Una reforma a Wall Street de doble filo

Las regulaciones financieras pueden cambiar a EU en forma positiva o negativa, dice el senador Bayh; el legislador demócrata por Indiana cree que su mala aplicación dañará a la economía...
evan bayh reforma financiera congreso repercusiones  (Foto: Cortesía Fortune)
Nin-Hai Tseng

A principios de este año, el senador Evan Bayh, de Indiana, impresionó a los demócratas cuando anunció que no buscaría la reelección en noviembre, lo que aumentaría las posibilidades de que el Senado, comandado por su partido, dejara de ser mayoría este otoño.

Para muchos fue impresionante que el senador de dos periodos, quien creció viendo a su padre, el senador Birch Bayh, representar a Indiana, tomara esa decisión. El Bayh más joven dice que se ha decepcionado del Congreso. "Hay mucho partidismo y poco progreso", dijo en un anuncio en febrero.

La semana pasada, el presidente Barack Obama firmó la legislación más ambiciosa en generaciones en materia de regulaciones financieras. Bayh, presidente el subcomité bancario de seguridad y comercio internacional y finanzas, dice que no hubo ningún progreso.

Fue uno de los 60 senadores que aprobaron la ley Dodd-Frank después de un año de cabildeo para delimitar las conductas que casi destruyen el sistema financiero de Estados Unidos. La legislación comprende varias medidas, como la creación de un consejo de 10 reguladores para monitorear las amenazas al sistema financiero, el establecimiento de una oficina independiente que supervise servicios hipotecarios, de tarjetas de crédito y préstamos a corto plazo, la medida de exigir a los bancos que cuenten con reservas de efectivo para protegerse contra pérdidas futuras, y aumentar la transparencia del comercio de derivados.

Pero Bayh no cree que la ley sea exitosa por completo: dice que hay muchos asuntos que no fueron contemplados, y el éxito de la ley depende de la forma en la que los reguladores apliquen las nuevas normas. Fortune se reunió con Bayh para conocer su opinión sobre la ley, mientras el Gobierno se concentra en la monumental tarea de aplicarla. A continuación, algunos extractos editados:

Usted dudó sobre la ley pocos días antes de que se sometiera al voto del Senado. ¿Cuáles fueron estas dudas y qué lo hizo votar a favor?

Mi principal preocupación fue que pudiera aumentar el costo del crédito, y el nivel de incertidumbre de la ley, pues varios asuntos aún deben ser resueltos por parte de los reguladores cuando esperan que las instituciones financieras vuelvan a hacer préstamos, sobre todo a los pequeños negocios que merecen el crédito y en inversiones con gastos de capital. La incertidumbre adicional de las instituciones financieras hará que los bancos duden en hacer disponible este capital para dichas actividades, pero tiene sentido ofrecer estabilidad y transparencia adicional, y sobre todo proteger a los contribuyentes para que estas instituciones no vuelvan a crecer tanto que deban ser rescatadas por el público si entran en problemas.

La ley no es perfecta, pero entendí que siempre habrá cosas que necesitarán mejorías, correcciones, o que incluso deberán ser eliminadas a medida que entran en acción y analizamos su desempeño.

¿Cree que la nueva ley prevendrá crisis financieras futuras?

Creo que las hace menos probables, pero nada prevendrá otra inestabilidad financiera eventual. Ninguna reforma en la historia de los mercados financieros lo ha logrado. Mi mayor preocupación es que no haya un balance en el consumo y el gasto de la economía global. Algunas economías, como China, Alemania, y algunos países en vías de desarrollo, crecen rápidamente y están creando ahorros fuertes, basando sus economías en la exportación.

Estados Unidos y otros países siguen consumiendo más de lo que producen, por lo que presenciamos un desbalance. Mientras estos desbalances insostenibles existan, se manifestarán de una u otra forma. En el año 2000 la burbuja que estalló fue la tecnológica, en 2007 o 2008 fue la de los bienes raíces. Ahora vemos problemas de deuda nacionales. Cuando hay un desequilibrio, algo malo ocurrirá a menos que hagamos algo por corregirlo.

Esta crisis involucró muchos factores, y yo voté para incluir reformas en compañías financieras hipotecarias como Fannie Mae y Freddie Mac. Yo estaba en la minoría de mi partido, pero pensé que tenían una función. Debieron ser contempladas en la legislación, pero no lo fueron, y aún se debe hacerse algo. Cuando cayó Lehman Brothers, la pieza del dominó que amenazó con tirar a todas las demás piezas de la economía, uno de los problemas fue que el Gobierno no tenía un mecanismo para entrar y confiscar la entidad. La nueva ley incluye un consejo sistemático de riesgo, donde el Gobierno revisará el nivel de riesgo que corren algunas de estas instituciones. Si parecen tomar niveles de riesgo que amenacen la economía nacional o mundial, el Estado podrá hacer algo al respecto.

Y si comienzan a caer, el Gobierno ahora cuenta con autoridad de resolución para actuar y arreglar ordenadamente a un negocio como Lehman Brothers, en vez de hacerlo de forma caótica o con medidas que tomen años. Existe un mecanismo que ayudará a lidiar con el pánico como el que atravesamos. ¿Podremos prevenir pánicos futuros? No creo que sea posible, no somos clarividentes.

¿Qué tipo de mensaje cree que envía esta legislación a Wall Street y qué opina de la respuesta hasta ahora?

Envía distintos mensajes. La esperanza es hacer que los mercados financieros sean más estables mientras minimizamos el aumento de los costos tanto para la industria como para el consumidor. La gente en los mercados financieros podrá decir que esto será muy costoso y dañino para los consumidores, pero creo que debemos tener cuidado con eso para asegurar que si estos pasos fueron demasiado lejos y probaron ser muy costosos, quizás podrían ser revisados. Es importante mantenernos abiertos a este panorama.

¿La ley podría impedir el crecimiento financiero?

Si no se aplica de forma correcta, sí. Recuerden, yo diría que entre el 75% y el 80% de la ley aún está por determinarse. Los reguladores decidirán qué hacer; no queremos que las instituciones financieras retomen los préstamos imprudentes sin fundamentos fuertes, pero queremos que presten a los negocios e individuos que ameriten el crédito. Eso es importante para el crecimiento financiero.

Si las instituciones financieras se vuelven menos rentables y no tienen dinero para prestar, o si se vuelven tan cuidadosas que no presten a clientes que valen la pena, eso impactará el crecimiento económico, y si eso ocurre, las medidas deberán ser corregidas.

Algunos critican que la nueva ley coloca mucha autoridad en manos de los reguladores. ¿Está de acuerdo?

Creo que es un riesgo real y una crítica legítima. El pensamiento alternativo es tener a un grupo de políticos redactando reglas específicas, y esta gente es bienintencionada pero no está familiarizada con la complejidad de los problemas, así que lo considero la peor alternativa. También podríamos hacer nada, que, dado el pánico que atravesamos, no es una alternativa satisfactoria.

Creo que debemos estar alertas a los reguladores; si comienzan a tomar decisiones mal informadas, por eso elegimos oficiales que actúen diciendo que van por mal camino, o que puedan decir con toda honestidad que pensaron que la medida iba a funcionar, pero no fue así, y deben revisarse y corregirse algunas partes.  

En cuanto a la protección de los consumidores y al asegurar la estabilidad económica, ¿qué partes de la nueva ley son las más audaces?

La Oficina de Protección Financiera del Consumidor tendrá poderes sobre los préstamos al consumidor, lo que muestra un gran potencial para proteger a los consumidores. También tiene el potencial de ser abusiva si la oficina va demasiado lejos. Creo que quien esté al mando del departamento deberá ser una persona muy práctica y experimentada, y deberá entender las consecuencias de las decisiones que tome y sus repercusiones en el mundo real.

Además de no poder atender a Freddie y a Fannie, ¿hay algo más que la ley pase por alto?

Si no hay convergencia global en algunos de estos estándares, la ley será vencida, y podría tener efectos dañinos en el empleo y el crecimiento en Estados Unidos porque estas actividades irán al extranjero. Los empleos se irán al extranjero y el capital también. Eso no sería nada bueno, por lo que necesitamos seguir trabajando con nuestros aliados para intentar promover estándares comunes en este aspecto.

¿Se refiere a estándares internacionales?

Sí, y un ejemplo es el comercio de derivados. Podemos hacer lo que queramos con los derivados en este país, pero si la mayoría de las economías fuertes no tienen los mismos estándares, la actividad seguirá llevándose a cabo pero en otro lugar. Los riesgos seguirán presentes, pero los empleos y el capital no estarán en Estados Unidos. Debemos prestar atención a estas consecuencias no intencionadas.

El Comité de Basilea en Supervisión Bancaria está por entrar en vigor, y fijará estándares de capital y liquidez para las instituciones financieras globales importantes. Ésta es una pieza muy importante de la legislación. La cantidad de capital de estos bancos y la liquidez que mantengan serán muy importantes para la estabilidad financiera mundial. 

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Mencionó que tanto partidismo hizo que perdiera su amor por el Congreso. ¿Con qué parte de la nueva ley no está de acuerdo? Y, ¿cree que el Congreso logró algo memorable en la historia?

En cuanto a lograr algo de gran magnitud, yo diría que sí lo logró. ¿Algo memorable? Tal vez. Aún queda por verse si es recordada de forma favorable o negativa. Debemos esperar y ver cómo funciona. Este proceso fue muy partidista, y desde mi punto de vista, fue excesivamente ideológico en algunos aspectos. Las naciones más extremistas en materia ideológica tuvieron que atravesar modificaciones. Creo que hay oportunidad de que haya mayor cooperación, y ésta es otra manifestación de lo dividido que se encuentra el Congreso.

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