Texas aventaja a California en la crisis

El estado, de características similares, ha avanzado de mejor manera en cuanto a su recuperación; los expertos dan 4 razones por las cuales los californianos ‘votaron’ por ir a la zaga en economía.
texas california letreros  (Foto: Cortesía Fortune)
Kit R. Roane

Texas ha superado a California en la recuperación económica. La razón es que el primero ha sabido sortear la crisis fiscal que se vive en Estados Unidos.

El hecho de que California siga encerrado en la depresión comparado con su primo del sureste (parecido demográfica y económicamente) ha sido apreciado con celo bíblico por los conservadores, los cuales claman que los problemas del estado son resultado directo de su liberalismo y pereza. Pero, a decir verdad, las industrias de California y su historia de empoderamiento del votante han contribuido a mermar la fuerza de la economía más grande del país.

A continuación las cuatro razones que explican el contraste entre ambos estados.

1. Diversidad de empleos

La principal razón por la cual California sigue atorada en una recesión que Texas casi eludió es clara: sus más importantes industrias estaban directamente asociadas a las causas de la recesión, lo que derivó en una mayor pérdida de empleos cuando la recesión golpeó al estado. "California experimentó una burbuja inmobiliaria más grave que el resto de los estados, incluido Texas" anota Jerry Nickelsburg, cabeza del UCLA Anderson Forecast. California perdió más empleos que ningún otro estado porque era el centro de la industria de financiamiento de hipotecas subprime, y la vivienda generaba muchos empleos. Asimismo, California sufrió más por la desaceleración de la economía asiática, que afectó el tránsito de productos desde y hacia sus puertos.

En comparación, en Texas el sector vivienda era relativamente intrascendente en el crecimiento del empleo cuando la recesión llegó, pues la mayoría de los nuevos trabajos se creaban en ámbitos profesionales diversos, como la contabilidad, la abogacía y los servicios de seguridad. La economía más diversa de Texas también se benefició de su interacción con la industria del petróleo y el gas natural, que constituyen un elemento importante en su base impositiva, explica el profesor Steven Craig del Departamento de Economía de la Universidad de Houston.

Este aspecto dejó a ambos estados con un panorama de desempleo radicalmente diferente. Mientras que Texas reporta que más del 8% de sus ciudadanos no tienen trabajo, California registra una tasa de desocupación superior al 12%. Y una tasa de desempleo elevada es decisiva al determinar la gravedad de cualquier crisis fiscal estatal.

2. Ser amigable con los negocios

Para muchos, los impuestos son los que han evitado que California se recupere. Las empresas perciben que el impuesto que cobra el estado y la estructura regulatoria son tan poco atractivos que California ocupó el último puesto en el sondeo 2010 de la revista  Chief Executive, que clasifica a los mejores lugares para hacer negocios. Texas, en cambio, conquistó el primer lugar.

En sencillo ver por qué: Texas, a diferencia de California, no cobra impuestos sobre la renta personal, ni impuestos sobre las ganancias de capital, ni impuestos sobre la renta corporativa. "Esa es una enorme diferencia con la estructura tributaria de California" señala Bill Watkins, jefe del Center for Economic Research and Forecasting de la Universidad Luterana de California.

La situación de los sindicatos también es diferente en Texas. Mientras solo el 6% de los empleados en el estado están inscritos en un sindicato, la proporción de sindicados en California asciende a 18%, según la Oficina Federal de Estadística Laboral. Texas tiene, por lo demás, inferiores precios en los suelos y un salario mínimo más bajo.

Sin embargo, la laxa regulación puede acarrear sus costos. La austeridad fiscal ha hecho que el gasto de Texas en educación sea de los más bajos del país. Y el estado ahora planea revisar las reglas relativas a la perforación marítima tras el derrame de la plataforma petrolera de BP.

3. Cobrar impuestos a las ventas en lugar de a los ingresos distorsiona menos la economía y permite mayor flexibilidad.

La estructura fiscal de California, basada en un impuesto progresivo a la renta y a las ganancias en lugar de al consumo, contribuye al problema del déficit presupuestario. A diferencia de los impuestos a las ventas (que contribuyen mucho al presupuesto anual de Texas), los impuestos a la renta y al capital son extremadamente volátiles, siguiendo los vaivenes de la economía y con frecuencia excediéndolos. Ello crea dos problemas: dificulta planear correctamente cuando hay necesidades de gasto a largo plazo y, en tiempos de bonanza, dificulta a los legisladores negarse a insostenibles aumentos del gasto si lo piden los votantes.

4. El poder del voto puede resultar contraproducente

Dicha volatilidad y los déficits que genera podrían atajarse si no fuera por el empoderamiento de los votantes californianos, que disfrutaron el sabor de la victoria en 1978 (con la "Proposición13", al oponerse a un alza en los impuestos a la propiedad) y aprendieron la lección. Desde entonces, los votantes de California a ambos extremos del espectro político han usado su influencia para aprobar decenas de iniciativas, han decretado límites del mandato, han elevado el salario mínimo, se han movilizado para proteger a los animales y dispusieron que el inglés fuera el idioma oficial del estado.

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Desde el punto de vista económico, los votantes californianos han elegido imponer impuestos y límites al gasto. Como lo dijo la editorial de Los Angeles Times en julio: "California ha votado por estar en la actual crisis presupuestaria al adoptar medidas que demandan más del Gobierno, y al mismo tiempo lo limitan para ejercer su trabajo."

En Texas, sólo bastó que tres políticos se pusieran de acuerdo para realizar los recortes presupuestarios necesarios. Con la bendición del vicegobernador y del portavoz de la Cámara, el gobernador republicano Rick Perry impidió de un plumazo un déficit proyectado a dos años por 18,000 millones de dólares, exigiendo a cambio recortes del 10% en toda la administración.

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