10 millones ‘paran’ en España

La huelga general en ese país tuvo un apoyo desigual por parte de los sectores económicos; el 7.5% de los funcionarios públicos no laboró, mientras que en ferrocarriles la tasa fue de 80%.
españa huelga  (Foto: CNN)
MADRID (AP) -

La huelga general en España vivió el miércoles un seguimiento desigual en todo el país, con una repercusión alta en sectores como el de industria o el metal y mucho más baja en el transporte, la administración pública o el comercio.

El paro de 24 horas, que coincide con una jornada reivindicativa en casi toda Europa, fue convocado por los sindicatos mayoritarios de izquierdas para protestar contra la reforma laboral, la caída de las pensiones y los planes de austeridad aprobados por el Gobierno socialista. La huelga transcurrió sin grandes incidentes, salvo en Barcelona y Madrid, con cerca de 40 detenidos en todo el país. La mayoría fueron acusados de delitos menores y puestos inmediatamente en libertad.

En la capital catalana, un grupo de 500 estudiantes incendió un vehículo de la policía, mientras que en Madrid unos 100 piqueteros cortaron el tráfico en la céntrica Gran Vía, obligando a los comerciantes a cerrar establecimientos a su paso.

Además, en el municipio madrileño de Getafe, la policía efectuó varios disparos al aire para dispersar a unos 300 sindicalistas que intentaban impedir la entrada de trabajadores a una empresa.

Las organizaciones convocantes, Unión General de Trabajadores (UGT) y Comisiones Obreras (CCOO), calificaron de "rotundo éxito" el seguimiento de la huelga, que cifraron en un 70% en los turnos de noche y mañana.

Más de 10 millones de personas no acudieron a sus puestos de trabajo, según el primer balance.

Los sindicatos describieron un apoyo masivo en sectores como los metales o la industria, con plantas de montaje de vehículos, como la de General Motors en Zaragoza, prácticamente paralizadas.

"La huelga general del 29 de septiembre es un éxito", dijo en rueda de prensa el líder de UGT, Cándido Méndez. "Los trabajadores rechazan la resignación y saben que España necesita unas políticas distintas, un cambio de rumbo en las políticas de reforma laboral o congelación de las pensiones".

"El resultado de la huelga obliga al Gobierno a rectificar", añadió su homólogo de CCOO, Ignacio Fernández Toxo.

La administración de José Luis Rodríguez Zapatero, que afronta su primer paro general desde su llegada al poder en 2004, no ofreció una valoración general y evitó entrar en una guerra de cifras.

Sin embargo, el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, sí ofreció algunos datos puntuales, bastante alejados del triunfalismo inicial de los sindicatos. Corbacho señaló que el seguimiento del paro por parte de los funcionarios públicos fue de apenas el 7.5%. En los transportes, el apoyo fue del 20% y, por ejemplo, la red de ferrocarriles de alta velocidad canceló un 80% de sus servicios habituales.

Corbacho destacó que el consumo de energía descendió un 17.6% con respecto a un día normal y dijo que los servicios mínimos pactados entre gobierno y sindicatos se cumplieron casi al 100%.

En ciudades como Madrid, un buen termómetro para medir lo sucedido en el resto del país, el ambiente era similar al de cualquier día laborable, aunque con menos tráfico en calles y carreteras. Los autobuses urbanos dejaron prácticamente de funcionar y el aeropuerto lucía semivacío.

La aerolínea española Iberia señaló que sólo operaba el 35% de sus vuelos regulares.

Sin embargo, la mayoría de las grandes superficies y el pequeño comercio decidieron abrir sus puertas.

"Tengo siete empleados y los siete han decidido venir a trabajar", explicó José María Cuadrado, un empresario que regenta un negocio de compra-venta de oro en el centro de Madrid. "Particularmente, no estoy de acuerdo con los principios que inspiran esta huelga".

Precisamente para convencer a todos los trabajadores de la importancia del paro, grupos de piqueteros recorrieron las calles de la ciudad tratando de cerrar los negocios que seguían abiertos.

El más numeroso, unas 100 personas, se hizo fuerte en el centro de Madrid sin que la policía interviniera para evitarlo, probablemente para evitar incidentes violentos.

Portando banderas, silbatos y llamando continuamente a la huelga con sus cánticos, los piqueteros sembraron la calle de carteles y pegatinas contra Zapatero y el Gobierno.

La mayoría de comercios cerraban sus puertas ante la presión de los sindicalitas, aunque reabrían poco después.

"Hemos tenido que cerrar y a los clientes los hemos sacado por la puerta de atrás porque (los piqueteros) nos gritaban y abucheaban", dijo Eugenia Marín, de 53 años, parapetada tras la valla de su zapatería en el corazón de la Gran Vía para evitar cualquier enfrentamiento.

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La jornada de huelga culminará a última hora de la jornada con casi un centenar de manifestaciones que recorrerán las principales ciudades del país.

 

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