EU va por enfermedades y gastar menos

¿Tomarías una pastilla que le promete evitar el cáncer de próstata? ¿Y qué tal si igual no te da? la ley de salud en EU busca fomentar los métodos preventivos, pues a la larga cuestan menos.
salud-seguro-pastillas-medico-JI.jpg  (Foto: Jupiter Images)
Shelley DuBois

El sistema de cuidado a la salud de Estados Unidos ha sido aplicado en torno al tratamiento de enfermedades, no a su prevención; esto debido a décadas de incentivos gubernamentales y del sector privado.

Ahora, Merck está sintiendo los efectos de esa perspectiva del cuidado preventivo con uno de sus medicamentos, llamado Proscar, que ha probado reducir el riesgo de padecer cáncer de próstata. Según un nuevo estudio, los doctores no lo están recetando. El dilema de Proscar refleja una tendencia más amplia en el sector salud, uno que los estadounidenses tendrán que confrontar a partir de septiembre.

En ese mes, se pretende poner en vigor algunas partes de la Ley del Cuidado Costeable del presidente Barack Obama. La ley obliga a dar los servicios preventivos de manera gratuita incluyendo pruebas de colesterol, exploración de cáncer de mama y vacunas contra el tétanos para toda la gente que compre nuevos planes después de su aprobación. Pero aún queda por verse si los médicos y los pacientes aprovecharán los nuevos servicios de prevención.

La renuencia a recetar medicamentos que previenen el cáncer ha perjudicado a Proscar, según un informe de Bloomberg. El medicamento entra en una categoría de tratamientos llamados quimio-preventivos. La quimio-prevención consiste en la prescripción de medicamentos a un grupo de pacientes que corren riesgo de desarrollar cierta enfermedad. En esencia, los médicos tendrían que decir a los pacientes con este riesgo (pero que aún están sanos) que tomen un medicamento como medida preventiva contra el cáncer, algo que pocas personas están dispuestas a contemplar o combatir de forma preventiva.

Parte del problema en torno a la quimio-prevención es que su éxito es difícil de medir. El éxito en el caso de Proscar significa que un paciente que no tiene cáncer, no lo desarrolle. No hay forma de saber si un paciente habría desarrollado cáncer de próstata sin el medicamento.

El éxito del medicamento sólo puede ser estudiado comparando las tasas de crecimiento de tumores en un grupo de pacientes que tomó el medicamento en comparación con un grupo que no lo hizo.

Como el mejor resultado es un negativo (no desarrollar cáncer), la psicología humana básica nos dificulta apreciar la ausencia de un panorama como un positivo. Con la falta de confianza básica y el escepticismo que varios estadounidenses sienten hacia todas las instituciones grandes, sin mencionar la combinación de Gobierno, compañías farmacéuticas y aseguradoras, esta situación no favorece el éxito del cuidado preventivo.

Pero en estudios, Proscar lo ha logrado: prevenir el cáncer. Un informe de 2003 estudió a dos grupos de hombres con un riesgo promedio de padecer cáncer de próstata: un grupo tomó Proscar por siete años, y el otro grupo no lo hizo. Los hombres que tomaron Proscar tuvieron 25% menos posibilidades de desarrollar cáncer en comparación con los pacientes del otro grupo.

¿Por qué no tomamos nuestra medicina (preventiva)?

Por alguna razón, los médicos no están recetando Proscar para el tratamiento preventivo, según un estudio publicado en el diario Cancer Epidemiology, Biomarkers & Prevention. La mayoría de los médicos y urólogos encuestados dicen que esto se debe a que simplemente no han tocado el tema de la quimio-prevención con sus pacientes, es decir, antes de que los doctores puedan convencer a los pacientes sobre los beneficios de la medicina preventiva, deberán convencerse a ellos mismos.

Los medicamentos como una forma de cuidado preventivo son un obstáculo importante porque pueden generar efectos secundarios. En el caso particular de Proscar, éste puede causar crecimiento capilar, pues su ingrediente principal es el finasteride, que también es el ingrediente principal en la píldora para controlar la pérdida de cabello de Merck, llamada Propecia. Este ingrediente también se encuentra en medicamentos para combatir la impotencia. En general, estos efectos secundarios son poco probables y ligeros, pero no irrelevantes.

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Aunque los efectos secundarios son intimidantes, no son el principal elemento disuasivo en este caso; es igual de difícil que convencer a los pacientes a someterse a un estudio regular, que no tiene ningún efecto secundario. Y es igualmente complicado hacer que los doctores ofrezcan la forma de cuidado más económica y aún así, la más eficiente, que, según Atul Gawande en su famoso artículo publicado en el New York Times el año pasado, consiste en hablar más con los pacientes y reducir el gasto en costosas pruebas de diagnóstico.

Convencer a los médicos y a los pacientes de que acepten la quimio-prevención necesita ser parte de un cambio más drástico en el cuidado a la salud en Estados Unidos. Implicaría que médicos y pacientes tengan que pensar en su salud en términos de minimización de riesgo. Claro que comer bien, hacer ejercicio, dejar de fumar y dormir lo suficiente son las mejores formas de minimizar el riesgo de una gran variedad de enfermedades prevenibles. Si todos lo hicieran, habría una menor necesidad de medicamentos preventivos.

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