Obama malinterpreta a Keynes

Los estímulos del Gobierno crean un enorme déficit que no logra pagarse con la recuperación; en cambio, una política de austeridad permite que el dinero se enfoque en los sectores de inversión.
obama barack reforma deficit fiscal eu  (Foto: CNN)
Shawn Tully

El medio siglo de Allan Meltzer como monetarista distinguido (asesoró a los presidentes Kennedy y Reagan, además de publicar libros sobre John Maynard Keynes y sobre la historia de la Reserva Federal), dejó en la memoria de todos la sesión de la crisis en Downing Street 10 a mediados de la década de los 80.

Un grupo de 346 economistas acababan de escribir una carta a la entonces primera ministra británica, Margaret Tatcher, prediciendo que sus fuertes políticas fiscales "profundizarían la depresión, erosionarían la base industrial y amenazarían a la estabilidad social", pero ella quería asegurarse de que su ataque poco popular a los altos déficits y alto gasto en medio del desempleo en una economía débil, fuera la decisión correcta.

Así que Thatcher mandó llamar a Meltzer y a un grupo de asesores para explicarles por qué los expertos estaban mal. Incluso los líderes de su propio partido le recomendaron que diera una "vuelta en U" y sacara a Gran Bretaña de la recesión. "Teníamos que explicar por qué los menores déficits y una disciplina de gasto serían la clave para la recuperación", dijo Meltzer.

"Tener razón en la economía no es suficiente. Ella dejó claro que nuestro trabajo era explicarlo para que ella lo entendiera, y si no lo hacíamos, ella dejaba claro que estábamos gastando su tiempo", dijo Meltzer.

Tatcher optó por políticas draconianas, invocando un canto de batalla glorioso. Lanzó a Gran Bretaña a los años de presupuestos balanceados, modestos aumentos en el gasto, combatió el desempleo y logró que la economía creciera de forma extraordinaria.

Malentendiendo a Keynes

Para Meltzer, el valiente paso que Tatcher tomó hace décadas debería servirle al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, hoy. "Si Obama anunciara una estrategia para lidiar con la deuda a largo plazo y dejara de hacer cosas que aumenten la incertidumbre en los negocios, eso estimularía la economía", dijo Meltzer, de 82 años.

Y él tiene razón, y todos los "expertos", desde Paul Krugman hasta Ben Bernanke, están equivocados. El mejor estímulo es un plan sólido y creíble para reducir radicalmente el gasto gubernamental, empezando ahora. 

Para asegurarse, el presidente Obama suele mencionar reducciones en el déficit a futuro. El problema es que quiere seguir gastando fuertemente hoy, en una fórmula keynesiana clásica para recargar una recuperación débil y disminuir el desempleo.

Pero no es lo que Keynes recomienda: "Keynes superó déficits temporales para estimular el consumo durante la recesión", dijo Steve Hanke, economista en John Hopkins. "Pero insistió en que los déficits disminuyen durante las recuperaciones para que los presupuestos estén balanceados o tengan excedentes durante la mayor parte del ciclo de negocios".

El Gobierno de Estados Unidos busca una política completamente diferente. Está aumentando los gastos mientras el país ya enfrenta enormes déficits crónicos que apenas se reducen durante una recuperación. "Keynes advirtió contra los déficits estructurales cuando los economistas británicos y estadounidenses los impulsaban al final de la Segunda Guerra Mundial", dijo Meltzer. "Nunca dijo que más gasto encima de los déficits crónicos fueran un estímulo, sino lo contrario". 

El Gobierno de Obama está pidiendo un gasto de "estímulos" adicional de 316,000 millones de dólares, que se suma a los 862,000 millones de dólares que ya tomó. El problema es que todo el dinero de "estímulos" es prestado y eso se suma a una deuda que ya está reduciéndose. Por ahora, la Oficina de Presupuestos del Congreso predice un déficit de 1.25 billones de dólares, o 5.6% del PIB para 2020, y eso es siguiendo con una fuerte recuperación. Ese año, la deuda de la Reserva Federal alcanzará 90% de ingreso nacional, colocando a Estados Unidos en la frágil posición de Grecia y Portugal. Los pagos de intereses absorberán un dólar de cada seis del gasto federal.

La sombra del aumento de la deuda sin planes de sofocación no es ningún estímulo, pero sí es un fuerte depresor. La solución es revertir fuertemente el curso de las cosas y llevar al presupuesto a un balance en la próxima década. Esa solución requerirá un aumento de 50% en los impuestos, una reducción en el gasto o una combinación de ambas. El peso recaerá en el lado del gasto.

Este plan, de ponerse en marcha, probará ser efectivo para la economía por cuatro razones o factores de crecimiento: aumentará pronunciadamente el abastecimiento de trabajo permitiendo a los estadounidenses quedarse con una mayor parte de su sueldo. También prevendrá que las tasas de interés crezcan afectando la inversión privada. En tercer lugar, hará que las compañías inviertan en fábricas y computadoras que siempre fomentan el crecimiento. Y número cuatro, hará crecer la confianza de los inversionistas en el futuro de Estados Unidos mostrando que sus líderes no quedarán atrapados en el caos y realmente tienen un plan. 

1. El factor de la fuerza de trabajo

El crecimiento económico es conducido por dos fuerzas: aumentos en la fuerza de trabajo y aumento en la productividad gracias a la inversión en nuevas tecnologías, plantas y equipo que permiten a cada trabajador producir más por cada hora de trabajo. "La forma más rápida de impulsar el crecimiento es haciendo que más gente trabaje o que los trabajadores existentes trabajen más horas", dijo Brian Riedl, economista en Heritage Foundation.

Pero el gasto excesivo amenaza con reducir, en vez de expandir, la fuerza de trabajo de Estados Unidos con un aumento en los impuestos. La tasa máxima de ingresos fiscales ya pretende aumentar de 35% a 39.6% en 2011.

Los incentivos perversos en la reforma al cuidado a la salud son particularmente problemáticos. Los estadounidenses de clase media que no están asegurados con compañías pueden comprar pólizas fuertemente subsidiadas con este plan. El problema es que mientras aumentan sus ingresos, los subsidios caen, lo que les da menos incentivos para trabajar más horas o pedir aumentos. Por ejemplo, si el ingreso de una familia aumenta de 55,000 dólares a 66,000 dólares, su contribución a su prima aumenta de 4,400 dólares a 6,600 dólares, borrando 22% del aumento de 10,000 dólares.

Disminuir los gastos es la única forma para mantener las tasas de impuestos bajas, un determinante importante del trabajo de los estadounidenses. Las cuentas locas de la reforma al cuidado a la salud son otro ‘impuesto' que necesita una reforma radical, antes de que entre en vigor en 2014.

2. El factor de las tasas de interés

Para lograr un crecimiento fuerte, las compañías estadounidenses necesitan tomar prestadas tasas de interés estables y modestas. Son definidas como las tasas que los prestamistas cobran después de ajustarse a la inflación. Antes, las tasas reales relativamente altas, de 4% o 5%, llegaban en periodos de prosperidad, cuando las compañías eran optimistas y la demanda de capital era fuerte. El peligro es que el gasto futuro desenfrenado haga que los préstamos sean demasiado caros incluso con crecimiento débil, y sigan tan altos que la recuperación se complique.

Las tasas reales amenazan con aumentar, y siguen siendo más altas de lo normal por tres razones: primero, el precio de tomar prestado es un "riesgo de primera" que aumenta o disminuye dependiendo de la creencia de que Estados Unidos siga políticas que fomenten crecimiento estable. Hoy en día, los inversionistas son más temerosos que confiados.

En segundo lugar, los impuestos más altos elevan las tasas, pues los inversionistas que pueden comprar bonos en todo el mundo buscan los mejores rendimientos después de impuestos. Si las cuotas aumentan, como pretenden hacerlo, los inversionistas exigirán mayores pagos de interés para compensar lo que pierden por los impuestos.

En tercer lugar, los préstamos del Gobierno están llegando a niveles estratosféricos tales que muy probablemente presionarán las tasas. En el pasado, los déficits en el rango de 4% a 6% probaron ser relativamente inofensivos, con la deuda alcanzando más del 40% del PIB. Pero para 2020, la carga alcanzará casi el 100% del PIB, cerca de 20 billones de dólares. Estados Unidos tendrá que refinanciar constantemente su deuda y pedir prestado aún más.

Los préstamos gigantescos competirán por los ahorros modestos, amenazando con mantener a las tasas altas por años, incluso cuando el crecimiento sea bajo. ¿Pero Estados Unidos no podrá seguir recurriendo a los acreedores extranjeros que ahora compran la mayoría de nuestros bonos del Departamento del Tesoro? Claro, pero los niveles de deuda en Europa y Japón también son muy altos, y los ahorros privados financiarán también sus grandes déficits.

Como resultado, la reserva de ahorros globales disponibles para las compañías en Estados Unidos será tomada por los gobiernos. Para atraer a los prestamistas, Estados Unidos necesitará competir elevando las tasas. La solución es gastar menos y pedir prestado menos. Una vez más, las tasas reales bajas son el estímulo real.

3. El factor inversión

"Las recuperaciones son dirigidas por la inversión", dijo Johnn Cochrane, economista en la Facultad de Negocios Booth de la Universidad de Chicago. "Necesitan un aumento en la inversión para salir de la recesión".

A corto plazo, tanto el consumo como el gasto de inversión levantan al PIB, pero por periodos largos, su inversión que eleva la productividad sumando sistemas de software y fábricas ultra-eficientes producen más productos con menos horas de trabajo.

Las cifras cuentan la historia: la presidencia ha tenido éxito en apoyar al consumo mediante sus 800 dólares de descuento por familia y mediante las concesiones a los estados para mantener puestos públicos. Sorprendentemente, desde 2008, el gasto del consumidor ha crecido casi 1% después de la inflación, y creció a un cómodo 72% del PIB en 2009. Por otro lado, la inversión privada cayó 18% en términos reales durante el mismo periodo.

Una caída en la inversión es normal en recesiones. El problema esta vez es que las ganancias corporativas están rebotando rápido, aunque las compañías se niegan a reinvertir en nuevos proyectos. "Lo que veo es aprehensión", dijo Randy Altschuler, fundador de CloudBlue, un reciclador de equipos electrónicos, y es candidato republicano para la Cámara. "Los dueños de pequeñas compañías con las que hablo temen por los costos del cuidado a la salud. Por lo tanto, están evitando contratar e invertir su capital".

No es tanto que las compañías teman que los consumidores no tengan suficiente dinero para gastar en sus autos o en restaurantes, sino sus costos a futuro. Los empleados con más de 50 trabajadores que no ofrecen cuidado a la salud pronto tendrán que pagar por él, o enfrentar penalizaciones. La reforma al cuidado a la salud es parte de la agenda de gastos que espanta a los negocios. La reducción de las cargas es crucial para que las compañías hagan las inversiones esenciales para promover el crecimiento.

4. El factor confianza

Este es imposible de cuantificar. Es un sentimiento que indica hacia dónde vamos.

Si los inversionistas están convencidos de que Washington tiene un plan para restaurar el balance fiscal, les encantarán los bajos rendimientos de sus acciones, bonos y construcciones por una sencilla razón: esos rendimientos probarán que son más estables y predecibles. Ese nivel de comodidad, a cambio, baja los riesgos y eleva los precios de los valores, bonos corporativos, viviendas y edificios oficinales.

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Por ahora, varios inversionistas y gestores temen por la ausencia de un plan que evite una deuda devastadora. "Necesitamos saber lo que Washington puede hacer con opciones, y lo que nuestros líderes están dispuestos a hacer aunque no sea algo popular", dijo Paul Willen, profesor de economía en MIT. "Más que nada, la gente necesita sentir que esto no está fuera de control".

Esa es la confianza que surgió en 1980, contra todas las posibilidades y contra las recomendaciones de la mayoría; la economía más grande del mundo lo seguirá siendo si Washington sigue su ejemplo.  

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