La SEC: la regulación frena al regulador

La falta de independencia al investigar un caso de fraude impide ampliar la visión de la entidad; la dependencia de EU se ve limitada a hablar con los empleados de las empresas que investiga.
sec comision valores eu fraude demanda investiga  (Foto: Cortesía Fortune)
Eleanor Bloxham

Depender de la opinión de los amigos es una tendencia humana natural; todos lo hacemos, pero dadas las circunstancias, ese impulso puede poner en peligro todo, desde relaciones interpersonales hasta economías mundiales.

Mientras más responsabilidad tenga una persona sobre el bienestar de otra, más peligrosas son las consecuencias de este hábito. Nuestra sociedad ha aprendido esto con malas experiencias.

Un ejemplo es la crisis financiera actual. The Warning, una película sobre los eventos que desataron la crisis, cuenta la historia de la ex presidenta de la Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas (CFTC por sus siglas en inglés), Brooksley Born, y sus advertencias y argumentos que pedían mayores regulaciones, medidas que pudieron haber prevenido el desastre. El ex presidente de la Comisión de Valores y Mercados (SEC por sus siglas en inglés), Arthur Levitt, discutió fuertemente frente a las cámaras lo que aprendió de la crisis. Su conclusión es que le hubiera gustado prestar atención a las advertencias de Born. Pero sus afiliaciones eran con los señores Summers, Greenspan y Rubin, y por eso se puso de su parte y no apoyó a Born, como muestra la película. Hoy, ella forma parte del Comité de Investigación de la Crisis Financiera, revisando los escombros.

Cuando hablo de gobernabilidad, me refiero a este hábito de escuchar a los que conocemos como "un problema de gobernabilidad clásico", una trampa recurrente que los reguladores, juntas y compañías deberían aprender a evitar. Este error clásico ocurre cuando tomamos decisiones con base en "quién", en vez de "qué". Ocurre cuando las juntas no buscan aportaciones más allá de la administración que deben supervisar. Para los reguladores, ocurre cuando no ven aportaciones más allá de los que deben regular.

El desastre de BP y la cercanía entre el Sevicio de Manejo de Minerales y la petrolera mostró la importancia que tiene que los reguladores busquen información fuera de la industria. El Congreso descubrió que varias de las compañías petroleras emplearon a los mismos asesores para producir planes inadecuados para manejar desastres y crisis: un ejemplo de este fenómeno en la industria.

En The Warning, la dependencia en un pequeño número de fuentes es cuestión de casualidad o contexto, uno que claramente tuvo un mayor impacto en su contribución a la crisis. En otras instancias, esta dependencia sobre un pequeño grupo está formalizada, integrada en la forma en la que los reguladores escriben normas o en los procedimientos que siguen en sus trabajos.

En un intento de atender este problema, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA por sus siglas en inglés) realizó un estudio en 1995 sobre los inspectores y procesadores de seguridad alimenticia. Uno de los problemas en los que se concentraron fue en la presión de las filiaciones que sufrieron los inspectores gubernamentales cuando trataron ciertas plantas de carnes o aves. Las reformas descritas en el informe pretendían asegurar un nuevo tipo de relaciones entre reguladores y regulados: donde se desconozca qué planta investiga qué inspector, y donde los operadores de las plantas desconozcan quién realiza las funciones".

Hace dos semanas, en una historia de Fortune sobre un informante de la SEC, se reveló que, para las leyes de valores, no todos han aprendido su lección: la SEC sólo permite pre-autorizaciones de marcos de control por parte de compañías y auditores, es decir, la gente que la SEC regula, y las partes que tienen menos posibilidades de hacer sugerencias para mejorar. Como explica el artículo, las compañías y los auditores no avanzaron con los cambios sugeridos, pero un externo sí lo hizo.

La SEC siguió sus procedimientos tradicionales y desestimó la visión externa. Al desvalorar la relevancia de estas declaraciones, se pudo haber contribuido a la crisis, y al seguir ignorando las advertencias, porque no formaban parte de los grupos predeterminados específicos, se propició esta situación.

De cierta forma, a pesar de todo lo que debimos haber aprendido, cuando intentamos atender la crisis financiera cometemos los mismos errores con respecto a la forma en la que los reguladores crean las reglas y procedimientos que siguen.

El 2 de julio respondí a comentarios en una propuesta de la Corporación Federal de Seguros de Depósito (FDIC por sus siglas en inglés), con respecto a la forma en la que los bancos serán evaluados desde una perspectiva de riesgo. La propuesta incluye una anticipación por parte de la FDIC para que cualquier regulación propuesta sea sometida a discusiones para buscar mejorar los sistemas adoptados y su coordinación con otros reguladores. Escribí que necesitan tener un alcance mayor para obtener perspectivas externas sobre cómo funcionan los sistemas y sobre cómo pueden ser mejorados.

La propuesta de ley a la reforma financiera (en los artículos 748, 922-924), fomenta a los informantes como un mecanismo de prevención de crisis y escándalos financieros potenciales. Pero los individuos pagados y protegidos en la propuesta final son empleados con "información original" y protegidos al punto que "ningún empleador puede despedir, amenazar, destituir, suspender, acosar, de forma directa o indirecta, a un informante en los términos y condiciones del empleo por sus acciones", en cuanto a la provisión de información o al supervisar una investigación.

Esto es desafortunado si ponemos atención a los ejemplos como el del fraude de Madoff, donde un externo, Harry Markopolos, fue el "soplón" y tuvo que ceder su tiempo y energía para atender el caso. Varias fallas de supervisión involucran información del dominio público que no es "original" pero que la aplicación de la ley no puede revisar. Estas perspectivas externas no son fomentadas en las medidas de la nueva reforma.

Mientras los empleados de las compañías reguladas son una fuente útil (al igual que las compañías y los auditores en el caso de los marcos de control), ellos son los individuos que tienen las menores posibilidades de aparecer en la escena. La nueva ley no atiende, ni compensa, ni protege, a los consultores, analistas, clientes, inversionistas, vendedores, activistas y otros cuya información pueda ser benéfica para alertar a los reguladores de valores y ayudándolos a fortalecer cargos.

Siempre ha sido cierto que las buenas ideas vienen de todas partes, pero también es cierto que, en Estados Unidos, hoy en día, con nuestra alta movilidad y con nuestra población educada, analítica, y capaz de ofrecer información útil, los reguladores, los corporativos y las juntas, no pueden cumplir con su trabajo cuando dependen de grupos de fuentes estrechas. Después de 15 años, y dada la profundidad de la crisis financiera, parece ser una lección que debemos aprender de nuevo.

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