Inflación: una medicina amarga y probada

En un mercado deprimido, la hiperinflación preocupa poco, pero en EU su presencia se alimenta; la historia muestra las consecuencias funestas de los procesos de alza de precios en una sociedad.
1930 gran depresion inflacion  (Foto: Cortesía Fortune)
Kit R. Roane

El presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben Bernanke, puede estar hablando de deflación, pero la inflación está merodeando al menos un rincón de la economía. Los libros oscuros que analizan las causas y consecuencias de la terrible inflación en Alemania después de la Primera Guerra Mundial, ahora son valores primordiales.

El tratado económico de Jens O. Parsson, La muerte del dinero: lecciones de las grandes inflaciones estadounidense y alemana, se vende por 249.90 dólares en Amazon, y ya no está siendo impreso, mientras que las copias del aviejo manuscrito Cuando el dinero muere: la pesadilla del colapso de Weimar, de Adam Fergusson, se vendió recientemente en 1,705.63 dólares. Una edición británica de bolsillo del libro de Fergusson se colocó en el número uno de los libros de negocios en Amazon Reino Unido por más de 26 días, y ahora está entrando a los medidores de Amazon Estados Unidos. Un conjunto de los libros de Parsson, que no estaban disponibles, aparecieron en línea, a disposición del mundo entero.

Al igual que gran parte de la sofocante hiperinflación que describen, aún no queda claro dónde y cuándo comenzaron a ganar terreno estos libros. Los informes indicaron que la prisa por obtenerlos pudo provenir de la sabiduría de las inversiones de Warren Buffett, quien, dicen, tuvo un momento "Oprah Winfried", y recomendó el libro de Fergusson a algunos amigos banqueros.

De cualquier forma, Buffett ha negado esto, alegando que él nunca había escuchado del tomo de mediados de los 70; incluso si lo hubiera hecho, eso no significa que La muerte del dinero se haya vuelto un valor inflado también.

Pero es fácil ver por qué ambos libros hallaron un público entre los que ahora temen que la gran burbuja de la deuda que está siendo tratada por los tambaleantes gobiernos del mundo aún día termine convirtiéndose en la inflación que no puede sólo quitar el aliento, sino también el pan de las mesas. A cualquiera le asustarían los pasajes del descontento civil que ocurrió después del colapso económico en Alemania, como el que describe a una turba hambrienta que se amotinó en una pintoresca granja: "el cobertizo de las vacas quedó cubierto de sangre. Una vaca había sido mutilada, y la carne fue arrancada de sus huesos. Los monstruos cortaron las ubres de la vaca lechera más fina, para que tuviera que ser aniquilada de inmediato y dejara de sufrir".

Para los que no se asustan con facilidad, el libro de Parsson también discute el pésimo estado de la inflación estadounidense entre 1939 y hasta la década de los 70: "todos las marcos alemanes que existían en el mundo en el verano de 1922 (190,000 millones), en noviembre de 1923 no valían lo suficiente para comprar un periódico o un boleto de tranvía".  

La visión optimista

Claro que hay pocas evidencias de que estemos entrando a un molino de carne: Bernanke dijo recientemente al Congreso que la inflación estaba aminorando y que no había indicios de que fuera a acelerar pronto. El índice de precios al consumidor de todos los consumidores urbanos ha aumentado sólo 1.1% en los últimos doce meses, y bajó 0.1% en junio. El lánguido mercado de bonos parece estar de acuerdo, aprovechando los bonos del Departamento del Tesoro de dos años con rendimientos bajos nunca antes escuchados.

Mucha gente comparte la visión de Bernanke de la situación. Bob McTeer, socio en el Centro Nacional de Análisis de Políticas y expresidentes de la Reserva de Dallas, quien opina que la acentuada aceleración de la inflación es un evento poco probable porque sigue habiendo poca actividad en la economía, porque el déficit de Estados Unidos ha sido financiado predominantemente sin la creación de dinero nuevo, y porque los costos laborales siguen estando bajo presión.  

Incluso James Grant, el escéptico observador de Bernanke, estuvo de acuerdo la semana pasada al escribir en el Observador de Tasas de Interés que, a pesar de sus propias "demostraciones y predicciones" de lo contrario, la deflación real, que describe superficialmente como una combinación de la baja de los precios y fracasos bancarios, "parece frenada" por ahora.

El problema es que nadie sabe si se frenará después. El permanentemente pesimista gobernador de la Reserva Federal de Filadelfia, Charles Plosser, ve la inflación "apagada a corto plazo", y espera que acelere a sólo 2% o 2.5% en 2011. Pero, como señaló en su discurso del 11 de junio ante la Cámara de Comercio del condado de Blair en Pensilvania, "la clave para mantener las expectativas de la inflación bien ancladas y los precios estables, es que los legisladores monetarios comuniquen e implementen cuidadosamente una estrategia de salida de las ajustables políticas monetarias que ahora están en vigor".

Motivos de duda

Lo que hace que continúen los temores de la inflación es la falta de creencia en que Estados Unidos y otros gobiernos adictos al estímulo tengan la fuerza necesaria para soportar el impacto. En abril, una encuesta de Gallup descubrió que el 55% de los estadounidenses "estaba muy preocupado" por el crecimiento de la inflación, mientras que un Sondeo Nacional de Bloomberg, realizado en junio, descubrió que cerca del mismo porcentaje creía que el déficit se encontraba "peligrosamente fuera de control".

La Oficina Presupuestal del Congreso indicó que la deuda federal no debería llegar al 62% del PIB para 2010; proyecta un crecimiento de 185% para 2035 si se logra el gasto planeado. Estados Unidos no es el único que se acerca al punto de quiebre. En mayo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) calculó que el promedio de la proporción de deuda bruta de un Gobierno de una economía avanzada, "que ya se infló a cerca del 20% del PIB desde que comenzó la crisis", aumentará "otros 20 puntos porcentuales para el año 2015, llegando al 110% del PIB".

Decir que esto es insostenible sería benévolo, pero nadie quiere ser el primer político en tomar la decisión de desenchufar la situación. En una entrevista en julio con Charlie Rose, el secretario del Departamento del Tesoro, Timothy Geithner, dijo que los mercados del Departamento del Tesoro no obligaban a Estados Unidos a tomar su medicina ahora, pues todos saben que el Gobierno planea sofocar el déficit. "Hay mucha confianza en que encontraremos la forma política de hacerlo, no sólo por parte de los estadounidenses sino por parte de los inversionistas en todo el mundo", dijo Geithner. "No hay otra alternativa; podremos lograrlo".  

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Pero decirlo no lo hace verdad. Es por eso que los inversionistas optimistas en el oro están inquietos y aún hay mucho que decir sobre "Ben Helicóptero", una referencia a la creencia de Bernanke de que la deflación puede solucionarse siempre con un cambio en el sistema de impresión del Gobierno, que permita "producir tantos dólares como desee sin costo alguno". La prensa también puede ser útil para lidiar con la deuda insostenible, si la deuda está en tu propia moneda. Marc Faber, el profético financiero suizo mejor conocido como Mr. Gloom Boom Doom, al ver la "trampa de la deuda" de Estados Unidos, señaló el problema: con los receptores fiscales abajo y con los recortes radicales al gasto fuera de las opciones, Estados Unidos sólo tiene dos alternativas de salida: el fracaso o la reducción de la deuda por medio de una inflación. Faber le apuesta a que Estados Unidos tomará la ruta Weimar.  

El dolor será inevitable, y cuando llegue, el ciudadano promedio no tendrá dónde esconderse (y Parsson habría agregado, "como siempre ha sido"). "Desde los inicios de los bosques en la Era de Piedra, los gobiernos han redescubierto, primero, los esplendores, y después, las desgracias de la inflación", dijo Parsson. "Las naciones siempre pueden ver los objetivos claros, como luchar en las guerras por la prosperidad, y casi siempre están dispuestos a gastar lo necesario para lograrlos. Pero no siempre están dispuestos a pagar el precio".

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