El ‘mercado negro’ que causa BP

Tras la fuga de petróleo en el Golfo de México, no todo es pena y desdicha para la economía; servicios de limpieza, hotelería y comercios en Louisiana se vieron beneficiados por el derrame.
BP derrame petroleo costa louisiana  (Foto: Cortesía Fortune)
David Whitford and Peter Elkind

A medida que te acercas al mar en Louisiana, la ira retórica en las pancartas al lado del camino aumenta: "BP: tu madre naturaleza te pidió que recogieras tu habitación", o "No se pude pescar o nadar: ¿ahora cómo vamos a alimentar a nuestros hijos?".

Dos meses después de la explosión de la plataforma Deepwater Horizon, el día 64 para ser exactos, nos dirigimos a Grand Isle, Louisiana, considerada por los medios como la Zona Cero de la crisis el derrame petrolero. El viaje duró dos horas; atravesamos Golden Meadow y Port Fourchon, por un camino angosto que atraviesa pantanos y marismas, hasta que la tierra cede y se abren las aguas del Golfo. Entramos a ver las playas y a evaluar los daños ambientales y económicos.

Ese día, y la mañana siguiente, las playas lucían limpias. No podrías darte cuenta de que pasó algo de no ser por los contenedores de color anaranjado brillante llenos de líquido, colocados a todo lo largo de la costa, y por los guardias de seguridad con cascos negros en autos para arena que no dejan de moverse por toda la playa, pidiendo a los intrusos que se alejen del agua y anotando sus nombres.

Pero los locales nos dijeron que no nos dejáramos engañar: lo que hoy está limpio mañana podría lucir asqueroso. La fuga de la tubería continúa, y el petróleo sigue ahí... todo depende de la marea. Algún día, quizás mañana, quizás la próxima semana, el petróleo va a regresar.

Mientras tanto, y contra todas las expectativas, hay una especie de diminuto boom en el sureste de Louisiana: está entrando el dinero para la limpieza en esta región. Los negocios, al menos algunos de ellos, están encantados. La gente está trabajando; algunos, incluso, están encontrando alivio en el dolor de la recesión nacional. Pero al igual que el petróleo que va y viene con las corrientes, hay tiempos difíciles en el horizonte económico. Hay una terrible sensación de que este boom no durará mucho.

Laborde Marine, una compañía de servicios marítimos de 25 millones de dólares, cuyas oficinas centrales se encuentran en Morgan City, está haciendo dinero gracias al derrame. "Los últimos dos años retrocedimos un poco", dijo Peter Laborde, cuyo padre, John, fundó la compañía en 1995.

El día que explotó el Deepwater Horizon, gracias a que la recesión tuvo un impacto duradero en las perforaciones, seis de los 13 navíos de la compañía estaban sin trabajar. Hoy, todos sus botes están activos; "dos de sus plataformas de abastecimiento PSV de 280 pies estaban trabajando con los pozos de alivio del Deepwater", dijo Laborde.

Depender del petróleo, hoy y en el futuro

Lo que preocupa a Laborde es lo que pueda pasar dentro de tres o cuatro meses, cuando se cierre la fuga del pozo. Le hace sentir mejor que un juez federal haya puesto un alto temporal al moratorio del presidente Barack Obama en las perforaciones submarinas, pero sabe que eso podría cambiar. "Para mí esto es más confuso que antes. Todos estamos en el limbo".

Mientras más tiempo estén inactivas las plataformas, más probable es que sean retiradas del Golfo, a otra parte del océano. Si se van las plataformas, podría tomar años para que regresen. Laborde teme que haya regulaciones más estrictas porque eso haría que se eleven los costos y los independientes tengan que salir del mercado.

En Venice, a 65 kilómetros en bote de Grand Isle, pero a 280 kilómetros en auto, el empresario Rene Cross también ve algunos beneficios en el derrame. Por ahora, cada una de las 64 habitaciones en su hotel Cypress Cove está ocupada por trabajadores, y muchos de ellos comen en su restaurante, el Harbor Seafood & Oyster Bar, y esto hace que el negocio vaya bien. "Pero cuando los trabajadores se vayan, ¿quién va a ocupar mi hotel?", se pregunta.

Cross también tiene un puerto en Venice, a donde recurren pescadores deportivos. Hace cinco años resultó muy afectado por Katrina, y apenas comenzaba a recuperarse cuando ocurrió el derrame, nada oportuno. "El negocio es entre mayo y octubre, y si no es favorable en ese momento, ya no lo será". Y es probable que este año no lo sea. Esta temporada suele estar llena de visitantes, pero ahora tiene una ocupación del 15%.

Pero al igual que mucha gente, Cross no se opone al petróleo, sino a las moratorias. A pesar del derrame, Cross cree que las perforaciones marinas son buenas para el negocio de pesca, porque son "arrecifes hechos por el hombre" que atraen a los peces.

Tiene una compañía de construcción que hace negocios con compañías petroleras en los pantanos. Sólo quiere que BP pague por su error y le compense sus pérdidas. "En conclusión, estoy en el negocio de la construcción, y si algo sale mal debo pagar por eso". Cross se reunió recientemente con un representante de BP y le pidió seis meses de ingresos perdidos por parte del fondo de recuperación de 20,000 millones de dólares de BP. Aún no sabe de cuánto será su compensación.

Ingresos con las nuevas oportunidades

En Grand Isle, Walter Maples, de 67 años de edad y cuya familia ha sido dueña del Supermercado Sureway desde 1976, agradece la llegada de los 2,500 trabajadores temporales de limpieza. Aún así, sus ganancias son bajas. "El negocio es terrible", dijo Maples señalando a un hombre que cargaba una pequeña bolsa de comida y otros productos. "Un paquete de cigarros y unas cervezas. En vez de ser un supermercado, somos una tiendita sin servicio de gasolina".

Sureway siempre dependió de las ventas a los trabajadores petroleros; el sitio web del supermercado muestra imágenes de barcos y plataformas de perforación, pero ahora a Maples le faltan los turistas y los pescadores recreativos, que suelen comprar suministros y artículos de playa. Maples dice que quiere que el negocio se recupere y sea como antes, pero en vez de eso, tiene a clientes que trabajan temporalmente al final de su calle. La mayoría envía sus cheques a sus casas, y Maples dice que genera hasta 150,000 dólares de transferencias de dinero y transferencias por Western Union en una sola semana.

Ahí conocimos a Joanna (no nos dijo su apellido, pero sus colegas la llaman Firecracker). Es mesera en Baby Dolls, en Golden Meadow, cerca de Cut Off, Louisiana, donde nació. Dijo que el negocio ha sido muy lento. Por eso se levantó temprano hoy, con sus pantalones de mezclilla, sus botas de hule, lentes oscuros y un paliacate: está lista para quitar la nata en las islas barrera. Gana 12 dólares por hora además de alimentos, y espera que este nuevo trabajo dure.

Paul Ironmonger, empresario de Louisiana de 63 años de edad que es dueño de dos locales de productos de billar en Baton Rouge y Mandeville, también se queja de la falta de clientes, y entregó sus tiendas al cuidado de sus amigos y familiares para tomar un trabajo con el Grupo de Respuesta, un contratista de BP, supervisando una oficina en la zona de limpieza.

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Ironmonger lleva trabajando ahí un mes, y vive en las instalaciones que financió BP, come de su comida y trabaja turnos de noche completos. Llegó a la conclusión de que el derrame no es malo porque "pone a mucha gente a trabajar", dijo.

Al menos así lo es el día 64.

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