La economía del carnaval se estanca

Brasil se ha erigido como un modelo de crecimiento entre los países emergentes en los últimos años; pero su lento cambio institucional causa que los inversores comiencen a retraerse de ese mercado.
carnaval brasil fiesta lula da silva  (Foto: Cortesía Fortune)
Carolyn Whelan

Marcelo do Rio está en la puerta de su nueva pizzería brasileña, sonriendo. La venta de su cadena de cervecerías financió el lanzamiento de su nuevo negocio, y la compra de su hogar en Río.

Esta historia de éxito no es nada espectacular. "Brasil es como Estados Unidos en la década de los 50", dice do Rio, quien planea poner dos pizzerías más, una fábrica de masa y vender su salsa secreta en tiendas. "Es un buen momento para estar aquí".

Sin duda lo es. El año pasado, la Bolsa de Valores de Brasil creció 83%, y en mayo, sus acciones representaron un impresionante sexto de los portafolios de los mercados emergentes. En febrero, la venta de departamentos nuevos en Sao Paulo aumentó 84% en comparación con el año anterior; la compra de autos aumentó 30% un mes después. Mientras Grecia estalló, la economía brasileña creció a un ritmo de 9%.

¿Qué generó este crecimiento? Siete años de alzas en las exportaciones de soya y acero a China, que generó la creación de empleos de manufactura, negocios de ventas y buenas ventas de casas con los créditos de la creciente clase media de Brasil. Pero a diferencia de otros repuntes anteriores, éste ha tenido poder de permanencia para el país de 192 millones de habitantes. Las políticas fiscales prudentes bajo el mandato del líder sindical convertido en presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, ayudaron a frenar la elevada inflación de Brasil, las tasas de interés y una moneda fluctuante.

Pero hay señales de que los vientos pueden cambiar de dirección, a pesar del hecho de que el país comienza a prepararse para su momento de gloria internacional con los Juegos Olímpicos 2016. Detrás de la euforia, los inversionistas experimentados comienzan a retorcerse. Las tasas de interés y la inflación, ahora a 10.75% y 4.8% respectivamente, comienzan a causar miedo. Los escépticos temen que el crecimiento de Brasil, similar al chino, pueda causar cuellos de botella a medida que la capacidad no logre abastecer a la demanda, que las inversiones caigan y el gasto público siga creciendo. Los inversionistas temen, sobre todo, que Brasil no logre aprobar reformas como las leyes de impuestos, que pueden reforzar el crecimiento tibio y el gasto nacional en caso de que haya una caída importante.

Si a esto le sumamos la incertidumbre de un nuevo presidente que llegará en octubre, una moneda fuerte y el retiro de China en la compra de materias primas, varios inversionistas que merodeaban el mercado alcista de Brasil están yendo a otras partes. Las acciones brasileñas ya perdieron 11% en la primera mitad de este año. 

Alan Nesbit, gestor de portafolios en First State Investments, que recientemente redujo sus acciones brasileñas, cree que el mercado funcionó sobre el impulso, más que sobre los beneficios fundamentales. "Temo por los inversionistas inexpertos que están fuertemente apoyados en Brasil", lamentó Nesbit.

Contagio global

Los precios del acero ya están cayendo, pues China aprieta los préstamos para apaciguar el alza repentina de las construcciones. El dragón oriental está convencido de comprar 31% menos soya extranjera en agosto. El lento crecimiento en Europa, el principal mercado de exportaciones de Brasil, también es motivo de miedo. Hay preocupaciones de que los empleos puedan padecer si las exportaciones bajan y si el gasto del consumidor, que comprende el 63% de la economía de Brasil, se reduce.

Aunque entró mucho dinero en acciones, otras inversiones a largo plazo siguen decayendo. Los ingresos de inversión extranjera, de 26,000 millones de dólares en 2009, descendieron 42% en comparación con los 45,000 millones de dólares en 2008, una caída más pronunciada que la del promedio global, según la agencia de rastreo de inversiones de Naciones Unidas, la UNCTAD.

Las inversiones extranjeras en Brasil, como porcentaje del PIB, han sido bajas, a sólo 26% el año pasado en comparación con el 37% de la región. "Brasil se quedará sin combustible", teme Mauricio Rosal, economista de Raymond James en esa zona. "Nuestra tasa de ahorros de 15% es insuficiente. Necesitamos capital o reformas para impulsar la productividad".

Los inversionistas a largo plazo se están retirando de Brasil por sus altos impuestos y la participación gubernamental en algunos sectores, algo que Lula cambió poco. La reforma de las pensiones está en espera; esto también es motivo de temor porque el gasto en sueldos estatales se duplicó de 2003 a 2009, en vez de ser invertido en caminos y escuelas que necesitan los brasileños.

Otros señalan que una razón más de temor es que Brasil está más interesado en llamar la atención en el escenario internacional que en hacer esfuerzos para preparar a su economía para un crecimiento más lento. Lula se ha inmiscuido más en sectores como la energía, y está apoyando causas controversiales como la energía nuclear iraní. "Cuando el mercado alcista termine, ¿Brasil recurrirá a una dictadura o comenzará a imprimir dinero? Ahora es el momento de abrirnos", dijo Jim Rogers, cofundador de Quantum Fund.

Para el crecimiento sustentable, Brasil necesita una economía más diestra e incentivos a los pequeños negocios para que fomenten las inversiones a largo plazo en fábricas, plantas y caminos. "Es importante que evitemos que los inversionistas vendan cuando comiencen los Juegos Olímpicos de Río", dijo Matthew Cole, socio en la compañía de capital privado North Bay Equity. "Quedarse quietos no es suficiente. Basil necesita una visión a largo plazo".

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Para asegurarse, el estratosférico crecimiento de Brasil fue bien merecido. El país está lleno de recursos naturales y tiene una buena participación de los consumidores. También ha tenido buenos hallazgos de petróleo en sus costas. La población joven de Brasil asegura que la fuerza laboral y la clase compradora tendrán un gran futuro.

Pero quizás eso no sea suficiente para lidiar con el crecimiento económico más débil. Aunque el espíritu del carnaval se ha llevado el mérito en años recientes, el mundo nos ha enseñado que la limpieza después de la fiesta no siempre es lo más agradable.

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