Los empleados petroleros, en ‘veda’

El derrame de petróleo en el Golfo de México ha endurecido las reglas para las firmas del sector; algunas empresas han tenido que detener su producción y sus empleados se han quedado en paro.
bp plataforma petrolera derrame golfo  (Foto: Cortesía CNNMoney)
Steve Hargreaves
NUEVA ORLEANS -

En las plataformas petrolíferas de Chevron, a unas pocas millas de la costa de Louisiana, la situación comienza a ponerse incierta.

"Esta mañana tenemos condiciones realmente duras" advierte el responsable de la torre de perforación, Greg Bramlett, refiriéndose a los efectos del huracán "Alex", pero bien podría estar hablando de su modo de ganarse la vida.

Despídete del sueldo: de todas las personas empleadas en el Golfo afectadas por el derrame de BP, los más perjudicados son los trabajadores petroleros. La industria del crudo es un negocio que reporta anualmente 150,000 millones de dólares (mdd) en el Golfo, una cifra superior a la que deja el turismo y muy por encima de los 1,000 mdd del sector pesquero.

Ahora que el Gobierno estadounidense ha prohibido temporalmente la perforación en aguas profundas y los permisos para nuevos pozos en aguas poco profundas se han atorado en el limbo, los jornaleros del petróleo están nerviosos. Temen perder sus trabajos cuando se agoten los pozos que explotan actualmente.

"Hemos tenido suerte, pero otros miembros de mi familia no", opina Michael Broom, un peón de 28 años en la plataforma que opera Bramlett, propiedad de Hercules Offshore, que explota el yacimiento para Chevron.

Como muchos otros jóvenes empleados en las torres petrolíferas, Broom llegó a la industria atraído por los altos salarios y los generosos descansos.

Los jornaleros que perforan en aguas someras laboran 14 días continuos y luego descansan otros 14 días. Su jornada es de 12 horas, y las otras 12 horas son libres. Duermen en literas, seis hombres por habitación. Mientras no trabajan, pasan las horas durmiendo, duchándose, comiendo y llamando a casa, si acaso ven algo de televisión.

El salario para estos jornaleros comienza en 40,000 dólares al año, explica Broom. Los nuevos o los peones sin formación suelen desempeñar trabajos no calificados, transportan la carga desde los barcos, limpian el equipo u otras funciones.

Luego, los jornaleros un poco más formados trabajan en el pozo, conectan el tubo de perforación, limpian la suciedad que se forma alrededor y dan mantenimiento al equipo, su sueldo es de 60,000 dólares anuales.

"No era un chico con estudios, tenía que hacer algo para mantener a mi familia. Ganamos más que la mayoría de los egresados de universidad", anota Broom.

Perforación, obstruida por papeleo

En estos días es difícil conseguir nuevos permisos para perforar en aguas a menos de 500 pies de profundidad. El desastre de BP y los nuevos y más estrictos parámetros de seguridad para ese tipo de perforación son los responsables.

Los directivos de la industria de la perforación han presionado para que se reanuden los permisos, argumentando que sus operaciones son más seguras que las que se realizan en plataformas como la de BP.

Han explotado esas aguas durante mucho tiempo, así que saben bien la presión que soporta cada pozo. El equipo que cierra el pozo en caso de fuga está justo debajo de la torre, siendo más sencillo de mantener y reparar. El Golfo, dicen, tampoco ha visto importantes derrames en perforaciones en aguas superficiales.

De acuerdo con los directivos, si no se emiten nuevos permisos pronto, tendrán que llevarse las plataformas a otra parte, dejando a los trabajadores sin empleo y a Estados Unidos más dependiente de la energía importada.

Pero los ambientalistas opinan diferente. Dicen que han ocurrido derrames en aguas poco profundas, como sucedió en Santa Barbara en 1969, otro derrame en aguas mexicanas a finales de los 70 y uno reciente en la costa australiana. Piden que los permisos se suspendan hasta que se implementen nuevas reglas y se reforme la agencia federal que supervisa estas explotaciones.

Poca simpatía: otras personas, cuyo modus vivendi también depende del Golfo, tienen sentimientos encontrados con respecto a las perforaciones. "Aquí hay muchísima gente empleada en la industria petrolera, y están viéndoselas duras. Si siguen diezmando los trabajos, impactará la economía", advierte Richard Forester, director de la Mississippi Gulf Coast Convention and Visitors Bureau.

Para los estados del este, donde el petróleo no domina la economía, la historia es diferente. En Florida lo que importa es el turismo, que deja al estado 60,000 mdd al año.

Jesse Brown, dueño de un restaurant en Pensacola Beach, se siente mal por los jornaleros de las plataformas, pero también cree que un derrame como el de BP no debe repetirse jamás. El Gobierno debe asegurarse de ello, aunque cueste meses de perforación suspendida y pérdida de empleos.

"Sí, es una pena que no puedan perforar, pero pueden formarse en la fila de los que piden indemnizaciones a BP o en la fila de los desempleados, como el resto de nosotros", apunta Brown.

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