversiones, incluidas las relacionadas a las deudas atadas a hipotecas subprime de Estados Unidos.

"Los test de estrés estandarizados podrían requerir más acción en algunos lugares que en otros. Es posible realizarlos, pero se necesitaría una tremenda voluntad política" indica Douglas Elliott, docente de economía en el Brookings Institute de Washington.

Pero eso es lo que más falta, voluntad. Las autoridades europeas han sido duramente criticadas por haber vacilado a la hora de decidir qué hacer con la crisis griega. Y sobra decir que el dinero sigue siendo un problema, pues Europa carece de un fondo similar al TARP (Programa de Alivio para Activos en Problemas) estadounidense para financiar inyecciones de capital a bancos que lo necesitan.

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"Es difícil implementar un rescate bancario a menos de que la situación se agrave. Lo que ahora vemos en la zona euro es malestar, pero no desastre" opina Elliott.

Esta dinámica es la que ha lanzado a Grecia al caos en los últimos meses, y podría retrasar cualquier decisión para evaluar a los bancos europeos. Elliott expone, por ejemplo, que a Estados Unidos le tomó seis meses controlar la crisis financiera de 2008, incluso con la Reserva Federal y el Tesoro colaborando en objetivos comunes sin mucha fricción. Si consideramos, por otro lado, las tensiones existentes entre varias naciones de Europa, tenemos un problema que podría cocinarse a fuego lento durante meses.

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