Los CEO recelan de la política de Obama

Los corporativos se sienten atacados por la Casa Blanca, y piensan que les ha demonizado; opinan que la presidencia ha puesto al sector empresarial como excusa de la crisis económica.
obama  (Foto: AP)
Tory Newmyer

Los presidentes ejecutivos podrán lucir duros, pero pueden ser sensibles también. Tomen como ejemplo lo que han hecho en oposición al duro trato que les ha dado desde la Casa Blanca.

El creciente resentimiento del Gobierno hacia el sector corporativo se hizo público en junio, cuando el presidente ejecutivo de Verizon, Ivan Seidenberg, se dirigió a una multitud reunida en un hotel en el centro de Washington. "Al involucrarse virtualmente en todos los sectores de la vida económica, el Gobierno crea incertidumbre en el mercado y dificulta la recaudación de capital para crear nuevos negocios", dijo Seidenber. 

La crítica fue importante porque el ejecutivo hablaba en calidad de presidente de la Mesa Redonda de Negocios, un grupo comercial que representa a los 170 presidentes ejecutivos principales, y hasta hace poco tiempo, era el aliado más aparente del presidente Barack Obama entre los colectivos de negocios más importantes. La Casa Blanca identificó a Seidenberg este mismo año como uno de los cuatro presidentes ejecutivos que Obama admira.

Seidenberg y otros han mostrado casos sustanciales de cómo la agenda económica de la administración no promueve el crecimiento, señalando la incertidumbre regulatoria sobre cómo el cuidado a la salud y las reformas a Wall Street serán implementadas, y quejándose de lo que llaman políticas fiscales anti competitivas.

La entrada de la participación "demoníaca"

Pero hay otra razón más personal detrás de estas molestias. La retórica de Obama, dicen, ha culpado una y otra vez a los grandes negocios de la caída de la economía de Estados Unidos. Esta acusación se ha vuelto un estribillo. El presidente de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, Tom Donohue, dijo que las presiones del Gobierno sobre el cuidado a la salud y sobre las regulaciones financieras y petroleras han "demonizado" a las compañías.

El magnate mediático y bienes raíces, Mort Zuckerman, que apareció en el Estado de la Unión de CNN el domingo pasado, dijo que el Casa Blanca "ha hecho algo que afecta la confianza de toda la gente en la actitud de la administración hacia la comunidad de negocios y hacia la economía. Demonizaron el mundo de los negocios". Incluso el derrocado presidente de BP, Tony Hayward, un hombre que merecía las reprimendas (si es que las hubo), se quejó de que había sido "demonizado y difamado" en Estados Unidos.  

Los demócratas dicen que estas quejas por parte de los líderes de los negocios no tienen fundamentos, pues Obama y su partido tomaron decisiones dolorosas para evitar la catástrofe económica, rescatando a los fabricantes de autos, salvando a los bancos sin nacionalizarlos, y aprobando un paquete de estímulos masivo que, dicen, salvó al país de la catástrofe. También dicen que prueba del éxito de su desempeño en el sector privado es el hecho de que las ganancias del segundo trimestre muestran, hasta ahora, que los grandes negocios están funcionando bien de nuevo, superando las estimaciones de los analistas.

Dicho esto, los demócratas hicieron que el ataque a los principales sectores fuera una parte explícita de su mensaje de campaña. La mayoría quiere que la elección sea una opción entre los dos partidos, en oposición a lo que el Partido Republicano busca: un referendo del partido en el poder. Para hacerlo, desde la primavera los líderes de los partidos han recalcado un contraste que esperan surta efecto: los demócratas defienden a los negocios locales, mientras que los republicanos apoyan a Wall Street. Los demócratas están para los pacientes y los doctores, mientras que los republicanos apoyan las ganancias de las industrias aseguradoras. Los demócratas quieren proteger a los pequeños negocios del Golfo, mientras que los republicanos protegen a las compañías petroleras. Etcétera.

Para algunos presidentes ejecutivos, el ataque parece confirmar las viejas sospechas de que Obama se opone fundamentalmente a los negocios. El expresidente George W. Bush intentó afinar una imagen como el mandatario de los presidentes ejecutivos, llenando a su gabinete de ex capitanes corporativos. Obama no incluyó a ninguno, pero llevó a algunos a sus juntas de asesores, y solicitó diligentemente que varios de ellos lo asistieran. Seidenberg, por ejemplo, ha visitado la Casa Blanca 16 veces.

Un cabildero demócrata dice que los presidentes ejecutivos, después de mucho tiempo frente al presidente, no creen que hayan logrado mucho. "Hay muchas pláticas, pero poca acción", dijo el cabildero. El discurso de Seidenberg del mes pasado, por ejemplo, ocurrió un día después de que la Mesa Redonda de Negocios respondiera a una solicitud de la Casa Blanca enviando al director de presupuestos, Peter Orszag, un informe de 54 páginas subrayando las regulaciones pendientes que creen que sofocarán el crecimiento. Muchos se preguntan ahora si la carta logrará algo más que generar tensiones.

Buscando el punto medio

Jim Kessler, vicepresidente de políticas en Third Way, un centro intelectual demócrata que apoya a los negocios, cree que la retórica de la Casa Blanca se debe a la necesidad de vender ganancias legislativas moderadas a una base desanimada. "Cuando tu legislación avanza al centro, tu retórica debe ir a la izquierda, y ni siquiera los negocios sofisticados se pondrán a leer una propuesta de ley de 2,000 páginas, así que lo que escuchan es la retórica".

Pero Kessler dijo que el peligro de que la Casa Blanca esté siendo muy agresiva con los corporativos es que los estadounidenses siguen estando a favor de los negocios. Una encuesta reciente que su grupo comisionó a Benenson Strategy Group, el encuestador de la campaña de Obama, descubrió que el 63% de los estadounidenses cree que "la mayoría de las compañías estadounidenses valora a sus empleados y los trata bien". Una minoría pensó que las grandes firmas tienen mucho poder y lastiman a la clase media, y la mayoría cree que el sector privado, y no el Gobierno, será el motor de la recuperación económica.

Parte de las consecuencias políticas a corto plazo para los demócratas ya es evidente. La recaudación de fondos de los principales donadores de Wall Street presentó una baja, con las recaudaciones de Nueva York 65% abajo desde hace dos años, según un informe reciente del Washington Post. Varios de esos donadores solían apoyar a Obama en su campaña, como el presidente ejecutivo de JPMorgan Chase, Jamie Dimon, quien detuvo los donativos a los comités del partido demócrata y firmó un cheque a Mark Kirk, el republicano de Illinois que busca el viejo puesto de Obama en el senado.

En particular la desconexión con Wall Street obtuvo un alivio esta semana, cuando Obama viajó a Nueva York el miércoles pasado para volver a recaudar dinero. Ambos eventos de altura, uno el la casa de la editora en jefe de Vogue, Anna Wintour, en Greenwich Village, y la otra en el Hotel Four Seasons, vendieron todos los boletos, según el Wall Street Journal. Pero una recaudación de fondos demócrata dijo al periódico que la ira contra los demócratas entre los ejecutivos de servicios financieros limitará este tipo de eventos en la ciudad, y que los asistentes a los eventos de esta semana no estaban interesados o sólo habían asistido para quejarse con el presidente.

¿Qué hará Obama para arreglar el problema? Jeffrey Garten, profesor de Comercio Internacional y Finanzas en la Facultad de Administración de Yale, cree que el Gobierno "intentará encontrar un punto medio con esta gente, porque le preocupa verdaderamente que su actitud se convierta en una falta de inversión". Obama ya indicó que quiere crear acuerdos comerciales con Corea, Colombia y Panamá.

"Será mejor a corto plazo", predijo Garten, autor de La mente del presidente ejecutivo. "Llevará al Gobierno dos líderes de negocios, si puede encontrarlos. Y después querrá crear un acuerdo para terminar con la retórica, y encontrará algo en lo que tanto él como la comunidad de negocios puedan trabajar, en una base de colaboración".

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