Diversificación, clave para inversores

Inversionistas en bonos de deuda deben alejarse de países como Estados Unidos, afirman expertos; la mejor apuesta se halla en las naciones en desarrollo, más prudentes, como por ejemplo Australia.
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Colin Barr

Es imperativo que los inversionistas en bonos de deuda soberana diversifiquen y se alejen de los países ricos ahogados en deudas, como Estados Unidos, de acuerdo con Rob Arnott, quien dirige la firma de gestión de inversiones Research Affiliates en California.

La advertencia, que aparece en el boletín mensual de la firma (Fundamental Index Newsletter), llega tarde. Los inversionistas han estado inyectando fondos a los bonos emitidos por grandes gobiernos, provocando que los rendimientos caigan a niveles sólo vistos en el peor momento de la crisis financiera de 2008.

Pero Arnott se une al coro de voces que cuestiona esa elección. Considerando estrictamente factores no políticos, Arnott sostiene que la mejor apuesta para los tenedores de bonos se halla en los países en desarrollo, que crecen rápido, y en países desarrollados más prudentes, como Australia y Canadá. Los grandes emisores de deuda representan el mayor riesgo y el más menospreciado, opina.

Uno podría argumentar con razón que los mercados emergentes son colectivamente más merecedores de crédito que los bonos del Tesoro estadounidense. Lo que conduce a una pregunta provocadora: ¿cuándo ofrecerán los bonos del Tesoro una "prima de riesgo" (un rendimiento más alto) mayor al de las deudas soberanas más estables y solventes que el dinero puede comprar: las deudas públicas de los mercados emergentes?

El comportamiento del mercado en este año sugiere que eso no sucederá pronto. Pero Arnott dice que es hora de enfrentar el problema antes de que empeore.

La cuestión, explica Arnott, es que la exposición de los inversionistas a la deuda soberana de los cinco países más ricos (Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia y Reino Unido) no está justificada por los resultados económicos de esas naciones, la población o la parte que les corresponde de los recursos globales.

Ese grupo de países, llamado G5, representa el 68% de la deuda soberana del mundo, indica Arnott. Eso es casi tres veces más la deuda que deberían cargar, según estimaciones de Research Affiliates.

Entre tanto, los mercados emergentes representan solamente el 10% de la deuda emitida; pero de acuerdo a su economía, población y recursos, Research Affiliates considera que deben representar el 58% de las inversiones en deuda pública.

Consideremos el resto de la lista de mercados emergentes. Ninguno de los 43 mercados emergentes, que abarca a todos los países incluidos en indicadores de deuda emergente, tiene tanta deuda como alguno de los países del G5. En casi todos los casos, la deuda de los mercados emergentes es modesta en relación a sus respectivas capacidades para soportar deuda según los cuatro factores de la producción económica.

Si eso no basta, Arnott sostiene que los problemas de deuda que viven los países europeos (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España) no son considerablemente peores a los que vive el resto del mundo desarrollado.

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Arnott por último señala que la década pasada demostró que pocas personas aprenden las lecciones cuando ya es demasiado tarde.

Pero hemos aprendido a guardar moderación en nuestra propia cartera de inversiones gracias a las dos últimas crisis de deuda (la griega y la del estadounidense hipotecado)? Lo dudo. Miremos bien qué bonos tenemos y los fondos indexados que los incluyen. ¿Estamos preparados para las turbulencias? Parece que no.

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