EU rescató bancos, no acciones

La ayuda federal de EU a ocho grandes entidades salvadas en la crisis, no sirvió para verlas crecer; bancos como AIG, Fannie Mae y Freddie Mac han perdido casi el 100% del valor de sus acciones.
citibank-citigroup-banco-RT.jpg  (Foto: CNN)
Allan Sloan

Hay buenas noticias para los que temen que Wall Street aún no haya pagado el precio suficiente de haber sido rescatado por el Gobierno: las empresas más rescatas han perdido mucho dinero, aunque Wall Street haya vuelto a generar ganancias obscenas.

¿Quienes son estos perdedores? Los accionistas de las ocho empresas financieras debilitadas que recibieron ayuda excepcional. Una novena compañía, GMAC, fue absorbida de forma privada. Con una excepción, Bank of America (BofA), los accionistas de estas compañías rescatadas perdieron, en esencia, toda su inversión.

Algunos de los accionistas eran nada más y nada menos que los altos ejecutivos, cuyas apuestas riesgosas (o cuya incapacidad para supervisar las apuestas riesgosas de sus subordinados) llevó a esas empresas al borde del colapso y alteró a la economía de Estados Unidos, llevándola a la recesión más fuerte en generaciones, y lo que le costó a miles de personas su empleo.

¿No me creen que los accionistas no fueron rescatados aunque sus instituciones sí recibieron ayuda? Pues créanme; desde el 11 de junio de 2007, el día antes de que los mercados financieros comenzaran a anunciar en las noticias que dos fondos de cobertura de Bear Stearns que especulaban sobre los valores respaldados por hipotecas estaban cayendo, las acciones de todas las instituciones gigantes que recibieron ayuda gubernamental especial, excepto Bank of America, han perdido al menos el 85% de su valor.

Las cifras, armadas por mi colega de Fortune, Doris Burke, son claras. Citigroup, el peor desastre al que se le permitió continuar como organización independiente, ha visto caer el precio de sus acciones 93% desde que los mercados financieros globales comenzaron a tambalearse hace tres años. Eso se acerca mucho a una caída total. 

Las acciones de American International Group (AIG), Fannie Mae y Freddie Mac, ahora pupilos del Gobierno, perdieron al menos 97% de su valor. Los accionistas de Bear Stearns, Merrill Lynch y Wachovia, empresas que permanecieron vivas gracias al Gobierno, y fueron vendidas en acuerdos gubernamentales, han perdido entre 85% y 95% de su inversión. Estamos comparando los precios originales de las empresas con el valor del viernes pasado de las acciones que tenían los accionistas cuando las empresas fueron adquiridas.

Los accionistas que han sufrido menos en nuestro grupo, los de Bank of America, han perdido el 69% de su dinero. Podrían decir que no es suficiente, y no lo es. De cualquier forma, sigue siendo más del doble de la caída de 28% en el índice Standard & Poor's durante el mismo periodo.

Para el sistema financiero es bueno ver a los tenedores de instituciones financieras rescatadas padecer estas situaciones, porque el miedo por padecer una pérdida es tal vez la herramienta más poderosa para obligar a las instituciones a actuar con prudencia.

Por mucho que disfruto ver a estas compañías y a sus ejecutivos pagar el precio financiero de su comportamiento imprudente, es importante recordar que muchos de los pequeños también salieron afectados. Los inversionistas de pequeños negocios de ventas al público, sobre todo personas retiradas, que tenían acciones en Citi y en BofA porque les pagaban altos dividendos, perdieron gran parte de su inversión y casi todo su ingreso. Los dividendos de las empresas, que eran de 2.16 dólares al año en Citi y 2.56 dólares para BofA en 2007, ahora son de cero y cuatro centavos por acción respectivamente.

En un mundo ideal, dejaría este dolor a las instituciones grandes y sofisticadas y a sus altos mandos, en vez de que también salieran lastimados nuestros abuelos inversionistas y los empleados no ejecutivos. Pero no puedo descifrar cómo hacerlo ni puedo decir cómo se le puede compensar a la gente cuyos empleos desaparecieron por la terrible forma en la que actuaron estas empresas.

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Tal vez la gente que maneje el próximo rescate (porque habrá otro) hará que los acreedores y sus contrapartes, que esta vez salieron ilesos, padezcan serias consecuencias. Eso los obligaría a prestar mucha atención a las instituciones con las que lidian y las obligaría a comportarse de una forma más prudente, más de lo que Washington ha logrado legislar.

Claro que el Gobierno federal rescató a las enormes instituciones en problemas que debieron haber caído, pero casi ninguno de sus accionistas fue rescatado a niveles significativos. Eso es algo que debemos recordar cuando comencemos a hablar del rescate. 

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