¿Quién puede salvar la economía de EU?

Ni el Gobierno, ni la Fed o los recortes pueden desvanecer repentinamente los problemas económicos; pensar que la solución está en manos del Congreso es sólo una visión política y no racional.
china japon estados unidos potencia economia JI.jpg  (Foto: Jupiter Images)
Allan Sloan y Tory Newmyer con Doris Burke

Ésta es una verdad terrible sobre la economía, una verdad que nadie que esté en el poder, o pretenda estar en el poder, quisiera compartir contigo, al menos hasta que terminen las elecciones intermedias: no hay nada que el Gobierno de Estados Unidos, o la Reserva Federal, o los recortes fiscales, puedan hacer para desvanecer repentinamente el dolor económico. No hay superhéroes o súper-villanos omnipotentes y sabelotodos que puedan rescatar a la economía por cuenta propia.  

A partir de los debates públicos que han tenido lugar en Estados Unidos, quizás nunca habrían conocido esta verdad. Quizás piensan que el Gobierno federal puede revivir la economía rápidamente si el Congreso le permite ser más agresivo con el gasto del estímulo.

O quizás piensan que la Reserva Federal podría arreglar esta situación si no le preocupara tanto desencadenar una inflación. Quizás creen que los mercados libres tendrían la solución si nosotros realizáramos cortes fiscales más profundos y permanentes.

Si vemos suficiente televisión, escuchamos radio suficiente y leemos blogs y columnas, quizás pensaríamos que ellos, los malos, están obligando a la economía a sufrir sin necesidad cuando tenemos en nuestras manos una solución simple y sin dolor.

Pero si vemos las cosas de forma racional y no de forma política, podríamos darnos cuenta de que Washington tiene mucho menos poder sobre la economía, y tiene muy poco espacio para maniobrar, a diferencia de lo que mucha gente cree.

"En nuestro tipo de sociedad, es endémico que siempre pensemos que existe una persona con una varita mágica", dice el senador Judd Gregg, conservador fiscal que no compite por la reelección, así que él sí puede ser directo y franco. "Pero esta sociedad y esta economía son mucho más complejas para ser susceptibles a varitas mágicas".

Y el cielo sabe que podríamos emplear una solución tan maravillosa; aunque la Gran Recesión terminó hace 16 meses, según los árbitros del ciclo de negocios y la Oficina Nacional de Investigación Económica, eso sólo significa que la economía comenzó a crecer en junio de 2009. Eso no significa que la economía haya sanado, y definitivamente tampoco significa que las víctimas de la economía hayan sanado. Decenas de millones de personas siguen padeciendo las heridas económicas de las caídas del precio de sus viviendas y de sus cuentas de inversión.

Lo peor es que a pesar de un crecimiento modesto en la tasa de empleo, Estados Unidos aún tiene un déficit de casi 8 millones de empleos desde finales de 2007, cuando comenzó oficialmente la Gran Recesión.

Ahora, hablemos de los verdaderos problemas en la economía: ¿por qué se han resistido tanto a las curas tradicionales de tasas de interés más bajas y mayor gasto gubernamental? Cuando hablamos con ellos en foros privados, la gente que forma parte del espectro político y económico está de acuerdo en que no hay una cura mágica para los pesares de esta economía.

El hecho es que Estados Unidos sufrió un golpe financiero enorme, de decenas de billones de dólares, y pasarán años antes de que se recupere de nuevo. Esto no es nada nuevo en Washington, pero no es algo que a la gente en el poder le guste enfatizar.

Para el presidente Obama, quien realizó su campaña con la promesa de un cambio trasformativo, ha sido una noticia difícil de comunicar, como durante una sesión de un ayuntamiento en septiembre, en CNBC. La gente del público buscaba soluciones inmediatas a sus problemas, y Obama parecía estar luchando con la forma de dar respuesta.

Y es fácil ver por qué, sólo hace falta recordar lo que ocurrió con el último presidente que buscó la reelección en épocas económicas difíciles: George H.W. Bush, en 1992. Bush fue atacado por no haber hecho más para ayudar a la gente que perdió su empleo en la recesión que comenzó en 1990, y por no mostrar más empatía con el público. Después de perder contra Bill Clinton, Bush culpó al presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, por la derrota. (Si Greenspan hubiera bajado las tasas de interés, según lo que se cree, habría parecido que Bush sí estaba haciendo algo). Siete semanas después del día de la elección, los árbitros de la recesión anunciaron que la crisis había terminado realmente en marzo de 1991 (20 meses antes de las elecciones). Bush tenía razón al no haber presionado la aprobación de medidas extraordinarias, pero, ¿cómo decirle esto a los votantes?

Inicia el día bien informado
Recibe todas las mañanas las noticias más importantes para empezar tu día.

Si creen que Bush tenía problemas, imaginen con lo que está lidiando Obama. Los problemas económicos de hoy han probado ser muy resistentes a la cura tradicional de recorte de tasas que Bush quería que aplicara el ‘Maestro' Greenspan. Esto se debe a que la Gran Recesión, cuyas consecuencias estamos viviendo ahora, fue distinta a las diez recesiones previas a la Segunda Guerra Mundial.

Esas crisis fueron ocasionadas por el aumento de las tasas de interés a corto plazo para combatir la inflación, medidas tomadas por la Reserva Federal. Las recesiones ocasionadas por el aumento de tasas por parte de la Reserva Federal podrían arreglarse si la Reserva Federal bajara las tasas. Si las cosas lucieran particularmente inciertas, el Gobierno federal enviaría cheques a la gente para generar confianza e impulsar la actividad económica. 

Ahora ve
¿Roban animales de zoológico venezolano para comérselos?
No te pierdas
×