La ‘comodidad’ de criticar al TARP

Hoy aparecen los políticos que critican los rescates del Gobierno de EU a lo largo de esta crisis; nos encontramos ante la retórica de quienes, pasada la tempestad, dicen que sólo fue chubasco.
banco crisis protesta wall street  (Foto: Cortesía Fortune)
Becky Quick*

A menos de dos años de que Estados Unidos enfrentara su peor crisis financiera en décadas, y los políticos tomaran turnos para decir que el Gobierno exageró con el plan del Programa de Alivio para Activos en Problemas (TARP por sus siglas en inglés) de 700,000 millones de dólares tomados de los fondos de los contribuyentes. También dijeron que las increíbles intervenciones de la Reserva Federal (Fed) y del Departamento del Tesoro no eran necesarias, y que Estados Unidos debió haberse quedado sentado viendo cómo caía lo que tenía que caer. 

Sí, claro... Jimmy Dunne, director administrativo en la compañía de inversión bancaria Sandler O'Neill, resumió perfectamente mi sentir cuando le pregunté recientemente lo que pensaba de esos políticos. "Son unos idiotas".

Dunne es uno de los muchos que vio la crisis desde el asiento del acompañante. "Teníamos que ir todos los días a la oficina, pero todos nos sentíamos desesperanzados, como si no hubiera nada que hacer", dijo con respecto a esos oscuros días del otoño de 2008. "Teníamos una sensación en el estómago... si el Gobierno no decía que estaría ahí para resolverlo, todo se habría venido abajo".

¿Y por qué se vendría todo abajo? Porque nuestro sistema financiero opera bajo la idea de la fe, la fe en que las instituciones cumplan sus promesas, de que la gente pague sus cuentas. Y Estados Unidos atravesó un periodo en el que todos cuestionaron esa fe. Una institución tras otra llegó al borde del colapso, y algunas sí cayeron: Bear Stearns, IndyMac, Lehman Brothers, Fannie Mae, Freddie Mac, AIG, Merrill Lynch, Washington Mutual, Wachovia. La pregunta más frecuenta en Wall Street en aquel entonces era "¿quién sigue?". Y en ese ambiente, cualquiera podía seguir.

"Es como ir a una fiesta y escuchar que 10 de los 40 asistentes tienen una enfermedad contagiosa. No sabes cuáles son esos 10 y dudas de saludar a cualquiera", expresa Dunne.

Es por eso que el Gobierno tuvo que intervenir y tomar esas medidas tan extraordinarias, desde respaldar a los mercados crediticios hasta asegurar las inversiones del mercado monetario para elevar los seguros de depósito de la Corporación Federal de Seguros de Depósito (FDIC por sus siglas en inglés) a 250,000 dólares por cuenta bancaria. En conjunto, estas estrategias ayudaron a detener el fracaso de los bancos y evitaron que cundiera el pánico.

Los que pensaron que el colapso del sistema financiero sólo afectaría a las vacas gordas de Wall Street estaban equivocados... o fueron muy ingenuos. Cuando las empresas grandes no encuentran financiamiento, no pueden cumplir con sus obligaciones de nómina. Algunas compañías importantes, incluyendo algunos componentes del índice Dow Jones, pudieron haber caído también en el otoño de 2008, cuando los mercados crediticios se paralizaron, dejando a cientos de miles de empleados sin sueldo. Esto iba a contagiarse de inmediato a las firmas más pequeñas en todo el país.

El desempleo, que está afectando al país con una tasa oficial de apenas debajo de 10%, pudo haberse elevado fácilmente a 25% o más, como durante la Gran Depresión. Además, piensen en la situación que se habría generado si estos bancos se hubieran congelado. Durante el clímax de la crisis, fuimos invitados al set del programa Squawk Box junto a alguien cuya compañía ahora administra más de un billón de dólares en activos. Durante un corte comercial, él confesó que recientemente le había dicho a su esposa que fuera al banco y sacara tanto dinero como le fuera posible, porque no estaba seguro de que los cajeros automáticos fueran a funcionar al día siguiente. De hecho, la gente más inteligente que conozco, los que tienen el conocimiento más íntima de lo que pasaba en los mercados, pensaron que las cosas caerían mucho más profundo de lo que las autoridades gubernamentales estaban comunicando en ese momento. 

Los legisladores y los candidatos que ahora están poniendo en duda estas estrategias son peligrosos. No sólo están despertando una ira populista para avanzar en sus propias necesidades (ser electos) sino que también amenazan con poner en riesgo esos pasos necesarios y positivos que el Gobierno tomó durante las horas de mayor miedo. Eso puede causar que los líderes futuros dejen de hacer lo correcto la próxima vez, y aunque el Congreso tuvo mucho aplomo para aprobar la ley de reforma financiera, pueden estar seguros de que a futuro, esta situación se volverá a presentar.

*La autora  es  presentadora en el programa de CNBC, Squawk Box. 

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