Japón, ¿una bomba por explotar?

Sus altos impuestos así como las políticas fiscales representan un riesgo para los próximos 10 años; el 22.7% de sus habitantes tiene más de 65 años siendo el país con la población más vieja del...
japon-dinero-yen-AP  (Foto: AP)
Doron Levin

Una población que envejece con velocidad y un Gobierno que lucha con sus profundos problemas financieros hacen que Japón sea pólvora para inversiones internacionales. En Hedgeye, la compañía donde trabajo como analista, nos gusta evitar las exageraciones, pero después de estudiar la demografía japonesa y las obligaciones de pensiones, debemos decir que, en nuestra opinión, representan uno de los riesgos potenciales más peligrosos de inversión global para los próximos 10 a 20 años.

Para entender esto, hay que explicar los vientos en contra de la demografía japonesa, que suele mostrarse de forma torcida sin mucha información de respaldo. Para empezar, en 2009 el 22.7% de su población tenía más de 65 años de edad, por lo que el país tiene la población más vieja del mundo. Esta cifra seguirá creciendo: el Gobierno japonés estima que la proporción aumente a 29.2% para el año 2020 y a 39.6% para el año 2050.

Actualmente, el 35.5% de los japoneses están retirados por ya no estar en edad de trabajar. En solo diez años, estos retirados representarán al 48% de la población. En una sociedad reconocida por sus lujosos paquetes de pensiones, pasar de una proporción de 3 a 1 a una de casi 2 a 1 en contribuciones a los retirados, en sólo una década, es un enorme motivo de temor, por decirlo de alguna forma. Y no parece que vaya a mejorar: para el año 2050, la proporción de la población retirada llegará a 76.4%, según las proyecciones del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón.

La conclusión obvia es que habrá más y más gente en las filas de pagos de pensiones y cada vez menos gente para financiarlas. El panorama del financiamiento luce más deprimente si consideramos que el 56% de los trabajadores japoneses dependen del apoyo financiero de sus padres o de otras fuentes para cubrir sus gastos de vida, según el Ministerio de Trabajo de Japón. En otras palabras, las personas con las que más cuenta Japón para financiar las crecientes responsabilidades de pensiones están siendo apoyadas por los mismos pagos que se supone deberían estar cubriendo. Y esto no es bueno.

Este año ya comenzamos a ver los efectos dañinos de las brechas en el financiamiento con el fondo de pensiones públicas de Japón, el más grande del mundo, con 1.433 billones de dólares, que aumenta sus ventas de activos por un factor de 5x año con año para cerrar la brecha entre las primas de seguros y los pagos. Según Takahiro Mitani, presidente del fondo, la cifra actual de 4 billones de yenes (48,000 millones de dólares) podría aumentar, según las "condiciones del mercado", con la venta de cualquier combinación de activos: 67.5% de Bonos del Gobierno Japonés (JGBs), 12% de patrimonio neto japonés, 10.8% de patrimonios netos internacionales, y 8.3% de bonos extranjeros, incluyendo bonos del Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Esperamos que la venta de activos por el fondo de pensiones públicas de Japón siga acelerando a medida que los primeros baby boomers de Japón cumplan 65 años en 2012.

La magnitud de las ventas japonesas tendrá un peso en los mercados globales en los próximos años. Mitani sigue convencido de que las tasas de interés sobre los bonos del Gobierno japonés no aumentarán, ni siquiera con la superabundancia potencial de nuevo suministro en el mercado. Pero nosotros pensamos distinto: cuando el abastecimiento poco rentable supera la demanda poco rentable, lo que pasa es que los precios bajan.

La demanda de la deuda japonesa también está bajando

En el frente de la demanda, la deuda gubernamental de Japón, que rebasa el 200% del PIB, ha sido financiada, en general, por inversionistas nacionales (el 94%, según el FMI). Pero los ahorradores japoneses cada vez se vuelven más consumidores a medida que envejecen: la tasa de ahorros por vivienda en Japón, como porcentaje de los ingresos gastables por persona, bajó 1,170 puntos base en los últimos 20 años, a 2.2%, según el FMI y la OCDE.

Las participaciones directas de Bonos del Gobierno Japonés, o JGBs, por parte de ciudadanos japoneses son de sólo 5% de la cantidad pendiente total. Cuando se toman en cuenta los canales indirectos, los ciudadanos japoneses financian el 61.5% de las emisiones de JGBs, a través de bancos, fondos de pensiones y sus deudas futuras.

El suministro de la deuda japonesa también aumenta

En cuanto al suministro, el déficit presupuestal de Japón como porcentaje del PIB es actualmente de 8.7%, según el FMI. Más iniciativas de  gasto, como el plan de estímulo que anunció recientemente el primer ministro Naoto Kan, de 915,000 millones de yenes (11,000 millones de dólares), no sugieren que esa cifra vaya a bajar significativamente en los próximos años. De hecho, las proyecciones base del FMI calculan que el déficit presupuestal de Japón como porcentaje del PIB será de 7.2% en 2015. Esto significa que deberán seguir emitiendo grandes cantidades de deuda gubernamental para financiar el gasto con déficit.

Estos factores juntos economía de consumo hacen que el panorama para el suministro futuro de JGBs y la demanda sea uno de los desequilibrios fuertes por el lado del suministro, una situación que, en teoría, debería bajar los precios sustancialmente y elevar los rendimientos, haciendo que sea aún más costoso que Japón se autofinancie.

"Soluciones" potenciales

Este tipo de problemas no suele terminar bien, pero algunas curas, como medidas de austeridad, en caso de que sean implementadas, podrían ayudar a contrarrestar la carga que la deuda masiva de Japón coloca sobre el crecimiento del PIB.

Desafortunadamente, el Gobierno japonés está avanzando en la dirección opuesta a la austeridad, pues eligió apalancarse incrementalmente y "estimular" más a la economía.

Uno de los problemas clave con Japón es que la cantidad de inversión en los últimos 20 años se ha dirigido al sector de la manufactura, con un rezago del capital y del gasto de investigación y desarrollo en sectores nacionales, como el cuidado a la salud, tecnología de la información, ventas, etc. Este es un impedimento serio al crecimiento futuro a medida que Japón se vuelve una economía de consumo y de poco ahorro. Habrá menos fondos disponibles para la inversión justo cuando más se necesiten, sobre todo porque, para empezar, Japón no es un blanco fuerte de inversión extranjera.

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Los altos impuestos corporativos, las políticas fiscales poco favorables, y la incertidumbre en torno a las políticas dañarán la confianza tanto de negocios como de consumidores, así como al gasto de inversión. Estas políticas también complican la entrada de empresarios a nuevos negocios, algo que limita las fuentes de empleo y los ingresos fiscales. Reformar las políticas fiscales para beneficiar al sector corporativo podría estimular el crecimiento futuro.  

Siguiendo con el círculo vicioso, el Gobierno necesita desesperadamente ingresos, y frenar algunos impuestos probablemente agravaría la situación. No es fácil ver dónde podrá encontrar los medios políticos o la visión para los negocios para salir de esta encrucijada. Si no logra hacerlo, quizás Japón tendrá que seguir los pasos de muchos países europeos, y pedir con toda humildad ayuda a las instituciones internacionales para que lo rescaten.

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